Río Negro suma datos para cuidar a los lobos marinos y ajustar el manejo en dos áreas

Actualidad05/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
Lobos Marinos
Lobos Marinos.

Contar animales no es un trámite administrativo: en conservación, los números marcan el punto de partida para actuar con criterio. Por eso Río Negro concretó una campaña de censos de lobo marino de un pelo (otaria flavescens) en dos áreas naturales protegidas de la costa atlántica, con la mira puesta en sostener un seguimiento en el tiempo y reforzar medidas de cuidado.

El relevamiento se realizó en Punta Bermeja y en el área Caleta de los Loros–Pozo Salado–Punta Mejillón, ubicadas entre 60 y 130 kilómetros de Viedma. En esos sectores, la presencia de apostaderos vuelve necesario un registro sistemático que permita comparar temporada a temporada, sin depender de observaciones aisladas.

La provincia remarcó que se trató de la primera campaña de censos de esta especie en esas dos áreas protegidas. Ese dato no es menor: cuando una línea de base falta, resulta difícil detectar si una colonia crece, se retrae o se desplaza, y también se vuelve más complejo definir prioridades de manejo dentro de espacios que buscan compatibilizar conservación y uso responsable del territorio.


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Los trabajos estuvieron a cargo de un equipo de investigadores especializados, con acompañamiento de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático. El operativo apuntó a establecer el número total de individuos, precisar la localización de las colonias y reunir información inicial para un monitoreo a largo plazo que permita entender la evolución de la especie en la costa rionegrina.

El lobo marino de un pelo se considera una especie emblemática de la fauna marina patagónica y cumple un rol relevante en el equilibrio de los ecosistemas costeros. Por eso, conocer cómo se distribuye y qué dinámica presenta la población funciona como termómetro ambiental: cambios en los apostaderos o en la cantidad de ejemplares pueden anticipar problemas que no siempre se ven a simple vista.

Con los datos del censo, la gestión ambiental busca evaluar la dinámica poblacional, detectar posibles cambios en la distribución de los apostaderos y, a partir de esa información, ajustar medidas de manejo dentro de las áreas protegidas. La lógica es preventiva: primero se mide, después se interpreta y recién ahí se decide, para evitar intervenciones sin sustento.


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Desde la Secretaría explicaron que este tipo de estudios fortalece la gestión y la toma de decisiones con respaldo científico. En palabras del organismo, “fortalecen la gestión ambiental y la toma de decisiones basadas en evidencia científica”, con impacto directo en la protección de la biodiversidad y en el uso responsable del territorio costero.

La continuidad también forma parte del esquema. Las campañas se repetirán durante marzo, cuando se contará con resultados definitivos que se usarán como insumo técnico para profundizar estrategias de conservación y cuidado de fauna marina en la provincia.

Con esta primera medición, Río Negro suma un punto de partida para mirar la costa con más precisión. La expectativa es que el monitoreo sostenga una serie de datos comparable en el tiempo y permita reaccionar ante variaciones antes de que se transformen en un problema mayor para las colonias y el ecosistema que integran.

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