
Una escultura icónica de Las Grutas fue arrancada de su base y no hay rastros. Investigan si fue vandalismo o un robo con otro objetivo.

La desaparición de una pieza artística en pleno espacio público volvió a poner en discusión la seguridad del patrimonio urbano en Las Grutas. La escena es concreta: un lugar reconocido, una estructura fija y, de un momento a otro, un vacío donde antes había un símbolo.
El objeto robado no pasaba desapercibido. Se trataba de una escultura de hierro con forma de “Caballito de Mar”, instalada sobre una base de cemento en la costanera, entre las bajadas 0 y 1, uno de los sectores más transitados del balneario.


El hecho se conoció a partir de un aviso informal. Un vecino alertó a las autoridades mediante un mensaje de WhatsApp, lo que activó la verificación en el lugar. Cuando se acercaron, la estructura ya no estaba y solo quedaban rastros de su ausencia.
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La denuncia formal fue presentada por Marcela Lal, directora de Cultura de la Delegación Municipal, en la Comisaría 29°. A partir de ese momento, el caso comenzó a tomar forma dentro de una investigación judicial.
El episodio generó impacto no solo por el robo en sí, sino por las características de la pieza. No era un objeto pequeño ni fácil de trasladar, lo que abre interrogantes sobre cómo se realizó la maniobra sin ser advertida.
La causa quedó caratulada como “sustracción de elementos en la vía pública”, y la investigación quedó en manos de la Fiscalía Descentralizada de San Antonio Oeste. Por ahora, no hay datos sobre los responsables ni pistas firmes sobre el destino de la escultura.
Una de las hipótesis que se manejan apunta a un posible robo con fines de venta de metal. El hierro, en ese sentido, puede tener valor en el circuito informal, lo que explicaría la extracción de una pieza de estas características.
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Otra línea de análisis considera el vandalismo como motivación. Sin embargo, la forma en que fue retirada la escultura —anclada a una base de cemento— sugiere que hubo una acción planificada y no un daño improvisado.
El caso también reabre una preocupación recurrente en espacios turísticos. La protección de elementos culturales en áreas abiertas, sin vigilancia constante, suele quedar expuesta frente a este tipo de hechos.
La desaparición del “Caballito de Mar” deja una postal incompleta en la costanera y un interrogante que todavía no tiene respuesta. Mientras avanza la investigación, el lugar donde estaba se convirtió en un recordatorio visible de lo ocurrido.















