

La trama que rodea a los ingresos comerciales de la Selección Argentina en el exterior sumó en las últimas horas un capítulo de alto voltaje judicial y deportivo. Distintos reportes periodísticos indicaron que una investigación detectó movimientos de dinero que no habrían retornado a la Argentina y que terminaron vinculados a compras y transferencias en el extranjero, con impacto directo en el fútbol y en el circuito de empresas radicadas en Estados Unidos.


El foco se posa sobre fondos generados por contratos comerciales y partidos fuera del país, una caja que suele moverse en moneda dura y con intermediaciones. En este caso, la hipótesis que se describe en las publicaciones sostiene que parte de esos ingresos se canalizó a través de una estructura empresarial en Miami y que luego se repartió entre transferencias hacia Europa, giros a sociedades y gastos personales de gran escala.
En el centro del señalamiento aparece Javier Faroni, mencionado como agente comercial de la AFA para el exterior, y una firma identificada como TourProdEnter LLC, radicada en Miami. Según los artículos, registros bancarios en Estados Unidos mostrarían que los dólares vinculados a acuerdos internacionales no ingresaron a la sede de la calle Viamonte, sino que siguieron otros destinos.
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Uno de esos destinos, siempre de acuerdo con la información difundida, se vincula con el Perugia Calcio. En los reportes se habla de transferencias por 5.774.259 dólares a una sociedad británica asociada al control del club y de un monto total aproximado de 6,2 millones de dólares si se suman giros a otras gestoras relacionadas con esa operatoria. La cuestión ya tuvo eco en Italia: se menciona que la federación local tomó medidas contra Faroni por irregularidades documentales ligadas a estas sociedades.
La investigación, en la lectura que hacen los artículos, no se limita a un presunto uso deportivo de fondos, sino que incluye consumos personales. Allí se describen 16,6 millones de dólares destinados a compras de aviones privados, yates, inmuebles de lujo y autos importados, a partir de gastos rastreados desde cuentas donde se habrían depositado ingresos vinculados a la Selección.
Además, se consignó que 42 millones de dólares se giraron a cuatro firmas en Miami que, según la investigación periodística, no tendrían empleados ni actividad comercial registrada. Esa línea agrega una dimensión clásica de este tipo de expedientes: la sospecha sobre sociedades utilizadas como “vehículos” para mover dinero sin una operatoria real que justifique el flujo.
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Otra derivación mencionada en los reportes involucra transferencias menores, pero sensibles por los nombres: la Justicia habría detectado movimientos por 500.000 dólares hacia sociedades vinculadas a Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, y otros 40.000 dólares destinados a su pareja, según la información publicada. Esos datos, de confirmarse en sede judicial, ampliarían el alcance del caso más allá de un intermediario o una empresa.
Mientras tanto, la AFA quedó expuesta a un frente doble: por un lado, la investigación sobre el circuito de fondos internacionales; por otro, el impacto reputacional de un relato que contrasta con comunicados institucionales que hablan de «revalorización de activos». La clave, en cualquier caso, pasa por lo que puedan respaldar los expedientes y la documentación bancaria, más que por el ruido político o mediático.
El cuadro deja una pregunta central para la gestión del fútbol argentino: cómo se auditan y controlan los ingresos generados fuera del país, quiénes los administran, bajo qué contratos y con qué trazabilidad. En el mundo de las selecciones, los acuerdos internacionales suelen moverse con intermediaciones y cuentas externas, pero la línea entre gestión comercial y desvío ilegal la define la evidencia y el control.
Por ahora, el caso se presenta en términos de investigación y presunciones, con nombres propios y montos que ya circulan en la agenda pública. El avance dependerá de peritajes, medidas judiciales y respuestas formales de los involucrados, en una historia que, por su naturaleza, suele crecer con cada documento que aparece.







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