
El campeón volvió a #LA17 y contó qué cambió en su rutina desde el título en Brasil
Deporte20/02/2026
REDACCIÓNMaxi Carvajal pasó por el estudio y habló del detrás de escena: credenciales, presión, disciplina y el plan de 2027 en Brasil, donde buscará sostener el logro.

Maxi Carvajal se sentó en el estudio de #LA17 con la medalla todavía cerca, pero con otra intención: no repetir el anuncio del título, sino explicar qué hay detrás de un resultado que, en artes marciales, se sostiene con decisiones incómodas. El campeón mundial de jiu-jitsu, que ganó en San Pablo, eligió hablar del entrenamiento, del costo personal y de la presión real que se siente cuando el escenario es Brasil, la “meca” de la disciplina y el lugar donde, como dijo, “son los dueños de la pelota”.
El deportista remarcó que, para él, el logro no se agota en subir al podio, porque en la práctica cambia la manera en que se vive el día después. Explicó que se sintió “muy orgulloso” por representar a Argentina, a Chubut y a Puerto Madryn, y que la dimensión simbólica se amplifica cuando la consagración llega en un país donde el jiu-jitsu tiene historia, identidad y público masivo.


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En su relato, el camino hasta ese Mundial no se reduce a una inscripción y un viaje. Carvajal detalló que el certamen funciona como un open, pero que exige “presentación de credenciales” y que, según el historial competitivo, la organización decide desde qué instancia arranca cada luchador. En su caso, las conquistas previas le permitieron ingresar desde octavos de final: “Salí campeón sudamericano en Buenos Aires en 2023, fui campeón argentino en 2024”, sostuvo, al explicar por qué no lo enviaron a una llave extensa.
El punto que más expuso la tensión de la competencia apareció cuando habló de los rivales y del contexto mental. Contó que disputó tres luchas y que en Brasil le tocaron “tres brasileños”, con todo lo que implica pelear en su casa. Dijo que la primera fue la más dura por “la tensión” y el “nerviosismo”, y agregó un detalle que, en el alto rendimiento, suele pesar más que el rival: la idea de estar representando “todo” y saber que muchos estaban mirando.
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El campeón explicó que las peleas se transmitieron por YouTube y que, ya con el torneo en marcha, se enteró de que en la academia se habían juntado alumnos y compañeros para verlo. Lo describió como una presión extra que altera la cabeza incluso cuando el primer cruce no parece el más complejo. En esa escena, el resultado se decide tanto por técnica como por control emocional.
En la semifinal, Carvajal enfrentó al campeón de la categoría del año anterior y lo interpretó como un umbral psicológico. “Una vez que pasé esa dije, bueno, no está tan complicado ser campeón”, señaló, con una sinceridad que no minimiza la dificultad, pero muestra cómo se reorganiza la confianza cuando se supera al nombre más pesado. Aun así, aclaró que la final le exigió una lectura táctica inmediata.
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En esa definición, le tocó un rival con base fuerte en judo, “segundo grado”, y decidió cambiar la estrategia de entrada. “Tuve que ir al piso enseguida porque sé que si no me iba a derribar”, explicó, y aprovechó para traducir técnicamente la diferencia: el judo aporta derribos y el jiu-jitsu se fortalece en el trabajo de suelo. Su decisión, dijo, fue evitar el terreno del rival y forzar la pelea donde él se siente más sólido.
Durante la charla también contextualizó por qué la modalidad que compitió convocó tanta gente. Señaló que el jiu-jitsu tiene variantes y que él participó en Nogi, la versión “sin kimono”, con ropa ajustada para evitar agarres peligrosos. En su explicación, esa modalidad se percibe “más real” y por eso atrae público: contó que el gimnasio Ibirapuera estuvo lleno y que hubo “más de 7000 personas” presenciando las luchas.
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Carvajal sumó otra idea que atraviesa a quienes entrenan artes marciales en serio: el sentido de practicar no es buscar pelea. “Nosotros recomendamos simplemente no pelear en la calle”, dijo, y afirmó que quienes entrenan lo hacen “para evitar esa situación”. El planteo no fue una frase decorativa: lo conectó con la disciplina cotidiana y con la conducta que exige sostener un proceso largo.
Cuando le preguntaron por el futuro, respondió sin vueltas y con un matiz que vale más que cualquier slogan: “Lo difícil no es llegar sino mantenerse”. Con esa frase, anticipó que quiere volver en 2027 para defender el título, otra vez en Brasil, con sede a definir entre San Pablo y Río. No habló de revancha ni de épica; habló de continuidad, que en su deporte es el verdadero examen.
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En ese marco, detalló la rutina de preparación y el trabajo físico. Contó que, para el torneo, entrenó de lunes a sábado y descansó solo los domingos, y que además da clases martes y jueves en la academia como parte de Madryn Jiu Jitsu, equipo que conduce Sebastián Torres como head coach. Explicó que la preparación incluye alimentación y aspectos que no se ven cuando la pelea dura minutos, pero se construye durante meses.
Finalmente, cuando intentó explicar por qué llegó, eligió valores antes que talento. Habló de “constancia”, “perseverancia”, “disciplina” y de pagar un precio: dejar planes, postergar salidas, sostener un método. Y cuando le propusieron dedicar el logro, evitó personalizar demasiado para “no olvidarse de nadie”, pero mencionó a su familia, a sus alumnos, compañeros, amigos y a Torres por darle la oportunidad de enseñar, algo que, según él, también lo hizo subir de nivel.

















