
“Hay días que no puedo ni leer”: el relato crudo de vivir con Fibromialgia
Deporte18/05/2026
REDACCIÓNDurante años, Elizabeth Sanz construyó una rutina atravesada por el movimiento. En Puerto Madryn abrió su gimnasio, dio clases, entrenó y participó de carreras de trail y calle con una intensidad que hoy recuerda como parte de otra etapa de su vida. Todo empezó a cambiar en 2018, cuando aparecieron síntomas que primero intentó minimizar y después ya no pudo ignorar.

En el marco del Día Internacional de la Fibromialgia, decidió contar públicamente cómo convive con una condición que todavía genera confusión, incluso dentro del ámbito médico. A sus 54 años, vive en Buenos Aires, continúa haciendo actividad física y sostiene una disciplina que considera indispensable para atravesar los días más complejos.
OTRAS NOTICIAS


Los primeros síntomas aparecieron de forma rápida y desordenada. Al dolor crónico se sumaron problemas visuales, dificultades en el habla, sensibilidad extrema a sonidos, luces y aromas, además de rigidez muscular y espasmos que terminaron afectando su trabajo y su vida diaria. “En un principio fue muy, muy limitante. Lo transité con mucho dolor, mucha angustia”, relató.
Mientras seguía intentando sostener sus clases y entrenamientos, la situación empeoraba. Elizabeth explicó que durante mucho tiempo buscó explicaciones para cada síntoma y continuó exigiéndose físicamente como siempre lo había hecho. Esa autoexigencia terminó teniendo un costo alto y la obligó a frenar por completo una rutina que definía gran parte de su identidad.
OTRAS NOTICIAS
“Tuve que dejar mi actividad laboral porque claramente no podía hacerlo”, recordó sobre el momento en que ya no pudo continuar dando clases. Su gimnasio, Mega Gym, siguió funcionando en Puerto Madryn, pero ella eligió correrse para priorizar tratamientos y reorganizar su vida alrededor del cuidado personal y la gestión del dolor.
Con el tiempo empezó a combinar medicina tradicional con tratamientos alternativos. En Buenos Aires realizó rehabilitación, terapia cognitivo conductual y estudios específicos vinculados a una posible falla mitocondrial. Según contó, el abordaje requiere un seguimiento integral con distintos profesionales y una adaptación permanente a los cambios físicos que aparecen día a día.
OTRAS NOTICIAS
Aunque la fibromialgia todavía no tiene una única forma de manifestarse, Elizabeth explicó que cada paciente atraviesa síntomas distintos y niveles muy diferentes de limitación. En su caso, intenta sostener el movimiento como una herramienta para no quedar atrapada por el dolor. “Trato de que eso no me limite tanto como para que si tengo un día de brote de dolor me quede en cama”, señaló.
La actividad física, sin embargo, ya no ocupa el mismo lugar que antes. Hoy entrena con otra intensidad, redujo la cantidad de carreras y necesita adaptar cada ejercicio según cómo responde su cuerpo. Hay jornadas en las que puede correr y otras en las que apenas logra hacer yoga o ejercicios suaves. Incluso explicó que durante algunas crisis le cuesta leer, seguir conversaciones o mirar una serie completa.
OTRAS NOTICIAS
En una de las carreras recientes eligió competir en una distancia menor a la que acostumbraba años atrás. Corrió siete kilómetros en lugar de quince y sintió que esa decisión también formaba parte de aceptar nuevos límites sin abandonar completamente aquello que disfruta. “Sigo hackeando mi cabeza cuando me dice que no”, contó.
Elizabeth también habló del miedo y la incertidumbre que aparecen antes de cada competencia. En una carrera sufrió un “apagón energético” y debió abandonar, algo que todavía le genera inseguridad. Aun así, insiste en no quedar paralizada por el temor a un nuevo brote o a una recaída física.
OTRAS NOTICIAS
Con el paso del tiempo dejó de ocultar lo que le pasa. Antes prefería callarlo mientras seguía trabajando y entrenando, pero hoy siente que explicar su condición ayuda a quienes la rodean a comprender ciertas situaciones. “Esto no me define. Me reinvento todos los días y trato de vivir lo más plenamente que puedo”, afirmó.
También remarcó que muchas personas atraviesan la fibromialgia en condiciones mucho más difíciles, sin acceso a tratamientos, especialistas o acompañamiento médico. Por eso evita hablar desde un lugar de receta o ejemplo universal. Repite constantemente que solo cuenta su experiencia y que cada paciente vive esta condición de una manera distinta. A pesar del dolor y de los cambios que atravesó en estos años, Elizabeth mantiene una idea que se repite a lo largo de todo su relato: no resignarse completamente a dejar de hacer lo que ama. “No voy a dejar que esta condición me prive de correr y sonreír”, resumió.

















