
Un colchón para la pistola y una valija quemada: la trama de ocultamiento del triple crimen de Varela
Policiales25/05/2026
REDACCIÓNEl acusado Tony Valverde Victoriano confesó ante el juez la logística de acopio de armas y su huida en bote a Perú. Negó los asesinatos de las tres jóvenes.

La orden de ocultar el armamento llegó a través de un mensaje de texto redactado en plena huida hacia la frontera norte del país. El acusado Tony Jenzel Valverde Victoriano instruyó de forma directa a su pareja para que alterara la escena y destruyera elementos valiosos para la causa judicial del triple homicidio. Las pericias telefónicas incorporadas al expediente de la Agencia Noticias Argentinas revelaron la directiva exacta que el imputado envió desde su teléfono celular: “Está la pistola, escondéla en el colchón y la maleta de tu tío quemála”.
La madrugada posterior a los homicidios de Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Gutiérrez expuso los primeros movimientos de la red de encubrimiento en el conurbano bonaerense. El imputado apodado Nero arribó al domicilio del sospechoso junto a Matías Osorio, quien ingresó con las prendas de vestir completamente empapadas para higienizarse y mudarse de ropa. En ese instante de tensión, Osorio intentó entregarle un arma de fuego para que la resguardara en una vivienda vecina, recibiendo una negativa inicial debido al temor de quedar involucrado en un problema de gravedad.
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La reconstrucción del itinerario de fuga determinó que el acusado contrató un servicio de remís en la localidad de José C. Paz para viajar de forma directa hacia la localidad fronteriza de Bermejo. El evadido completó el cruce internacional utilizando un bote informal para luego abonar una suma de 300 dólares en efectivo a un camionero que lo trasladó hasta la ciudad de Lima. La aventura terminó definitivamente a fines de septiembre, cuando las fuerzas de seguridad peruanas concretaron su captura en la zona de Pucusana.
La planificación logística en la vivienda de Florencio Varela incluyó la instalación estratégica de equipos de audio para enmascarar los sucesos que ocurrían en el interior. El principal organizador, Miguel Ángel Villanueva, coordinó el traslado de los sospechosos y sugirió poner parlantes con música a alto volumen para evitar que los vecinos de la cuadra escucharan movimientos extraños. Frente a estas acusaciones, el imputado ensayó una coartada trivial afirmando que esa noche regresó temprano, cenó pollo en un restorán y se dedicó a jugar al videojuego Street Fighter.
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Los encuentros preliminares con dos de las víctimas fatales sucedieron a principios de septiembre en el barrio porteño de Flores. Villanueva ordenó recibir a un cómplice apodado El Gordo y realizar una recorrida por la zona comercial para captar a Morena y Lara. Una semana después de ese primer contacto, el sospechoso volvió a cruzarse con las jóvenes en un boliche bailable del mismo distrito, donde los integrantes de la banda coordinaban la realización de una supuesta fiesta privada.
La captura del prófugo en territorio peruano abrió el proceso de repatriación bajo la modalidad de extradición pasiva ante las autoridades judiciales de ambos países. El imputado aceptó el traslado inmediato a los pabellones de la República Argentina por expresa recomendación de su asesoría letrada particular. El propio detenido justificó su decisión ante el magistrado al explicar que “las cosas en Argentina estaban calientes” y que sentía un miedo profundo por las represalias físicas que podía sufrir en los lugares de alojamiento.
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El periplo del imputado en el territorio nacional comenzó con un ingreso clandestino por los pasos fronterizos que conectan Bolivia con la provincia de Jujuy en octubre de 2024. Un viaje de larga distancia en ómnibus lo depositó en la terminal porteña de Retiro, donde buscó alojamiento informal hasta radicarse definitivamente en el barrio Zabaleta. Para subsistir económicamente durante sus primeros meses en Buenos Aires, el joven se dedicó a la venta ambulante de indumentaria adquiriendo chalinas y prendas de imitación en la feria de La Salada.
El deslinde de las responsabilidades familiares ocupó un tramo central de la comparecencia virtual que el detenido realizó desde el penal de Marcos Paz. El acusado declaró la absoluta inocencia de sus familiares directos, Manuel David Valverde Rodríguez y Luis Alan Valverde Rodríguez, quienes de forma fortuita resultaron salpicados por el hallazgo de sus identificaciones oficiales. El imputado desvinculó a sus tíos aclarando que la documentación confiscada en los procedimientos civiles pertenecía a un trámite migratorio previo para radicarse en el vecino país de Uruguay.
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La declaración indagatoria prestada ante el juez federal número dos de Morón, Jorge Rodríguez, busca atenuar los cargos por asociación ilícita y homicidio calificado. El procesado intentó posicionarse como un simple ayudante subordinado a las directivas de Villanueva, reconociendo los vínculos estrechos pero negando la autoría material de los disparos. La fiscalía evaluará la veracidad de estos dichos confrontando el testimonio con el cruce de antenas telefónicas y las pericias balísticas que acumula el expediente judicial.
Fuente: NA.
















