
Una medición nacional detectó una baja en varios indicadores entre votantes libertarios. El desgaste ya no aparece solo afuera del oficialismo.

La encuesta dejó un dato especialmente sensible para la Casa Rosada: la caída no se limita a los votantes ajenos al oficialismo, sino que empieza a verse dentro del universo libertario. Ese corrimiento toca una zona delicada porque afecta a quienes integran el respaldo más fiel del Presidente, el segmento que en la lectura política suele asociarse con su “núcleo duro”. En la fuente, ese piso aparece vinculado al 30% que Javier Milei obtuvo en las PASO y en la primera vuelta de 2023.
Ese es el punto que vuelve más incómoda la lectura del relevamiento. Cuando un gobierno pierde adhesión en la periferia, el impacto puede administrarse; cuando el movimiento aparece entre quienes sostienen la identidad original del proyecto, el problema cambia de espesor. El material que subiste plantea justamente esa filtración interna y la ubica en un contexto donde se mezclan una economía que no termina de arrancar y denuncias o escándalos de presunta corrupción que siguen sumando ruido político.


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El estudio citado corresponde a QSocial, tiene alcance nacional y fue realizado entre el 5 y el 26 de marzo sobre 1.576 casos, con un margen de error de +/- 2,5%. Según la fuente, la caída aparece en casi todos los parámetros políticos y económicos relevados dentro del electorado mileísta. Esa amplitud es la que vuelve más difícil reducir el resultado a un mal dato aislado o a una oscilación menor de coyuntura.
Uno de los retrocesos más claros se observa en la percepción sobre la situación actual. Entre los encuestados mileístas, quienes la calificaban de manera positiva pasaron de 65% en enero a 54% en la última medición. A la vez, las expectativas económicas para 2027 también cedieron: los optimistas bajaron de 92% a 87%, una merma más acotada, pero significativa dentro de un electorado que venía mostrando niveles de convicción mucho más compactos.
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El dato más interesante del relevamiento aparece cuando se combinan variables que, leídas por separado, podrían inducir a una interpretación apurada. La aprobación general de la gestión se mantiene en 97% entre los votantes libertarios durante el primer trimestre, pero esa estabilidad no alcanza para tapar otras fisuras. En la misma muestra cayó la confianza en la “capacidad del gobierno para resolver los problemas del país”, que pasó de 98% a 85%, una diferencia que empieza a marcar distancia entre respaldo identitario y eficacia percibida.
También se achicó la idea de que el Gobierno actúa para una mayoría social amplia. Entre enero y marzo, los mileístas que decían que Milei gestiona para la mayoría de los argentinos pasaron de 89% a 64%. En paralelo, creció del 29% al 36% el grupo de votantes libertarios que respondió que “sí” cuando la encuesta preguntó si cree que el grueso de los funcionarios del Gobierno es corrupto, aunque ese número había sido aún mayor en enero, con 39%.
La idea del sacrificio como promesa a futuro tampoco quedó intacta. La fuente incluye una pregunta textual del estudio: “Algunos creen que el esfuerzo que está haciendo la sociedad ahora es un sacrificio que valdrá la pena en el futuro. ¿Usted está muy, bastante, poco o nada de acuerdo?”. Dentro del votante libertario, quienes acompañaban esa premisa cayeron de 97% en enero a 85% en marzo, un descenso que luego se refleja en otro casillero político igual de importante: el apoyo a la continuidad de las políticas actuales bajó de 82% a 67%.
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Ahí aparece una de las señales más pesadas del relevamiento, porque ya no se trata solo de humor económico o de evaluación coyuntural. Lo que empieza a erosionarse es la disposición a seguir bancando el rumbo con la misma intensidad que al comienzo del año. Cuando se debilita la tolerancia al costo presente y, al mismo tiempo, retrocede la voluntad de continuidad, la sustentación política del programa deja de descansar únicamente en la épica del ajuste y entra en una zona más exigente para el oficialismo.
La imagen personal del Presidente también acompaña esa pendiente. Entre los encuestados libertarios, la valoración positiva de Milei cayó de 95% a 87%, todavía en un nivel alto, pero ya lejos de la casi unanimidad que mostraba en enero. Ese desgaste se vuelve todavía más visible cuando la fuente baja al terreno electoral y muestra que, entre quienes lo habían acompañado, el Presidente retiene solo 69% de intención de voto para la próxima presidencial.
El resto de ese caudal, según el texto, se reparte entre Juan Schiaretti con 23%, el voto en blanco con 5%, quienes no saben con 2% y Axel Kicillof con 1%. Más que por el volumen individual de cada nombre, el dato impacta por lo que expone: una porción del votante libertario ya no aparece alineada automáticamente con la reedición del mismo liderazgo. Para un gobierno que siempre leyó su fortaleza en la densidad de su apoyo propio, esa novedad pesa bastante más que una mala semana de encuestas.
Fuente: Diario Clarín
















