
Acusan a tenista por apuestas ilegales: miró el celular y no hizo ni un punto más
Deporte07/02/2026
REDACCIÓN
En Montpellier, Ugo Humbert miró el teléfono cuando ganaba 4-3 el desempate del tercer set y después no sumó más. Mannarino levantó match points y lo dio vuelta.


El tenis suele venderse como un deporte de rutina y cabeza fría, pero a veces un gesto mínimo cambia todo el clima de una cancha. En el ATP 250 de Montpellier, un episodio en apariencia simple —un jugador que se acerca a su silla para mirar el celular— abrió una secuencia difícil de explicar desde lo estrictamente deportivo. Lo que siguió terminó con un partido dado vuelta, un video viral y una ola de comentarios que apuntaron a las apuestas.
El protagonista involuntario del momento fue el francés Ugo Humbert (38°), que enfrentó a su compatriota Adrian Mannarino (70°) en octavos de final. El desarrollo del encuentro venía con vaivenes normales: Humbert ganó el primer set 7-6, perdió el segundo 3-6 y el tercero llegó parejo hasta el desempate. En ese tie-break, el más joven llegó a ponerse 4-3 arriba, con la sensación de tener el control.
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Ahí apareció la escena que encendió todo. Humbert se acercó a su silla, revisó el teléfono, pidió disculpas y volvió a la cancha, según el relato del episodio. El dato no sería más que una anécdota si no fuera por lo que pasó a continuación: no volvió a ganar un solo punto desde ese instante. En el tramo final, el partido se le escapó completo y el contraste alimentó las interpretaciones.
La rareza del giro tuvo un segundo componente que potenció el impacto: la remontada de Mannarino no llegó por un pequeño ajuste, sino por una racha total en el momento más caliente. Con 37 años, el ganador mostró oficio, salvó tres match points y terminó dando vuelta el tie-break en la zona donde el margen de error es mínimo. Para el público, la suma de “celular + derrumbe sin puntos” armó un combo irresistible para las redes.
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La reacción digital apareció casi de inmediato, con bromas y también con enojos que apuntaron a la integridad del deporte. Entre los comentarios que circularon en X se leyeron frases como "Le escribió la tóxica" y "Debería estar prohibido mirar el móvil en pleno partido", mezclando humor con crítica al gesto en sí. Pero la discusión se corrió rápido hacia un terreno más áspero cuando otros posteos lo vincularon con el negocio de las apuestas.
En esa línea, algunos usuarios escribieron "Se llaman apuestas y está acabando con el deporte" y también "Un deporte tan hermoso como es el tenis y que se ensucie por estás tonterías es lamentable". La suma de sospecha y enojo no prueba nada por sí sola, pero muestra el nivel de sensibilidad que genera cualquier señal extraña en el circuito profesional. En un deporte donde el detalle mental pesa tanto, cualquier escena fuera de guion queda bajo lupa pública en segundos.
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Mientras el foco quedaba en Humbert y su celular, el torneo seguía su marcha para el ganador del día. Mannarino avanzó a cuartos de final, una instancia a la que no llegaba desde septiembre, cuando alcanzó los octavos en Pekín. En Montpellier, el triunfo no solo le dio un resultado, también lo dejó como el nombre que sobrevivió a un partido marcado por la polémica.
El cuadro lo cruzó luego con otro francés, Arthur Géa, en busca de meterse entre los mejores cuatro. Esa continuidad competitiva convive con el ruido del episodio, que ya quedó instalado como referencia del torneo. En tiempos donde cada secuencia se recorta y se comparte en segundos, el partido no se recuerda por el tenis, sino por el minuto en que la atención se corrió a una pantalla.
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El ATP 250 de Montpellier se disputa desde 2010 y reparte 612 mil euros en premios. Desde 2012 se juega bajo techo en el Sud de France Arena, con capacidad para 14 mil espectadores, una puesta que busca mostrar al certamen como una estación fuerte del calendario indoor europeo. En sus primeros diez años, el torneo tuvo ocho campeones franceses, con nombres pesados como Gael Monfils y Richard Gasquet.
En el medio de esa historia, el partido Humbert-Mannarino sumó un capítulo extraño que dejó más preguntas que respuestas. El gesto del celular, el pedido de disculpas y la racha de puntos perdidos armaron un relato que viajó solo por redes, sin necesidad de explicación oficial. Y aunque el tenis siga al día siguiente como siempre, el episodio deja flotando una incomodidad: cuando una acción mínima cambia todo, el público ya no mira solo el marcador.
















