
Por qué los adolescentes llegan agotados a clase y el celular aparece en el centro
Actualidad05/04/2026
Sergio BustosEl cansancio en las aulas dejó de ser una excepción para convertirse en una escena habitual. Cada vez más adolescentes llegan a clase con signos de fatiga, dificultades para concentrarse y menor capacidad de sostener la atención. Detrás de ese cuadro, distintas investigaciones empiezan a señalar un factor común: el uso constante del celular.

Durante la jornada escolar, los teléfonos inteligentes acompañan a los estudiantes en casi todo momento. No se trata solo de pausas breves, sino de una presencia permanente que interrumpe tareas, fragmenta la atención y modifica la forma en que los jóvenes se vinculan con el aprendizaje.
Los estudios realizados en universidades de Estados Unidos detectaron que los alumnos pueden destinar hasta un tercio del horario escolar a interactuar con el móvil. La mayor parte de ese tiempo se concentra en redes sociales, mensajería y consumo de videos breves.


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Kaitlyn Burnell, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, explicó que el nivel de uso sorprendió incluso a los propios especialistas. El seguimiento permitió comprobar que el teléfono aparece en cada tramo del día, sin momentos claros de desconexión.
Esa dinámica tiene consecuencias inmediatas en la capacidad de concentración. Las interrupciones constantes dificultan sostener el foco en tareas complejas y obligan a los estudiantes a recomenzar una y otra vez lo que estaban haciendo, con un desgaste mental acumulativo.
“Los teléfonos inteligentes acompañan durante todas las horas escolares. El uso frecuente puede perjudicar las habilidades que requieren los alumnos para tener éxito académico”, advirtió Eva Telzer, profesora de psicología y neurociencia, en declaraciones citadas por Phys.org.
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El uso intensivo del celular también aparece vinculado a la necesidad de evasión. Muchos estudiantes recurren al contenido digital para desconectarse de tensiones cotidianas o para sostener vínculos sociales en tiempo real, lo que refuerza un hábito difícil de interrumpir.
Según Yunwen Wang, investigadora de la Universidad de Kansas, “los estudiantes que revisan más el móvil manifiestan menor autocontrol y mayor tendencia a procrastinar digitalmente”. Esa conducta no solo afecta la organización del tiempo, sino que impacta en la forma en que se enfrentan las responsabilidades escolares.
El problema no termina cuando suena el timbre de salida. El uso prolongado del celular también altera el descanso nocturno. La exposición a videos cortos y redes sociales se asocia con una peor calidad del sueño, dificultades para conciliar el descanso y mayor nivel de estrés.
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“Los estudiantes con menor autocontrol y uso habitual de videos cortos informan más estrés y peor sueño”, señaló Wang, al analizar los resultados del estudio. Ese círculo de uso nocturno y cansancio diurno termina retroalimentando el agotamiento.
Aunque los investigadores no detectaron una caída directa en las calificaciones en ciertos grupos universitarios, sí advirtieron sobre un riesgo más profundo. El impacto aparece en la salud mental, el autocontrol y la estabilidad emocional, aspectos que no siempre se reflejan de inmediato en los resultados académicos.
En ese contexto, el desafío no pasa solo por limitar el uso del celular, sino por entender cómo influye en la rutina diaria. La combinación de distracción constante, descanso insuficiente y sobreexposición digital empieza a redefinir la experiencia escolar de toda una generación.






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