Jaime y Schiavi negaron las coimas y se negaron a contestar preguntas en el juicio por los Cuadernos

Policiales28/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El exsecretario de Transporte calificó de extorsión a las acusaciones de los empresarios arrepentidos. Pidió el traslado a Córdoba y prisión domiciliaria.

Ricardo Jaime. Foto CIJ
Ricardo Jaime. Foto CIJ

La estrategia de silencio dominó la audiencia en los tribunales de Comodoro Py durante la última jornada del juicio por los Cuadernos de las Coimas. Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, sucesores en la Secretaría de Transporte, evitaron someterse al interrogatorio de los jueces y de la fiscal Fabiana León. Ambos exfuncionarios se alinearon en una postura técnica que ya habían utilizado otros imputados de peso para cuestionar la validez de las pruebas que constan en el expediente.

Jaime llegó a la sala de audiencias desde el penal de Ezeiza cargando con una salud deteriorada y los efectos de una detención que ya lleva años. El exsecretario utilizó su tiempo frente al estrado para solicitar el beneficio de la prisión domiciliaria y un eventual traslado hacia la provincia de Córdoba. Su defensa técnica fundamentó este pedido en sus 71 años de edad y en la necesidad de recibir visitas familiares frecuentes para sobrellevar sus enfermedades crónicas.


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El exfuncionario kirchnerista dedicó gran parte de su exposición a desacreditar las anotaciones realizadas por el chofer Oscar Centeno. Calificó las denuncias en su contra como “aseveraciones” construidas dentro de un “marco extorsivo” que vicia toda la investigación preliminar. Según su versión, resulta imposible defenderse de lo que él considera simplemente “fotocopias del señor Centeno” que carecen de respaldo documental sólido.

La declaración de Jaime chocó de frente con los testimonios que brindaron anteriormente los empresarios Aldo Benito Roggio y Benjamín Gabriel Romero. Estos ejecutivos, bajo el régimen de arrepentidos, confesaron el pago de retornos equivalentes al 5% de los subsidios estatales que recibían sus compañías de transporte. Sin embargo, el imputado negó cualquier vínculo directo con estos cobros ilegales y derivó la responsabilidad de las reuniones hacia otras esferas del antiguo Ministerio de Planificación.


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Los registros telefónicos presentados por la fiscalía muestran una frecuencia de contacto que el exfuncionario evitó profundizar durante su alocución de poco más de una hora. Los fiscales detectaron 298 llamadas entrantes y 96 salientes entre el despacho de Jaime y Daniel Muñoz, el secretario privado de Néstor Kirchner. Esta red de comunicaciones es señalada por la justicia como el canal principal de la recaudación de fondos ilegales provenientes de las contrataciones públicas.

El exsecretario intentó desmarcarse de las reuniones habituales con los dueños de las empresas de transporte que operaban en el área metropolitana. “Nunca tuve la presencia del señor Roggio en mi despacho. Tengo entendido que con el ministro De Vido se reunía”, afirmó Jaime para despegarse de la figura de recaudador que le adjudica la instrucción. Para el imputado, su rol en la gestión pública no incluía la recepción de bolsos con dinero ni el manejo de circuitos informales de pagos.


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Por su parte, Juan Pablo Schiavi mantuvo la misma línea argumental que su antecesor al momento de enfrentar al tribunal oral. El exsecretario, que gestionó el área entre 2009 y 2012, insistió en que la acusación en su contra “carece de prueba” tras haber revisado el expediente de forma exhaustiva. Al igual que Jaime, su discurso apuntó a deslegitimar el origen de la causa y la veracidad de los testimonios de los empresarios arrepentidos.

La defensa de Schiavi se centró en la ausencia de menciones directas en los manuscritos que originaron el escándalo de corrupción. El exfuncionario relató que leyó toda la documentación judicial “de arriba para abajo” sin encontrar una sola referencia que lo vincule con la logística de los pagos ilegales. “No estoy en los Cuadernos, entonces es bastante complejo defenderse de algo que uno no sabe de dónde viene”, remarcó para subrayar lo que considera una imputación arbitraria.


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El cierre de la declaración de Jaime dejó una frase que resume su situación actual frente a los múltiples frentes judiciales que todavía tiene abiertos. El exsecretario calificó su situación de encierro como una “prisión preventiva in aeternum que espero poder aguantarla” antes de retirarse custodiado hacia su lugar de detención. El futuro del juicio depende ahora de cómo el tribunal logre cruzar estas negativas con los registros técnicos y los testimonios de los empresarios que admitieron el pago de coimas.

Fuente: LA NACION.

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