La habilidad que puede proteger a los chicos frente a los riesgos de las redes sociales

Enfoques03/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas sostienen que enseñar pensamiento crítico desde edades tempranas ayuda a detectar desinformación, estafas y contenidos dañinos en internet.

Esta habilidad puede proteger a los niños de los peligros de las redes sociales
Esta habilidad puede proteger a los niños de los peligros de las redes sociales

El debate sobre cómo proteger a niños y adolescentes frente a los riesgos de las redes sociales suele concentrarse en prohibiciones, límites de edad o restricciones de uso. Sin embargo, una especialista propone mirar el problema desde otro ángulo: enseñarles a pensar de manera crítica para que puedan evaluar lo que ven en internet antes de creerlo, compartirlo o actuar en consecuencia.

La propuesta fue planteada por la doctora Maree Davies, profesora titular de educación y práctica social en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, y autora del libro Enseñar pensamiento crítico a adolescentes: cómo los jóvenes pueden desenvolverse con inteligencia artificial, algoritmos, noticias falsas y redes sociales. Su mirada apunta a que los chicos no solo aprendan a usar plataformas, sino también a comprender cómo funcionan y qué intereses pueden influir en los contenidos que reciben.

Davies define el pensamiento crítico como la capacidad de cuestionar, analizar y evaluar cuidadosamente la información antes de decidir qué creer o qué hacer. En ese proceso, resulta central comparar evidencias, considerar puntos de vista opuestos y distinguir entre una afirmación sólida y una idea presentada de manera atractiva, pero débil o engañosa.

La especialista sostiene que esta herramienta puede ser más efectiva que una prohibición aislada. “Si entiendes el pensamiento crítico, cuando veas algo en internet, tu mente automáticamente pensará: ‘Un momento, ¿es cierto? Quizás debería buscar más información. ¿Les pasa lo mismo a todos?’”, explicó. Esa reacción inicial puede ayudar a frenar la desinformación, los fraudes digitales y los contenidos manipulados.


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Para Davies, el desafío no consiste únicamente en decirles a los adolescentes que pasan demasiado tiempo frente a las pantallas. El punto clave es fortalecer su autoeficacia, es decir, la confianza en su capacidad para comprender, decidir y actuar. Si conocen el funcionamiento de los algoritmos, las plataformas y los mecanismos de recomendación, pueden desarrollar una relación más consciente con el entorno digital.

Los padres cumplen un rol central en ese aprendizaje. Una de las recomendaciones es modelar la curiosidad y la verificación en situaciones cotidianas, sin convertir cada conversación en un examen. En lugar de preguntar de manera confrontativa “¿Qué pruebas tienes de eso?”, Davies sugiere expresiones más abiertas como “Oh, no estoy seguro. ¿Qué has visto u oído que te hace pensar eso?”.

También propone usar el pronombre “nosotros” para evitar que los adolescentes sientan que el problema es solo de ellos. Frases como “Busquémoslo juntos” ayudan a reconocer que los adultos también están expuestos a los algoritmos, a la información falsa y a la presión de las plataformas. Esa actitud puede generar más confianza y abrir conversaciones menos defensivas.

Otra habilidad importante es enseñarles a cambiar de opinión cuando aparecen nuevas pruebas. Davies remarca que los adultos deben mostrar con ejemplos concretos que modificar una postura no es una debilidad, sino una señal de madurez intelectual. En tiempos de discusiones polarizadas, esa capacidad puede ayudar a que los jóvenes no queden atrapados en ideas rígidas o en comunidades digitales cerradas.


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La conversación también aparece como una herramienta de protección. La especialista advierte que muchas veces se enseña a leer y escribir, pero no necesariamente a dialogar. Formular preguntas de mayor calidad, pedir ejemplos y justificar ideas permite que los adolescentes desarrollen una comunicación más reflexiva, tanto en espacios presenciales como en intercambios en línea.

En ese sentido, una pregunta simple puede tener un impacto profundo: “¿Puedes darme un ejemplo de eso?”. Según Davies, cuando una conversación se vuelve interactiva, obliga a pensar con más profundidad, ordenar argumentos y fundamentar lo que se dice. Esa práctica ayuda a reducir respuestas impulsivas o cargadas únicamente de emoción.

El desarrollo del pensamiento crítico también está vinculado con el futuro laboral. La especialista advierte que, si los chicos dependen desde edades tempranas de la inteligencia artificial para resumir, crear ideas o resolver problemas, pueden perder oportunidades de entrenar habilidades propias. La creatividad, la flexibilidad y la capacidad de resolver situaciones nuevas serán cada vez más valoradas en contextos profesionales cambiantes.

La adolescencia temprana es una etapa especialmente sensible para incorporar estas herramientas. Davies explica que alrededor de los 11 años en las niñas y los 12 en los niños se producen cambios neurológicos importantes, por lo que las actividades repetidas con constancia fortalecen conexiones cerebrales. Aquello que no se practica, en cambio, tiende a debilitarse con el tiempo.


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Por eso, la recomendación no se limita al control de pantalla. La especialista insiste en que los adultos dediquen tiempo a conversar regularmente con los adolescentes, incluso cuando parezcan distantes o reaccionen con portazos. “Te alejan, pero en realidad buscan cercanía”, señaló, al remarcar que la presencia adulta sigue siendo necesaria aunque los jóvenes aparenten autonomía.

Cuando existe una relación de confianza, es más probable que un adolescente pida ayuda si queda atrapado en noticias negativas, si es contactado por grupos extremistas, si sufre acoso o si comete un error en internet. La clave, según Davies, es escuchar sin reaccionar de manera exagerada, para que el joven sienta que puede hablar antes de que el problema escale.

En un escenario donde las plataformas cambian con rapidez, el pensamiento crítico aparece como una forma de protección duradera. No reemplaza los límites ni el acompañamiento adulto, pero puede darles a los chicos una herramienta propia para moverse con más seguridad frente a noticias falsas, algoritmos, inteligencia artificial y contenidos diseñados para captar su atención.

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