Madryn gana médanos, pero el verano volvió a afectar la vegetación costera

Chubut18/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El programa de recuperación ya muestra más arena retenida y nuevos médanos, pero el uso desordenado de la playa todavía rompe sectores que habían logrado afirmarse.

Medanos camino a Playa Paraná
Medanos camino a Playa Paraná

Un sector de la costa de Puerto Madryn llegó al verano con su vegetación intacta y salió de la temporada sin esa cobertura que ayudaba a fijar la arena. Ese dato, contado por el equipo que trabaja sobre los médanos del frente costero, resume mejor que cualquier consigna el punto en el que está hoy la playa: hay recuperación visible, pero también un desgaste cotidiano que vuelve a empujar el problema. La escena no habla de un paisaje quieto, sino de un sistema que mejora con trabajo constante y retrocede cada vez que el tránsito, el desconocimiento o el uso intensivo vuelven a romper lo que recién empieza a consolidarse.

Desde el Laboratorio de Investigaciones en Ambientes Costeros y Turismo del Golfo Nuevo, Alejandro Monti y Nadia Velázquez Barloa plantearon en #MODO17 que el centro de la discusión no está en una estructura aislada, sino en una relación mucho más profunda entre el médano y la playa. Monti lo resumió con una frase que ordena todo el programa: “el Médano y la playa son lo mismo”. Por eso, cuando una persona atraviesa donde no debe, desarma un enquinchado o abre un paso por comodidad, el daño no queda en ese montículo de arena, porque también debilita la playa que después se quiere conservar y disfrutar.


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El programa que llevan adelante junto con el municipio desde 2022 ya dejó señales concretas de avance en varios sectores. Los enquinchados, esas barreras atraparena colocadas en puntos estratégicos, lograron retener sedimento al punto de que hoy en algunos lugares ya se trabaja sobre un segundo nivel de estructuras. Monti explicó que prefiere hablar de lo que se ganó y no solo de lo que se perdió, porque antes de este manejo la arena se acumulaba sobre el murete costero, se retiraba del lugar y quedaba afuera del sistema, mientras que ahora una parte vuelve a la playa y otra queda contenida para reconstruir el médano.

Ese proceso no termina cuando la barrera atrapa arena, sino cuando el médano logra quedar fijo con vegetación. Ahí aparece una de las discusiones más sensibles del plan, porque el equipo necesita plantas que ayuden a inmovilizar rápido el frente costero, pero al mismo tiempo debe controlar especies que no son autóctonas. En la entrevista explicaron que la uña de gato se coloca solo sobre el frente que mira a la rambla, pegada al murete, y que después se corta y se retira cuando crece demasiado, dentro de un manejo específico que intenta resolver una urgencia sin soltar el control sobre una especie invasiva.


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La apuesta del programa, de todos modos, no fue cerrar la costa ni correr a la gente de la playa, sino intentar recuperar con uso público al mismo tiempo. Monti destacó que llevan “cuatro años y un poco más con el programa de Médano y no hemos cercado ni delimitado el paso en ningún sector en ningún momento”, algo que para el equipo representa un dato a rescatar y no una concesión menor. La intervención fue por otro lado: abrir pasos en coincidencia con sectores de pluviales para concentrar el impacto en un mismo punto y acostumbrar a los visitantes a circular por esos ingresos, en vez de subir por cualquier parte del murete y atravesar el médano.

En ese marco, la conducta de quienes van a la playa empieza a pesar tanto como la tarea técnica. Velázquez Barloa remarcó que “la vegetación es crucial, es lo más importante” y que para llegar a médanos estables la colaboración ciudadana puede empezar con un gesto mínimo: respetar los ingresos. El problema, según contaron, no aparece solo cuando alguien desmonta a mano un enquinchado, sino también cuando miles de pisadas repetidas abren huellas nuevas, cortan brotes, rompen barreras y hacen retroceder sectores que ya venían afirmándose.


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Detrás de lo que se ve desde la rambla hay una rutina permanente de trabajo que no depende de la temporada alta. El equipo que ejecuta el programa está en la costa de lunes a viernes, a veces también los sábados, y cambia tareas según la época del año: en verano se concentra sobre todo en la recuperación de arena y en esta etapa, cuando empiezan las lluvias, avanza con la revegetación. Esa continuidad explica por qué el plan no funciona como una intervención esporádica, sino como una política sostenida que necesita seguimiento técnico, mantenimiento y ajustes sobre el terreno.

La estructura del programa también deja una definición política sobre cómo intervenir la costa. Monti explicó que “la universidad asesora y el municipio ejecuta”, una síntesis de lo que llamó políticas públicas informadas por dato científico. En esa articulación participan distintos perfiles y también otros laboratorios, como el trabajo de Mauro Novara con modelos digitales de terreno para medir el crecimiento de los médanos año tras año, una herramienta que permite verificar si la arena efectivamente se retiene y en qué sectores el sistema responde mejor.


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El desgaste no aparece solo sobre la arena. El equipo advirtió que la cartelería específica del programa, diseñada para explicar el sentido de la intervención y orientar a quienes usan la playa, suele terminar cubierta de grafitis, lo que implica volver a gastar recursos en algo que ya estaba financiado con fondos públicos. Frente a eso, la semana pasada sumaron una pieza que hasta ahora faltaba: el subprograma Custodio de los Médanos, pensado para arrancar en julio con escuelas secundarias, Asociación Conciencia Colectiva, merenderos y el Club de Ciencias Municipal, bajo una lógica de ciencia ciudadana que busca que cada grupo pueda apadrinar un enquinchado y seguir de cerca el crecimiento de ese médano.

La recuperación costera de Madryn ya dejó resultados visibles, pero sigue dependiendo de una tensión diaria entre el cuidado y el uso. El programa muestra que se puede retener arena, reconstruir relieve y trabajar con la gente adentro de la playa, aunque también confirma que cada atajo abierto sobre el médano, cada cartel dañado y cada paso fuera del sendero vuelve más frágil un sistema que recién empieza a recomponerse. La playa sigue siendo de todos, pero conservarla exige algo más concreto que una consigna: entender que el paisaje no se sostiene solo.

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