
La escena no es habitual para el deporte argentino. Un representante de Trelew viajó a Europa, se presentó en un campeonato mundial poco conocido en el país y consiguió meterse entre competidores de alto nivel con una performance que no pasó desapercibida.

Marcio Funes participó del 5° Campeonato Mundial de Taijiquan, que se desarrolló entre el 23 y el 30 de abril en Burgas, Bulgaria. Allí compitió en una disciplina que todavía tiene escasa visibilidad en Argentina, pero que a nivel global reúne a atletas con años de formación técnica.
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Su presencia en el certamen marcó un antecedente inédito. Se convirtió en el primer argentino en participar en un Mundial de Wu Shu, un dato que lo posiciona dentro de un proceso de crecimiento para este tipo de prácticas en el país.
En competencia, Funes presentó la rutina Men’s New Standardized Routines – Chen Style Taijiquan, una de las categorías que exige precisión, control corporal y dominio técnico. La ejecución le valió un puntaje de 9.000, lo que lo ubicó con una calificación destacada dentro del evento.
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El torneo reunió a deportistas de distintas partes del mundo y fue organizado por la International Wushu Federation (IWUF), entidad que regula este tipo de competencias a nivel internacional. La exigencia del certamen convirtió cada presentación en una instancia de evaluación minuciosa.
Más allá del resultado numérico, la participación argentina adquiere valor por el contexto. El Wu Shu, y particularmente el Taijiquan, no forman parte del circuito deportivo masivo en el país, lo que vuelve más significativa la presencia en una cita de estas características.
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Desde lo simbólico, la figura de Funes también conecta con su ciudad de origen. Su recorrido internacional lo posiciona como “un verdadero orgullo trelewense”, una definición que se repite en el entorno que siguió su participación.
El camino hasta Bulgaria implicó entrenamiento, preparación y una inserción progresiva en una disciplina que combina arte marcial y expresión corporal. Esa construcción previa fue la base para alcanzar una instancia que hasta ahora no tenía antecedentes argentinos. El paso por el Mundial no cierra una etapa, sino que abre una puerta. La experiencia suma visibilidad a una práctica poco difundida y deja instalado un punto de partida para futuros competidores que busquen llegar a ese nivel.
















