
Madryn: conducir alcoholizado no debería ser un agravante, sino un delito penal
Policiales17/04/2026
REDACCIÓNEl caso de una camioneta que embistió a dos menores reactivó la discusión sobre convertir ciertas alcoholemias al volante en delito y no solo en infracción.



Dos chicos terminaron heridos, una camioneta quedó con abolladuras fuertes en la parte delantera y el conductor apareció con 2,36 de alcoholemia. Ese cruce de datos ordenó una mañana de fuerte impacto en #LA17, donde el foco dejó de estar solamente en el siniestro y pasó a una discusión más profunda sobre qué respuesta legal merece una conducta de ese nivel. El caso volvió a poner sobre la mesa si algunas alcoholemias al volante deben dejar de tratarse sólo como faltas de tránsito y empezar a leerse como hechos de gravedad penal.
El dato técnico lo confirmó al móvil de #LA17, Néstor Siri, convocado luego de la intervención policial inicial por las lesiones sufridas por los menores. Según explicó en la entrevista, cuando detectaron un vehículo que podía coincidir con el protagonista del hecho, lo llamaron para realizar el control y allí apareció el resultado. Siri lo describió sin vueltas: “dio una alcoholemia positiva de 236”, y agregó que, más allá de la cifra, esa situación “habla a las claras de la actitud desaprensiva y peligrosa del conductor”.


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La dimensión del episodio quedó todavía más marcada por el estado en que habría quedado el vehículo y por la condición en que terminaron los chicos. Siri dijo que, según le habían informado desde la Seccional Segunda, las lesiones serían leves, aunque enmarcó ese desenlace casi como una excepción dentro de la violencia del impacto. En la entrevista sostuvo que se trató de “un hecho casi milagroso” y vinculó esa apreciación con las abolladuras visibles en la camioneta.
A partir del caso, el programa abrió un interrogante mucho más amplio sobre la posibilidad de criminalizar determinadas conductas al volante cuando hay alcoholemias elevadas o reiteradas. Allí Siri introdujo una referencia internacional y afirmó que en algunos países europeos, como España, estas situaciones pueden quedar encuadradas directamente como hechos criminales cuando la persona, después de beber, conduce y pone en peligro a terceros.
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Ese modelo, según contó, también empezó a ser mirado dentro de la Argentina. Siri señaló que la mesa de enlace con víctimas de accidentes viales estaría trabajando con senadores nacionales en un proyecto para que situaciones de este tipo puedan recibir un tratamiento similar. La diferencia que marcó es central para entender el debate: hoy, explicó, la alcoholemia se incorpora como agravante según el tipo de siniestro, pero una eventual criminalización cambiaría el punto de partida y permitiría considerar delito lo que hoy muchas veces queda dentro del plano infraccional.
Ese cambio de enfoque corre la mirada del resultado final y la lleva también hacia la conducta previa. En otras palabras, la discusión pasa por que circular con un nivel tan alto de alcohol en sangre ya debería activar otra respuesta del sistema judicial. Siri lo explicó con un contraste preciso: si existiera esa legislación, un inspector que detectara cierto grado de alcoholemia podría estar frente a un delito y no sólo frente a una infracción convencional.
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La entrevista también dejó un costado operativo vinculado a los controles del fin de semana. Siri adelantó que seguirán las programaciones habituales sobre motocicletas y vehículos, siempre bajo una lógica de prevención, con la expectativa de que esas medidas sirvan para evitar nuevos hechos graves. Ese tramo de la conversación conectó el caso puntual con una rutina estatal que se repite, aunque a la luz de episodios como este vuelve a mostrar sus límites cuando la conducta temeraria ya llegó demasiado lejos.
Del otro lado, en la propia charla radial apareció una frase que funciona casi como resumen del problema cultural que rodea a estas situaciones. Los conductores insistieron con que el mensaje se repite una y otra vez y aun así no logra perforar determinadas conductas, una sensación que Siri reforzó al advertir que cuando alguien toma, pierde noción de sus actos y convierte al vehículo en un elemento de enorme capacidad destructiva. En ese tramo, el entrevistado remarcó que un auto “es casi como un arma y podés provocar una desgracia, un desastre”, una definición dura que enlaza la imprudencia individual con el riesgo colectivo.















