
Los centros de datos ya consumen más electricidad que países enteros
Actualidad09/03/2026
Sergio BustosLa expansión de la inteligencia artificial está generando un efecto que ya se siente fuera del mundo digital. Detrás de cada chatbot, generador de imágenes o motor de búsqueda hay una infraestructura gigantesca que consume electricidad, agua y minerales a una escala que empieza a competir con la de países completos.

Los centros de datos, el corazón físico de la inteligencia artificial, ya representan alrededor del 1,5% del suministro eléctrico mundial. Ese volumen de energía equivale al consumo total del Reino Unido, supera al de Francia y se acerca al de Alemania. El fenómeno refleja cómo una tecnología que suele percibirse como intangible depende en realidad de redes eléctricas, servidores y sistemas de refrigeración que funcionan las 24 horas.
El investigador del Fondo Monetario Internacional Thijs Van de Graaf sintetizó el fenómeno con una frase que se repite cada vez con más frecuencia en el sector energético: “La IA está devorando la electricidad”. El entrenamiento de modelos avanzados puede demandar tanta energía como la que utilizan decenas de miles de hogares durante un año, y el funcionamiento global de estas plataformas multiplica ese consumo.


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La presión no se distribuye de manera uniforme. En varios países desarrollados la infraestructura digital empieza a marcar el ritmo del crecimiento eléctrico. Las proyecciones indican que en Estados Unidos y Japón los centros de datos podrían explicar casi la mitad de la nueva demanda energética hacia 2030, un dato que obliga a replantear la planificación de redes y generación.
Algunos territorios ya experimentan ese impacto. Irlanda se convirtió en uno de los casos más visibles, donde estas instalaciones absorben más del 20% de la electricidad nacional. En el norte del estado de Virginia, el mayor polo mundial de centros de datos, las instalaciones digitales consumen cerca del 25% de la energía estatal, una situación que obligó incluso a suspender nuevas conexiones para otros usuarios.
La expansión de estas infraestructuras también abre conflictos por recursos que suelen quedar fuera de la conversación tecnológica. El agua es uno de los más sensibles, ya que los sistemas de refrigeración de servidores requieren millones de litros diarios para mantener la temperatura operativa. En Estados Unidos, dos tercios de los centros de datos construidos desde 2022 se ubican en regiones que ya enfrentan estrés hídrico.
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Van de Graaf advierte que esa dimensión física suele pasar desapercibida. En su análisis señala: “Detrás de cada chatbot o generador de imágenes se esconden servidores que utilizan electricidad, sistemas de refrigeración que consumen agua, chips que dependen de frágiles cadenas de suministro y minerales extraídos de la tierra”. Esa cadena conecta directamente la economía digital con la minería y la logística global.
El impacto llega también a la extracción de materias primas. Un complejo de centros de datos de gran escala puede requerir una cantidad de cobre similar a la producción anual de una mina mediana. Las estimaciones para 2030 indican que estas instalaciones consumirán 500.000 toneladas de cobre por año, 75.000 toneladas de silicio y más del 10% de la demanda mundial de galio, materiales esenciales para chips y circuitos.
Ese escenario ya influye en la geopolítica tecnológica. La producción de semiconductores avanzados está concentrada principalmente en Taiwán, mientras China controla entre el 80% y el 90% del refinado mundial de minerales críticos como silicio, galio y tierras raras. Las restricciones comerciales y la búsqueda de nuevas fuentes en África y América Latina reflejan que la carrera por la inteligencia artificial también es una disputa por recursos estratégicos.
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La industria tecnológica empieza a reaccionar frente a esa presión energética. Empresas como Microsoft, Amazon y Google se convirtieron en algunos de los mayores compradores de energía renovable del mundo y analizan alternativas que van desde geotermia avanzada hasta pequeños reactores nucleares modulares. El objetivo es sostener el crecimiento de los centros de datos sin saturar las redes existentes.
Aun así, la ecuación no resulta simple. Aunque la inteligencia artificial puede mejorar la eficiencia energética en muchos sectores —optimizando redes, transporte o sistemas industriales— su propia expansión exige cantidades crecientes de recursos. El mundo digital, cada vez más presente en la vida cotidiana, depende en última instancia de infraestructura física, energía y materiales que siguen siendo finitos.















