
El regreso de Nadia Podoroska no se mide en sets ni en resultados. Después de más de un año fuera del circuito, la tenista argentina volvió a pisar una cancha con algo más profundo en juego: la posibilidad de competir otra vez.



A los 29 años, y tras 14 meses atravesados por lesiones, la rosarina reapareció en el W35 de Junín con una invitación que marcó el inicio de una nueva etapa. Sin ranking protegido y lejos de su mejor posición histórica, aceptó el desafío de empezar desde abajo.
Ese primer paso tuvo un valor inmediato. Podoroska ganó en su debut ante Lourdes Ayala, mostrando señales de competitividad en un contexto adverso. El triunfo no solo cortó la inactividad, sino que también confirmó que estaba en condiciones de sostener un partido oficial.
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La exigencia subió en la segunda ronda, donde enfrentó a la mexicana Victoria Rodríguez. El encuentro fue extenso, cambiante y exigente desde lo físico. Aunque logró igualar el marcador tras quedarse con el segundo set, no pudo sostener la regularidad en los momentos decisivos.
Más allá de la derrota, el foco estuvo en otro lado. El regreso en sí mismo fue el dato central, luego de una etapa marcada por una lesión en la cadera que derivó en otra en el hombro derecho y la alejó del circuito desde comienzos del año pasado.
Podoroska supo lo que es competir en la élite. Alcanzó el puesto 36 del ranking mundial y protagonizó una histórica semifinal en Roland Garros, logros que la posicionaron como una de las referencias del tenis argentino en los últimos años.
El parate obligó a un proceso largo y complejo. Durante ese tiempo, se mantuvo vinculada al deporte desde otros espacios, participó en actividades fuera de la cancha y compartió avances de su recuperación. Sin embargo, la incertidumbre siempre estuvo presente.
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En ese contexto, eligió transmitir un mensaje claro al volver a competir. “Lo importante es que arrancamos”, escribió tras su participación, en una frase que sintetiza el sentido de este regreso más allá del resultado.
También dejó en claro que el objetivo sigue vigente. “El sueño se queda de pie”, afirmó, al tiempo que agradeció la oportunidad de jugar el torneo pese a no contar con ranking. La posibilidad de volver a entrar a una cancha fue, en sí misma, una conquista.
El camino que viene no será sencillo. Sin una planificación definida y dependiendo de invitaciones para ingresar a los cuadros principales, Podoroska deberá reconstruir su lugar en el circuito. Pero después de 14 meses, el paso más difícil ya quedó atrás: volver a competir.













