
El presidente xeneize habló con el plantel luego de la caída ante Universidad Católica, que dejó al equipo fuera de los octavos de la Libertadores.

La eliminación de Boca Juniors en la fase de grupos de la Copa Libertadores dejó una fuerte señal puertas adentro del club. Tras la derrota por 1 a 0 ante Universidad Católica de Chile en la Bombonera, Juan Román Riquelme bajó al vestuario y mantuvo una charla directa con el plantel, en medio de un clima marcado por la frustración y la autocrítica.
El resultado dejó al equipo fuera de los octavos de final del máximo torneo continental y lo envió a disputar los playoffs de la Copa Sudamericana frente a O’Higgins. La caída golpeó fuerte porque Boca llegaba con la obligación de ganar para sostener sus aspiraciones en la Libertadores, pero volvió a mostrar dificultades futbolísticas en una noche cargada de tensión.


Según la información difundida, Riquelme ingresó al camarín inmediatamente después del partido. La reunión se extendió durante casi 20 minutos y tuvo un tono distinto al de otras intervenciones del presidente xeneize. Esta vez no se trató de un mensaje de respaldo general, sino de una conversación atravesada por el malestar que generó el cierre del semestre.
El enojo del dirigente ya se había percibido antes del final del encuentro. Cuando el cuarto árbitro indicó el tiempo de adición, Riquelme abandonó su palco visiblemente molesto. Ese gesto anticipó lo que luego ocurriría en el vestuario, donde decidió hablar sin intermediarios con los futbolistas.
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La charla no estuvo enfocada únicamente en el partido ante Universidad Católica. También incluyó una evaluación más amplia del semestre, que tuvo dos golpes deportivos importantes: la eliminación en el Torneo Apertura y la despedida prematura de la Copa Libertadores. Para la dirigencia, el rendimiento general dejó señales que obligan a revisar decisiones de cara a la segunda parte del año.
En ese contexto, el mensaje de Riquelme apuntó a la necesidad de levantar la imagen, mejorar la actitud colectiva y recomponer la confianza interna. Boca cerró la primera parte de la temporada con una Bombonera colmada de nerviosismo, sin respuestas futbolísticas suficientes y con el objetivo internacional principal ya perdido.
El equipo todavía tendrá competencia continental, pero ya no en el escenario que buscaba. La Sudamericana aparece ahora como el nuevo objetivo deportivo, aunque con un contexto interno más exigente. Los playoffs ante O’Higgins serán el primer paso para intentar sostener protagonismo y evitar que la temporada quede marcada por la frustración.
El futuro del cuerpo técnico también quedó bajo análisis. Claudio Úbeda no tendría asegurada su continuidad una vez finalizado su contrato, por lo que la dirigencia deberá definir si mantiene el rumbo o inicia una nueva etapa. La eliminación aceleró las dudas y dejó instalada la posibilidad de cambios en la conducción.
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Consultado después del partido, Úbeda no quiso asegurar su permanencia. “Siempre dependemos de los resultados, así que no depende de mí el futuro”, expresó. Luego agregó: “Pasan estas situaciones y hay mucho más de cautela y de silencio. Ahora lo vamos a hablar”. Sus palabras reflejaron la incertidumbre que domina el escenario xeneize.
Uno de los pocos jugadores que habló tras la derrota fue Leandro Paredes, capitán y referente del equipo. El campeón del mundo fue autocrítico y reconoció que Boca no cumplió con los objetivos trazados para el semestre. “Los objetivos que teníamos no los logramos. Duele porque teníamos ilusión, muchas ganas de pelear esta competición, la anterior también”, señaló.
Paredes también asumió que el equipo quedó en deuda. “Queda mejorar, hacer autocrítica, no estuvimos a la altura. Hay que pensar en lo que viene”, sostuvo. Al ser consultado sobre la continuidad de Úbeda, evitó involucrarse en una decisión dirigencial: “No sabemos nada de la continuidad de Úbeda, son decisiones que debe tomar el club. No somos quienes tomamos la decisión”.
La eliminación ante Universidad Católica profundizó una sensación de desgaste en Boca. El equipo no solo quedó afuera de la Libertadores, sino que lo hizo después de un semestre irregular y con escasa reacción en los momentos decisivos. Ese cuadro explica la intervención directa de Riquelme, que buscó marcar presencia en un cierre deportivo complejo.
El ingreso del presidente al vestuario también tuvo un valor simbólico. Fue la última reunión importante con el plantel antes del receso por el Mundial y el punto de partida de una revisión que puede incluir cambios en el cuerpo técnico, movimientos en el plantel y una nueva planificación para competir en la Sudamericana.
Boca entra ahora en una etapa de decisiones. La dirigencia deberá definir el futuro del entrenador, evaluar el rendimiento de los futbolistas y rearmar el proyecto deportivo para el segundo semestre. Después de dos eliminaciones dolorosas, el club quedó obligado a reconstruir confianza y recuperar protagonismo en el plano internacional.















