
El comunicador y pastor Dante Gebel afirmó que, de haber estado en el país en las elecciones de 2023, habría votado a Javier Milei, pero aseguró que hoy no repetiría esa elección. También cuestionó el impacto social del plan económico y dejó abierta, con matices, una eventual participación política futura.

Dante Gebel se metió de lleno en el debate político argentino con una definición que rápidamente ganó repercusión: aseguró que en 2023 habría votado por Javier Milei, pero que hoy ya no lo acompañaría. La frase marcó un giro respecto de la expectativa inicial que le había despertado el actual presidente y dejó expuesta una mirada crítica sobre el rumbo económico del Gobierno.
Durante una extensa entrevista, Gebel explicó que en la última elección presidencial no votó porque estaba de viaje, aunque admitió que, de haber podido hacerlo, habría elegido al actual mandatario por descarte. “Del otro ya lo conocía”, sostuvo al justificar aquella inclinación inicial. Sin embargo, aclaró que en el presente no mantendría esa misma posición.


El argumento central de su distancia actual estuvo puesto en la economía cotidiana. “El que tiene que llenar la heladera todos los días no te puede esperar”, lanzó, al resumir lo que considera el principal límite social del ajuste. Para explicar ese punto, apeló a una imagen concreta y sensible: la de su padre sin poder pagar los medicamentos, una escena con la que buscó mostrar que la espera por resultados macroeconómicos no siempre resiste el peso de la urgencia diaria.
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En esa misma línea, el comunicador sostuvo que cree en un modelo donde haya industrialización, trabajo digno y capacidad de consumo para las familias. “Creo en la industrialización, en que mi papá y mi mamá puedan trabajar dignamente, en que no tengan que mirar el precio para ver si van a comer carne”, afirmó. Con esa definición, trazó un contraste con el clima de sacrificio económico que, a su entender, hoy atraviesa a buena parte de la sociedad.
Aun así, Gebel evitó cerrar por completo la puerta a la posibilidad de que el experimento libertario termine funcionando. Reconoció que no logra seguir en detalle el discurso económico del Presidente y dijo: “Al tercer dato ya me perdí”. Pero al mismo tiempo dejó abierta una chance de corrección favorable: “A lo mejor derrama la macro y todo lo que está haciendo cae en la micro y nos salvamos todos”.
Otro de los pasajes más comentados de la entrevista giró alrededor de una eventual candidatura presidencial. Cuando le preguntaron si le atraía la idea de llegar a la Casa Rosada, respondió que no le gusta gobernar y que esa posibilidad le disgusta. Sin embargo, enseguida matizó su negativa con una frase que alimentó las especulaciones: “Si me arman un gran equipo con los mejores, honestos y capacitados, yo formo equipos de todos los tamaños y gestiono”.
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En ese tramo, Gebel planteó que la democracia debería ofrecer alternativas nuevas sin subestimar al electorado. También dijo que prefiere perfiles sin antecedentes en la función pública y que todavía no tiene nombres definidos para un eventual equipo. Más que lanzar una candidatura formal, lo que dejó fue una puerta entreabierta a una construcción futura, aunque aclaró que no volverá a expresarse políticamente hasta después del próximo Mundial.
Sobre temas sensibles como el aborto, la homosexualidad y el matrimonio igualitario, el pastor sostuvo que sus convicciones personales no deberían traducirse automáticamente en leyes. Afirmó que, si alguna vez gobernara, lo haría para todos, incluyendo a quienes piensan distinto. Esa postura le permitió correrse de una mirada teocrática o moralizante y diferenciar sus creencias religiosas de una eventual agenda pública.
También se refirió al rol del Estado y tomó distancia de las posiciones extremas. Cuestionó tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda, y defendió la existencia de educación pública y salud pública. Para Gebel, destruir el Estado no es una salida, y cualquier administración que aspire a funcionar debe encontrar un equilibrio entre eficiencia, contención y libertad.
Con estas declaraciones, Dante Gebel dejó una señal política potente: se despegó de Milei, cuestionó el impacto social del plan económico y, al mismo tiempo, se mostró dispuesto a ser parte de una eventual alternativa futura. Sin lanzarse de lleno, dejó claro que no quiere quedar al margen de una discusión que, según parece, ya empezó a mirar mucho más de cerca.















