
Hidrógeno blanco: la energía limpia que buscan extraer desde el subsuelo
Actualidad10/05/2026
REDACCIÓNInvestigadores y empresas exploran yacimientos naturales de hidrógeno, una fuente que podría reducir costos y acelerar la transición energética si logra escalarse.

El hidrógeno blanco empieza a ganar lugar en la agenda energética global como una posible fuente limpia, natural y más económica que las alternativas producidas industrialmente. Se trata de hidrógeno generado en la corteza terrestre, almacenado bajo el subsuelo y liberado en algunos casos hacia la superficie. Aunque todavía está en etapa exploratoria, científicos y empresas ya lo observan como un recurso con potencial para abrir un nuevo capítulo en la transición energética.
A diferencia del hidrógeno verde, que debe producirse mediante electrólisis con electricidad renovable, el hidrógeno blanco se forma de manera natural desde hace miles de millones de años. Uno de los procesos principales es la serpentinización, una reacción que ocurre cuando rocas ricas en hierro entran en contacto con agua a altas temperaturas. En ese intercambio, el hierro toma el oxígeno del agua y queda hidrógeno libre.


El interés por este recurso crece porque el hidrógeno es considerado clave para descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como la siderurgia, la industria pesada y el transporte marítimo. Su combustión no libera dióxido de carbono, sino agua, aunque el gran problema actual es que la mayor parte del hidrógeno utilizado en el mundo se produce todavía a partir de combustibles fósiles.
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Según estimaciones de investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos, en la corteza terrestre podrían existir 5,6 billones de toneladas de hidrógeno natural. La mayor parte estaría a profundidades inaccesibles, pero los estudios citados indican que apenas el 2% de ese volumen podría cubrir las necesidades de hidrógeno de la humanidad durante 200 años.
El desafío es encontrar yacimientos que puedan explotarse de manera segura, eficiente y comercial. En el norte de Baviera, Alemania, el geólogo Jürgen Grötsch investiga la presencia de hidrógeno natural en el subsuelo. Tras perforaciones superficiales y mediciones con sensores, detectó concentraciones de hidrógeno que, según explicó, confirman la existencia de un posible filón en la zona.
Grötsch trabajó durante décadas en la industria de combustibles fósiles y hoy investiga en la Universidad de Erlangen-Núremberg. Su objetivo es avanzar hacia una explotación local del recurso. A partir de 2030, pretende extraer unas 1.000 toneladas anuales de hidrógeno desde un yacimiento ubicado a 1.500 metros de profundidad, con destino a empresas y redes de calefacción regionales.
El único caso de producción actual citado como referencia está en Bourakébougou, Mali, donde se extrae hidrógeno natural y se lo utiliza localmente para generar electricidad. La escala todavía es reducida, con unas 49 toneladas anuales, pero el caso demuestra que la extracción es técnicamente posible. Además, el pozo mantiene una presión estable desde hace más de una década, un dato que alimenta la idea de que el recurso puede regenerarse bajo tierra si se extrae a un ritmo adecuado.
La analista Kate Adie, de la consultora energética Wood Mackenzie, explicó que el hidrógeno natural puede considerarse renovable desde el punto de vista técnico porque los procesos que lo generan continúan de manera constante. Sin embargo, aclaró que esa condición depende de no extraer más cantidad de la que el subsuelo puede regenerar en el mismo período.
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Pese al entusiasmo, los obstáculos son numerosos. Uno de los principales es legal: pocos países reconocen todavía al hidrógeno blanco como recurso natural dentro de sus marcos regulatorios. Esa falta de definición dificulta la obtención de permisos de exploración, licencias de perforación y financiamiento público o privado. En Alemania, el recurso podría recibir reconocimiento legal durante 2026, lo que abriría una nueva etapa para los proyectos en marcha.
La incertidumbre regulatoria también frena a los grandes inversores. Por ahora, muchas petroleras y gasíferas observan desde afuera mientras startups y equipos científicos asumen el mayor riesgo exploratorio. Según Adie, si alguna empresa emergente logra producir hidrógeno blanco en volúmenes comerciales relevantes, podría iniciarse una carrera global por las zonas de extracción.
El hidrógeno blanco no es todavía una solución masiva ni inmediata. Su potencial depende de resolver preguntas técnicas sobre ubicación de yacimientos, presión, pureza, costos de extracción, transporte, seguridad, impacto ambiental y velocidad de regeneración. Pero su atractivo es claro: si puede extraerse a bajo costo y con baja huella de carbono, podría complementar al hidrógeno verde y reducir la dependencia de métodos más contaminantes.
En un mundo que busca nuevas fuentes de energía limpia, el subsuelo aparece como un territorio todavía poco explorado. El hidrógeno natural combina promesa, incertidumbre y oportunidad: puede ser una herramienta relevante para la transición energética, pero antes deberá demostrar que es explotable a escala, regulable y realmente sostenible.














