Medio Oriente: hasta US$ 58.000 millones para reparar los daños de la guerra

Actualidad21/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe de Rystad Energy estimó que la reconstrucción de la infraestructura dañada por la guerra en Medio Oriente podría demandar entre US$ 34.000 millones y US$ 58.000 millones, con un fuerte impacto sobre la cadena de suministros y los proyectos energéticos ya en marcha en la región.

Medio Oriente reconstrucción
Medio Oriente reconstrucción

La reconstrucción de la infraestructura golpeada por la guerra en Medio Oriente demandará años de trabajo, una inversión multimillonaria y una fuerte capacidad de ejecución en un contexto atravesado por la escasez de equipos y contratistas. De acuerdo con un análisis de Rystad Energy, el costo total de reparación y restauración de activos vinculados a la energía podría ubicarse en un rango de entre US$ 34.000 millones y US$ 58.000 millones, luego de que el alcance de los daños se ampliara de manera significativa respecto de una evaluación inicial que había calculado al menos US$ 25.000 millones.

Según la consultora, la mayor parte de ese desembolso estaría concentrada en el sector de petróleo y gas, donde las reparaciones podrían representar entre US$ 30.000 millones y US$ 50.000 millones. A eso se sumarían daños en infraestructura no hidrocarburífera, como centrales eléctricas, plantas de desalinización, fundiciones de aluminio y otras instalaciones industriales, que agregarían entre US$ 3.000 millones y US$ 8.000 millones al monto final.

El informe advirtió que el principal problema no será solamente financiero. Para Rystad Energy, el cuello de botella más relevante estará dado por el acceso a equipamiento crítico, servicios logísticos, contratistas especializados y capacidad de fabricación, en un escenario en el que gran parte de esos recursos ya estaba comprometida con proyectos de GNL y desarrollos offshore aprobados desde 2023. La consultora remarcó que estas tareas de reparación no generan nueva capacidad productiva, sino que absorben recursos que de otro modo estarían destinados a expansiones, por lo que podrían provocar demoras e incluso presiones inflacionarias más allá de la propia región.


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Entre los países más golpeados aparece Irán, que concentra la mayor cantidad de instalaciones afectadas y podría enfrentar costos de reparación de hasta US$ 19.000 millones en un escenario de daños severos. Los impactos alcanzan plantas de procesamiento de gas en Asaluyeh, el complejo petroquímico de Mahshahr, refinerías, depósitos de combustible en la zona de Teherán e infraestructura de exportación en Lavan y Siri Island. El panorama, además, se vuelve más complejo por las restricciones de acceso a contratistas occidentales, fabricantes de equipos originales y tecnologías de proceso, lo que podría extender los tiempos de recuperación.

En Qatar, en cambio, el daño aparece más concentrado, aunque con una complejidad técnica mayor. El foco está puesto en Ras Laffan Industrial City, donde fueron afectados varios trenes de gas natural licuado y también la planta Pearl de conversión de gas a líquidos. Para la consultora, la reconstrucción en esa zona podría superponerse con el avance del programa de expansión North Field de QatarEnergy, generando una competencia directa por personal técnico, patios de fabricación y equipos de obra, con riesgo de ralentizar proyectos ya iniciados.


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El relevamiento también marcó que los tiempos de recuperación serán desiguales según el tipo de instalación dañada. Mientras algunas reparaciones menores en equipos de superficie podrían resolverse en cuestión de semanas, las unidades centrales de proceso y los activos que dependen de componentes de largo plazo podrían tardar años en volver a operar plenamente. En ese contexto, las empresas que logren asegurarse primero acceso a manufactura, logística y contratistas tendrán mayores chances de acelerar la restauración, mientras que otras quedarán expuestas a retrasos prolongados.

De esta manera, la etapa que se abre en Medio Oriente no solo estará marcada por la necesidad de reconstruir infraestructura crítica, sino también por una carrera entre operadores y Estados para acceder a recursos escasos en una cadena global ya tensionada. Para Rystad Energy, el costo económico de la guerra no se medirá únicamente en activos dañados, sino también en los efectos indirectos que la reconstrucción podría generar sobre la inversión energética global y sobre los plazos de ejecución de proyectos estratégicos.

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