
Un juez quedó al borde del jury mientras el Consejo movió 51 nombres para cubrir cargos
Actualidad15/04/2026
REDACCIÓNEl plenario que encabezó Horacio Rosatti dejó en la misma jornada una señal doble: empujó designaciones judiciales y activó decisiones sensibles en expedientes disciplinarios.

El Consejo de la Magistratura dejó este miércoles una imagen de poder repartido entre dos planos que rara vez pesan igual en una misma jornada. Por un lado, habilitó el avance de 51 postulantes para cargos judiciales a través de 17 ternas. Por otro, resolvió medidas disciplinarias que empujaron a un juez federal hacia el jury de enjuiciamiento y volvieron a mover expedientes sensibles dentro del mapa judicial.
La sesión, encabezada por Horacio Rosatti y con presencia de todos los consejeros, empezó a las 9:30 y siguió en desarrollo mientras se acumulaban decisiones con impacto directo sobre el funcionamiento de tribunales y cámaras. El plenario no quedó atado a un solo eje, porque mezcló concursos para cubrir vacantes con resoluciones sobre denuncias y posibles sanciones. Esa superposición le dio al encuentro un tono más áspero que el de una simple reunión de trámite.


La parte más numerosa del movimiento estuvo en las ternas aprobadas. El cuerpo dio luz verde a 17 ternas con 51 postulantes, una cifra que muestra el volumen de cargos que siguen esperando cobertura dentro del sistema judicial. No se trató de un gesto abstracto ni de una validación preliminar, sino de un paso concreto para que esos nombres sigan camino hacia el Poder Ejecutivo.
Dentro de ese paquete, el Consejo elevó ternas correspondientes a los concursos N° 389, 492, 477 y 474. Esos procesos alcanzan cargos en tribunales orales y cámaras federales de la Capital Federal y de Córdoba, dos jurisdicciones donde las vacantes tienen peso institucional propio. La resolución, así, tocó al mismo tiempo la estructura judicial de Buenos Aires y una plaza clave del interior.
Pero el costado más tenso del plenario no estuvo en los concursos, sino en la suerte del juez federal de Mar del Plata, Alfredo López. Por unanimidad, el Consejo aprobó enviarlo a jury de enjuiciamiento, una decisión que lo dejó en una zona de altísima fragilidad institucional. El dato adquiere todavía más relieve porque su renuncia ya se encuentra a consideración del Poder Ejecutivo Nacional, de modo que el expediente se mueve sobre dos carriles a la vez.
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Ese punto convirtió al plenario en algo más que una fábrica de ternas. Mientras algunos nombres quedaron mejor posicionados para llegar a despachos judiciales, otro juez federal quedó empujado hacia el proceso más severo que prevé el sistema de control sobre magistrados. Esa convivencia entre promoción y castigo fue una de las marcas más fuertes de la jornada.
La sesión también tocó la situación del juez federal de Rosario, Gastón Salmain. En ese caso, el Consejo resolvió girar a la Comisión de Acusación el expediente que todavía seguía pendiente en la Comisión de Disciplina por denuncias en su contra. La decisión no cierra el caso, pero sí lo desplaza a una etapa con otro voltaje dentro del circuito interno del organismo.
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En paralelo, el cuerpo resolvió el camino inverso para otro expediente de alto perfil. El plenario aprobó un dictamen que desestima la denuncia presentada contra la jueza federal María Eugenia Capuchetti, en línea con lo que ya había sido definido previamente en la Comisión de Disciplina. Ese cierre mostró que el Consejo no sólo endureció posiciones en algunos casos, sino que también clausuró una acusación que ya venía perdiendo sustento en su recorrido interno.
El saldo de la jornada dejó así una postal poco lineal, pero muy clara sobre el rol que el Consejo intenta ejercer. En la misma mesa convivieron la cobertura de vacantes, la revisión de conductas y la posibilidad de empujar o frenar carreras judiciales. Lo que quedó expuesto este miércoles no fue sólo una sucesión de dictámenes, sino un organismo que usó el plenario para intervenir de lleno en la arquitectura del poder judicial.














