
Argentina endurece su postura ante flotas extranjeras por pesca de calamar
Política03/05/2026
Sergio BustosEl movimiento no pasó desapercibido en el Atlántico Sur. En paralelo a la caída en las capturas, Argentina decidió dar un paso más allá de sus límites marítimos y trasladar el conflicto por la pesca del calamar al plano internacional, con un mensaje directo a los países que operan en la zona adyacente.

La intervención de la Cancillería marcó un punto de inflexión. Por primera vez, se notificó formalmente a embajadas extranjeras sobre la prohibición de captura de calamar Illex argentinus, en un intento por frenar la actividad de buques que operan al borde de la Zona Económica Exclusiva, especialmente en la conocida Milla 201.
La decisión no surge en el vacío. Detrás hay señales biológicas que encendieron alarmas en el sector científico y pesquero. Los datos relevados durante la temporada muestran rendimientos muy por debajo de lo esperado, lo que llevó a los organismos técnicos a recomendar el cierre total de la actividad dentro de la ZEE.


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El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero fue clave en ese diagnóstico. Sus informes reflejan una baja presencia de ejemplares juveniles y la falta de concentraciones habituales en distintas áreas, lo que complica la renovación natural del recurso y pone en riesgo la próxima campaña.
A partir de esos indicadores, el Consejo Federal Pesquero resolvió dar por finalizada la temporada tanto al norte como al sur del paralelo 44° S. La medida busca evitar una presión excesiva sobre una biomasa que muestra signos claros de debilitamiento.
Pero el foco no quedó solo en aguas argentinas. El Gobierno entiende que la continuidad de la pesca fuera del límite jurisdiccional puede neutralizar cualquier esfuerzo de conservación. Por eso, la advertencia diplomática se convirtió en una herramienta central para intentar frenar la actividad en aguas internacionales cercanas.
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Desde el ámbito oficial deslizan que, si los buques extranjeros continúan operando pese a la notificación, podrían impulsarse acciones diplomáticas más directas. El respaldo en acuerdos internacionales recientes refuerza esa postura y abre la puerta a reclamos formales.
En el sector privado, la situación genera inquietud. Aunque en años anteriores la pesquería mostró buenos niveles de producción, el escenario actual plantea dudas sobre la sostenibilidad del recurso y la necesidad de reforzar los mecanismos de control.
Actualmente, la actividad se encuentra dentro de un Programa de Mejora que apunta a elevar estándares y avanzar hacia certificaciones internacionales. En ese contexto, cada recomendación técnica se traduce en decisiones rápidas que también se comunican hacia el exterior.
El tablero se vuelve más complejo: menos calamar en el agua, más barcos en el límite y una Argentina que busca hacerse escuchar fuera de sus fronteras. La combinación de ciencia y diplomacia empieza a definir una estrategia que ya no se limita a lo que ocurre dentro del mar argentino.














