El kayak vuelve a Los Alerces con una travesía que cambia de color a cada remada

Turismo03/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Lago Verde, río Arrayanes y Futalaufquen se unen en una salida guiada que mezcla naturaleza, historia y sabores regionales. No exige experiencia previa ni saber nadar.

Kayaks en la cordillera
Kayaks en la cordillera

En el Parque Nacional Los Alerces, el agua funciona como un hilo conductor que ordena el recorrido sin apurarlo. La propuesta de kayak arranca en Lago Verde, sigue por el río Arrayanes y termina en la amplitud del Lago Futalaufquen, con un trayecto pensado para disfrutar más que para exigirse. La clave está en la disposición a mirar, escuchar y dejar que el paisaje haga el resto, incluso para quienes nunca agarraron un remo.

El primer dato que rompe prejuicios aparece antes de entrar al agua: no hace falta saber nadar ni tener experiencia previa en kayak. La salida se plantea como una excursión accesible, con movilidad básica como único requisito, y sin límite de edad. El viaje se apoya en el acompañamiento de guías y en un ritmo de navegación que prioriza la contemplación y las paradas.


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El texto de referencia también plantea un contraste que atraviesa a Los Alerces desde los incendios: parte del bosque cambió, pero el lugar no perdió su magnetismo. En palabras del guía Martín Capllonch, “El agua sigue fluyendo, las montañas están firmes; el bosque cambió, pero el espíritu y la magia del Parque siguen en pie”. Esa idea aparece como una invitación a mirar el entorno con sinceridad, sin negar lo que pasó y sin reducir la experiencia a una postal.

El punto de partida se ubica en el camping agreste de Lago Verde, dentro de un parque que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad. Son 260.000 hectáreas de biodiversidad, alerces milenarios y aguas transparentes, con un entramado de lagos y ríos que conectan cuencas y relatos. En ese marco, Lago Verde se presenta como una “joya” por su color característico y por su rol de puerta de entrada a la travesía.


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Lago Verde también suma un detalle técnico que llama la atención cuando se lo mira más allá del nombre: es el lago más pequeño de la cuenca hídrica Futaleufú–Yelcho y puede alcanzar 80 metros de profundidad. Ese dato convive con una percepción más sensorial, porque su tonalidad se ve de orilla a orilla y marca el tono del comienzo. Desde allí, la excursión se encadena con el río Arrayanes y, más adelante, con la inmensidad del Futalaufquen.

En el recorrido aparecen historias de pobladores que viven dentro del parque y que forman parte del mapa humano de la zona. La travesía bordea la costa hasta la población Coronado, una familia que habita Los Alerces desde hace cinco generaciones, y llega a la desembocadura del río Rivadavia, descrita como una corriente leve que invita a frenar. Esa parte del camino no busca sumar kilómetros, sino sumar capas: paisaje, memoria y ritmo.


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Los murallones frente al lago aportan escala y obligan a levantar la vista, como si el relieve se metiera en la conversación. Cerca de allí, la pasarela del río Arrayanes marca el ingreso a otra etapa del trayecto, con vegetación que sobresale y nombres propios del lugar, como la población Mermoud. El paseo, sin decirlo, trabaja con esa sensación de transición: cada tramo cambia el color del agua y la forma de mirar.

Cuando el kayak entra al río Arrayanes, el texto lo describe como uno de los ríos más hermosos de la Patagonia, con aguas turquesa y una calma que sostiene la navegación. Martín Capllonch agrega una broma que pinta el clima del grupo sin romper la armonía del lugar: “¿No se sienten aventureros navegando por el medio del río Amazonas?”. La frase funciona como guiño, pero también refuerza la idea de estar en un rincón que sorprende incluso a quienes recorrieron otros ríos del mundo.

Kayaks en Chubut
Kayaks en Chubut

La experiencia suma un componente de observación de fauna que aparece casi sin anunciarse, como parte natural del paisaje. Cauquenes, hualas y biguás pueden cruzarse en el trayecto, y alguna trucha deja ver su lomo bajo el agua transparente. En ese punto, el río se vuelve pausa y no solo camino, porque habilita detenerse, recuperar energía y mirar sin la presión de “llegar”.

Esa pausa también se vuelve sabor, con una degustación que transforma lo simple en memorable. El texto menciona dulce casero, mate y la esponjosidad de un scon galés, como parte de un alto en la orilla del Arrayanes. La excursión incluye productos regionales y almuerzo, lo que termina de ubicarla en el terreno de una salida completa y no de una actividad aislada.


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El tramo final abre el paisaje hacia el Lago Futalaufquen, donde la amplitud cambia la sensación de navegación y suma una estética más “patagónica” en su versión clásica. La travesía total menciona cinco kilómetros y culmina en el muelle de la hostería Cumehue, con una llegada que el texto describe como difícil de olvidar. Más adelante aparece la frase de Juan Capllonch, otra voz de guía que suma un cierre emocional sin grandilocuencia: “Lugares así ya no quedan”.

La jornada se completa con un cierre en los Eco Domos de Lago Verde, pensado para reconfortar y cerrar la salida con una sorpresa ligada a los sentidos. Entre las recomendaciones, la fuente insiste en lo práctico: ropa cómoda que pueda mojarse, protector solar, lentes, gorra, reserva anticipada y chequeo del pronóstico. Para consultas, se incluye el contacto de la Subsecretaría de Turismo: +54 2945 529616, como canal directo de información.

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