El regreso humano a la luna será en 2026 y marcará un reordenamiento global del mapa espacial

Actualidad04/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Luna
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El año 2026 aparece en la agenda espacial como un punto de inflexión operativo, no por un solo acontecimiento, sino por la convergencia de misiones tripuladas, robóticas y científicas que vuelven a poner a la Luna en el centro del tablero. Tras décadas de pruebas y desarrollos parciales, el espacio profundo deja de ser un objetivo teórico para transformarse en un ámbito de actividad sostenida.

En ese contexto, Artemis II, el programa de la NASA, representa mucho más que un vuelo con astronautas. Será el primer viaje tripulado más allá de la órbita terrestre baja en más de 50 años, una experiencia que pondrá a prueba sistemas, personas y protocolos lejos de la protección inmediata de la Tierra. La misión no contempla alunizaje, pero sí una travesía alrededor de la cara oculta del satélite natural.


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La tripulación integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen despegará desde el Centro Espacial Kennedy, a bordo de la cápsula Orión, impulsada por el Space Launch System (SLS). Durante unos diez días, el foco estará en verificar comunicaciones, navegación, soporte vital y capacidad de respuesta ante imprevistos, en un entorno donde la ayuda externa no llega de inmediato.

Más allá de lo técnico, Artemis II también evalúa la convivencia en espacios reducidos bajo presión constante, un aspecto que resulta determinante para futuras estancias prolongadas. La misión expone a la tripulación a radiación solar y cósmica, obligando a aplicar protocolos específicos de protección, una dimensión que condiciona cualquier plan de exploración más ambicioso.


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Este ensayo humano se complementa con una infraestructura en expansión. Artemis III proyecta una llegada tripulada a la región del Polo Sur lunar, mientras que Artemis IV prevé sumar módulos orbitales y logística más autónoma. El objetivo no es simbólico: se busca permanencia operativa y capacidad de sostener actividades científicas en ciclos largos.

En ese esquema, SpaceX ocupa un rol central. La empresa de Elon Musk desarrolla una versión avanzada de Starship, pensada tanto para reabastecimiento en órbita como para actuar como módulo de descenso lunar. Esta arquitectura introduce un cambio sustancial: misiones más pesadas, con mayor carga útil y menos dependencia de módulos tradicionales.


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El alcance del proyecto privado va más allá de la Luna. Hacia fines de 2026, una Starship no tripulada podría viajar a Marte, siempre que las pruebas de reabastecimiento y despegue liviano resulten exitosas. Se trata de un plan condicionado, pero que revela hasta qué punto el espacio profundo empieza a integrarse a agendas concretas.

Mientras tanto, la superficie lunar se llena de robots. La NASA profundiza su esquema de contratos con empresas privadas como Firefly Aerospace, Intuitive Machines, Blue Origin y Astrobotic, con el objetivo de multiplicar alunizajes científicos. En 2025 hubo resultados dispares, y 2026 apunta a mejorar confiabilidad y continuidad en ese modelo comercial.

La Estación Espacial Internacional mantiene su vigencia como laboratorio orbital. Durante 2026 recibirá nuevas tripulaciones a bordo de Crew Dragon, con estadías de seis meses enfocadas en experimentos biomédicos, mantenimiento y pruebas clave para viajes de larga duración. En paralelo, Boeing realizará un nuevo vuelo no tripulado de Starliner, paso necesario para validar el sistema tras dificultades técnicas previas.


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El escenario es claramente global. China avanza con Chang’e-7, una misión compleja al Polo Sur lunar que combina orbitador, módulo de aterrizaje, rover y un vehículo tipo dron. El objetivo es detectar hielo de agua y caracterizar un entorno extremo, un paso previo a futuras bases. La competencia por esa región lunar ya no es hipotética.

Japón, por su parte, prepara Martian Moons eXploration (MMX), una misión destinada a recolectar muestras de Fobos, una de las lunas de Marte. Resolver su origen permitirá comprender procesos clave del sistema marciano y sumar información estratégica para futuras exploraciones.


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La Agencia Espacial Europea completa este mapa con PLATO, un observatorio diseñado para detectar exoplanetas potencialmente habitables. A través del monitoreo de más de 200.000 estrellas, la misión busca identificar mundos con condiciones comparables a la Tierra y reconstruir la historia de sus sistemas estelares.

Fuente: Clarín, X, Nasa, Cnn, DW

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