Policiales Por: Sergio Bustos30/03/2025

Corrientes: Un rayo mató a un peón rural y a su caballo

Matías Castro, de 25 años, falleció en plena tarea rural cuando un rayo lo alcanzó en medio de una tormenta. El hecho ocurrió en Paso Ledesma, Corrientes. Su caballo también murió en el acto.

Una nueva tragedia golpeó al mundo rural. Esta vez ocurrió en Corrientes. Un joven trabajador murió en plena faena. Lo alcanzó un rayo mientras recorría el campo a caballo. La descarga fue letal y no dejó margen.

El hecho se registró en la estancia La Mercedita. La propiedad está ubicada en Paso Ledesma. El lugar se encuentra a pocos kilómetros de Paso de los Libres. La zona atravesaba una fuerte tormenta eléctrica.

Matías Castro tenía 25 años. Era peón rural. Trabajaba desde hacía tiempo en la finca. Conocía cada rincón del campo. Amaba a su caballo. Salió a cumplir una orden bajo una tormenta intensa.

El rayo lo alcanzó cerca de las diez de la mañana. Estaba solo en ese momento. Su compañero había tomado otro sector. El impacto mató a Matías y al animal de inmediato.

La lluvia caía con fuerza. Los truenos retumbaban desde temprano. Aun así, la tarea no se suspendió. Desde la estancia se pidió que salieran a recorrer. Las condiciones climáticas no frenaron la actividad.

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El compañero regresó al ver que Matías no volvía. Lo encontró tendido junto al caballo. El cuerpo no presentaba movimiento. El animal tampoco. Ambos yacían sobre la tierra mojada.

Pidieron ayuda enseguida. Llamaron a la comisaría más cercana. También alertaron a los servicios médicos. Cuando llegaron, solo pudieron confirmar la muerte. Matías ya no respiraba. Todo había sido instantáneo.

La escena fue desgarradora. Los compañeros no salían del asombro. Nadie esperaba un final así. Menos en plena jornada laboral. El silencio del campo se volvió más profundo.

La Policía tomó intervención. También lo hizo el médico forense. Confirmaron muerte por descarga eléctrica. El rayo impactó directamente en el cuerpo. La energía atravesó el cuerpo de Matías y el de su caballo.

Las autoridades realizaron las pericias de rigor. Levantaron datos del lugar. Fotografías, huellas, marcas. Todo formará parte del expediente. El caso quedó registrado como muerte accidental por fenómeno climático.

En Paso de los Libres, la noticia corrió rápido. El joven era conocido en el ambiente rural. Muchos lo habían cruzado en ferias, campos o caminos. “Buen pibe, laburador, siempre a caballo”, dijeron los vecinos.

La familia recibió la noticia con dolor. Algunos viajaron de inmediato. Se acercaron a la estancia para reclamar explicaciones. Querían saber por qué lo enviaron al campo bajo tormenta.

Desde el entorno, surgieron críticas. Denunciaron presión sobre los peones. Afirmaron que no se respetan los protocolos climáticos. “A veces no importa el cielo. Hay que salir igual”, comentaron compañeros.

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Las tormentas eléctricas no son novedad en la región. Ocurren cada verano. Algunos campos no frenan la actividad. La producción sigue pese al riesgo. La vida del peón queda expuesta sin protección real.

El cuerpo fue trasladado a la morgue de Paso de los Libres. Luego se entregó a la familia. El sepelio se realizará en las próximas horas. Los amigos organizan una despedida en el pueblo.

Matías vivía en la zona. Tenía familia, amigos, vínculos. No era un forastero. Era parte de la comunidad. Su muerte conmocionó a todos los que lo conocían.

El caballo era parte de su vida diaria. Compartía jornadas, recorridos, descansos. Murieron juntos. Uno no se separó del otro. La escena quedó grabada en la memoria de los testigos.

En La Mercedita, el trabajo siguió. Algunos bajaron la cabeza. Otros miraron el cielo. Pero nadie detuvo la faena. “Así es el campo”, dijeron sin muchas palabras.

El caso reabrió el debate sobre seguridad laboral. Los riesgos climáticos no figuran en muchos planes. La protección del trabajador rural aún tiene deudas. Pocas veces se suspenden tareas por tormenta.

Organizaciones rurales expresaron su pesar. También reclamaron protocolos claros. La vida del peón no puede depender del azar. “La muerte de Matías no fue un castigo divino. Fue una negligencia”, apuntaron desde un gremio.

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Desde la Municipalidad no hubo declaraciones. Tampoco desde la estancia. Nadie asumió responsabilidades por lo ocurrido. El silencio institucional alimentó el malestar.

El Servicio Meteorológico había emitido alertas. Se preveían lluvias intensas. También tormentas eléctricas. Las señales estaban. Pero no fueron tomadas en cuenta.

El impacto de un rayo puede ser devastador. Libera una energía extrema. Quema, fractura, paraliza. El campo no ofrece refugio real. El riesgo es altísimo y constante.

Matías solo cumplía su labor. Obedecía una indicación. Salió bajo la lluvia con su caballo. No volvió. El trabajo terminó en tragedia.

En las redes, muchos expresaron tristeza. Otros reclamaron justicia. La figura del peón rural volvió al centro. La precariedad del campo quedó en evidencia una vez más.

El dolor de su familia se mezcla con la bronca. No encuentran consuelo. Tampoco respuestas. Solo quieren que no vuelva a pasar. “Matías no puede ser una estadística más”, dijeron.