
Larijani empieza a ordenar el poder en un Irán descabezado: quién es, amenazas a Rafael Grossi y negociaciones
Actualidad04/03/2026
REDACCIÓNCon la cúpula iraní golpeada, el jefe del Consejo de Seguridad gana peso como operador interno y negociador externo, mientras Teherán habla de “guerra larga” y sube el tono.

En el medio del sacudón que dejó el asesinato del Guía Supremo Ali Khamenei y otros altos cargos, un nombre empezó a repetirse dentro y fuera de Irán: Ali Larijani. No aparece como figura decorativa ni como portavoz ocasional, sino como un dirigente que acumula resortes del poder real en un momento donde cada decisión puede redefinir el tablero. Su cargo actual, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, lo coloca en el corazón de la crisis.
En las últimas semanas, según el texto de referencia, Khamenei le encargó a Larijani la gestión de las negociaciones con Estados Unidos, incluso por encima del presidente Masoud Pezeskhian. Ese dato marca una jerarquía práctica dentro del régimen y explica por qué su voz quedó asociada a las definiciones más sensibles. En ese rol, Larijani desestimó la idea de un acuerdo “bajo las bombas” y lanzó un mensaje hacia Washington.


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Esa línea quedó sintetizada en una frase que funcionó como advertencia y señal interna: “A diferencia de Estados Unidos, Irán se ha preparado para una larga guerra”. La afirmación no solo apuntó al frente externo, también buscó ordenar expectativas puertas adentro, en un contexto de incertidumbre institucional. El peso de quien lo dice, y el lugar desde donde lo dice, suma lectura política.
En el mismo registro duro, Larijani apareció ligado a una amenaza directa contra el titular del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi, durante la guerra de los 12 días mencionada en la fuente. La frase, textual, elevó el conflicto al plano diplomático y personal. “Una vez que termine la guerra, nos ocuparemos de Grossi”, sentenció.
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Aunque no integra el triunvirato que asumió de forma interina funciones del liderazgo, su figura se vio “aún más realzada”, según especialistas citados en el material base. La razón no pasa solo por su currículum, sino por su capacidad de moverse entre estamentos que en Irán concentran poder y fuerza material. En tiempos de recambio forzado, esa red pesa tanto como un cargo formal.
La fuente remarca que pocas personas reúnen la confianza de actores tan distintos como la Guardia Revolucionaria, el Parlamento, el Ejército o el círculo de ayatollahs influyentes. Esa transversalidad lo proyecta como articulador en una etapa donde el régimen necesita evitar fisuras, administrar tensiones y sostener una cadena de mando operativa. En paralelo, su experiencia internacional lo deja bien posicionado para un eventual reordenamiento de contactos con Occidente.
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El artículo también repasa un recorrido personal con marcas de origen y formación que suelen valorarse dentro del establishment iraní. Larijani nació en 1958 en Najaf, en el sur de Irak, donde su padre, un clérigo chiita, vivía exiliado por su oposición al sha. Ya de regreso en Irán, cursó estudios universitarios de Matemáticas e Informática y completó un doctorado en Filosofía en la Universidad de Teherán, con una tesis sobre Immanuel Kant.
Tras la Revolución Islámica y la guerra Irak-Irán, integró la Guardia Revolucionaria y llegó a ser comandante adjunto, según el texto provisto. En los años 90 arrancó una trayectoria política que lo llevó por áreas clave del sistema, con un paso determinante por la radiotelevisión estatal. En 1994 asumió la dirección de ese organismo, una plataforma central para la propaganda ideológica del régimen.
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La acumulación de cargos no se detuvo ahí y lo empujó hacia espacios directamente vinculados con la seguridad y el programa nuclear. Luego de una década en la radiotelevisión, Khamenei lo ubicó al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, desde donde Irán negoció con Occidente sobre el dossier atómico. Esa experiencia explica por qué su nombre vuelve cada vez que el régimen necesita un operador con lenguaje interno y externo a la vez.
En el terreno electoral, su carrera muestra también límites y resistencias dentro del propio sistema. En 2005 se presentó a elecciones presidenciales y obtuvo un 6% de los votos, un resultado que contrastó con su peso institucional. Más adelante, en 2021 y 2024, el Consejo de los Guardianes lo declaró no apto para competir, un filtro que en Irán define quiénes pueden aspirar a la presidencia.
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Tras la guerra contra Israel y Estados Unidos del pasado junio citada en la fuente, Khamenei volvió a recurrir a él y lo repuso al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Con ese regreso, algunos analistas se preguntan si Larijani podría cumplir un rol de negociador que combine concesiones difíciles con supervivencia del régimen, aunque el texto plantea una condición decisiva: que Teherán ceda y que Washington y Tel Aviv no lo pongan “en la mira”. Por ahora, lo verificable es su centralidad creciente y el modo en que sus frases públicas buscan ordenar el conflicto hacia afuera y disciplinar el frente interno.
Fuente: LA NACION.

















