
La Bombonera quedó en silencio mucho antes del final. Boca tuvo dos jugadores más durante el tiempo suplementario, buscó el empate con apuro y terminó eliminado después de una derrota que golpeó fuerte por el contexto y por la manera en que se dio el partido. Huracán ganó 3-2 y se metió en los cuartos de final del Torneo Apertura en una cancha donde casi nunca logra imponerse.



El equipo visitante encontró espacios desde el arranque y aprovechó una de las primeras situaciones claras de la noche. A los cinco minutos, Leonardo Gil abrió el marcador y alteró el clima en el estadio, que pasó rápidamente de la expectativa a la tensión. Boca quedó obligado a correr desde atrás y nunca logró sostener una línea de juego estable durante los noventa minutos.
La igualdad llegó recién sobre el cierre del tiempo reglamentario. Milton Giménez marcó a los 42 minutos del segundo tiempo y estiró la definición al suplementario cuando el local ya convivía con la desesperación. El empate cambió el ánimo del partido, aunque no modificó los problemas futbolísticos de Boca, que siguió expuesto en cada avance rival.
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Huracán aprovechó ese desorden en el arranque del tiempo extra. Óscar Romero convirtió de penal a los cuatro minutos y volvió a golpear a los 13 para construir una ventaja inesperada en medio de un escenario cada vez más descontrolado. Entre esos dos tantos apareció el descuento de Ángel Romero, que le devolvió algo de ilusión al conjunto local, aunque nunca alcanzó para revertir la historia.
La situación tomó otro giro cuando Huracán sufrió dos expulsiones casi consecutivas. El delantero Eric Ramírez y el defensor Fabio Pereyra dejaron la cancha a los 17 minutos del primer tiempo suplementario y el visitante quedó con nueve futbolistas. Boca empujó con obligación más que con claridad y llenó el área rival, pero no encontró caminos para romper el bloque defensivo que armó el equipo de Diego Martínez.
La eliminación tomó más dimensión por el recorrido previo de Boca en el campeonato. El conjunto dirigido por Claudio Úbeda había terminado como escolta de Estudiantes de La Plata en la Zona A y llegaba a los cruces como uno de los candidatos a pelear el torneo. La caída en octavos cambió el panorama deportivo y dejó todas las miradas puestas sobre el frente internacional.
El calendario inmediato tampoco ofrece demasiado margen. El próximo martes 19, Boca recibirá a Cruzeiro de Brasil en La Bombonera por la Copa Libertadores y necesita ganar para seguir con chances de avanzar. La derrota ante Huracán instaló una presión todavía mayor sobre un plantel que quedó obligado a responder rápido después del golpe en el torneo local.
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Huracán, en cambio, se llevó una clasificación que aparece entre las más importantes de su campaña. El equipo de Diego Martínez consiguió avanzar en una cancha históricamente adversa y sostuvo el resultado aun cuando jugó buena parte del suplementario con dos futbolistas menos. Antes de este encuentro, el Globo apenas había ganado dos veces en treinta años en la Bombonera.
El rival de Huracán en cuartos de final saldrá del cruce entre Argentinos Juniors y Lanús. Boca, sin Apertura y condicionado en la Libertadores, quedó expuesto a una semana decisiva donde cualquier resultado puede modificar otra vez el clima alrededor del equipo.
“Boca perdió 3-2 con Huracán”, marcó el resultado que cerró la noche en la Bombonera y que dejó al conjunto local fuera del campeonato cuando tenía todo servido para seguir en carrera.















