
Una avispa patagónica llega a Uruguay para reducir químicos en manzanos
Actualidad06/06/2026
REDACCIÓNEl INTA Alto Valle exportó 34.700 ejemplares de Goniozus legneri para ensayos de control biológico en frutales uruguayos, con menor uso químico.

Una pequeña avispa nativa producida en Río Negro comenzó a probarse en Uruguay como herramienta para controlar plagas en manzanos. El insecto se llama Goniozus legneri y fue desarrollado por el Centro Multiplicador de Biocontroladores Nativos del INTA Alto Valle. La experiencia marca la primera exportación hacia ese país de un bioinsumo basado en macroorganismos para uso en fruticultura.
Entre diciembre de 2025 y abril de 2026 se concretaron seis envíos desde la Patagonia Norte hacia establecimientos frutícolas uruguayos. En total, fueron remitidos 34.700 individuos destinados a ensayos a campo. La tecnología busca complementar los programas sanitarios ya existentes y disminuir la dependencia de insecticidas de síntesis.


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El desarrollo no surgió como una prueba aislada ni como una solución improvisada. El trabajo sobre este insecto comenzó hace 22 años en la Estación Experimental Agropecuaria INTA Alto Valle. En 2018, la creación del Cemubio permitió ordenar la producción masiva y las estrategias de uso de controladores biológicos nativos.
La investigadora e ingeniera agrónoma Silvina Garrido, responsable del Cemubio, explicó que el biocontrolador ya tiene antecedentes regionales. "Esta tecnología se viene utilizando en la Patagonia Norte con eficacia para el control no solo de grafolita sino también de carpocapsa", señaló. La especialista remarcó que el material exportado fue producido íntegramente en Río Negro y utilizado en cultivos de pomáceas.
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La elección de Uruguay responde a una necesidad concreta del sistema frutícola de ese país. La grafolita y la carpocapsa figuran entre las principales plagas que afectan a los manzanos uruguayos. Aunque más del 60% de la producción utiliza la técnica de confusión sexual dentro de planes regionales de manejo integrado, los investigadores buscan sumar herramientas que refuercen ese esquema.
La investigadora del INIA Uruguay, Valentina Mujica, planteó esa necesidad en términos sanitarios y productivos. "Se hace necesario contar con más herramientas que aporten al control de estas plagas y a la vez permitan disminuir el uso de insecticidas de síntesis", explicó. Su análisis ubica a Goniozus legneri como un complemento dentro de un manejo que combina prácticas biológicas, culturales y tecnológicas.
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El interés de los productores uruguayos también aparece vinculado a la forma en que se organiza la fruticultura local. Mujica indicó que muchos establecimientos son familiares y que quienes producen viven en los mismos predios donde trabajan. En ese contexto, reducir aplicaciones químicas puede impactar tanto en la calidad de la fruta como en la vida cotidiana de las familias rurales.
La misma investigadora sostuvo que existe una demanda activa por este tipo de herramientas. "Los productores de Uruguay, sobre todo los que participan en el plan de manejo, están más que interesados en contar con este tipo de herramientas ya que son conscientes que plagas como estas no se controlan con el uso único de insecticidas", afirmó. La liberación del biocontrolador se complementa con la confusión sexual y el retiro de larvas invernantes.
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La exportación se concretó a través de un proyecto impulsado por Procisur, una plataforma que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. El Grupo de Trabajo en Bioinsumos promovió la validación de tecnologías desarrolladas en cada país para evaluar su desempeño en otras realidades productivas. En ese intercambio surgió la articulación entre el INTA y el INIA para probar el comportamiento del insecto en sistemas uruguayos.
El investigador Federico Rivas Franco, del INIA Uruguay, explicó el sentido de esa validación regional. "En este grupo se planteó la necesidad de validar bioinsumos entre las instituciones para determinar la posibilidad no sólo del uso y aplicación, sino también la adopción por productores e inconvenientes desde el punto de vista logístico para la exportación e importación", indicó. El proceso permitió evaluar no solo la eficacia biológica, sino también el traslado, la recepción y las condiciones de uso en campo.
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El desarrollo del Alto Valle fue el único bioinsumo presentado por el INTA que quedó seleccionado para esta instancia. Silvia López, investigadora del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola del INTA, destacó que "de todas las propuestas tecnológicas de bioinsumos hechas por el INTA para validar en el marco del proyecto Procisur, el único seleccionado fue el desarrollado por el Cemubio, debido a su alto grado de transferencia al sector productivo". Esa selección refuerza el peso de una tecnología patagónica que ya tenía recorrido en chacras regionales.
Antes de enviar los insectos, los equipos debieron cumplir exigencias regulatorias y ambientales en ambos países. López explicó que "en primer instancia cumplimos con todos los requisitos reglamentarios exigidos por diversos organismos en ambos países". También fue necesario ajustar protocolos de transporte para que el material biológico llegara en condiciones adecuadas y pudiera liberarse en los establecimientos seleccionados.
El primer envío se realizó en diciembre de 2025 con la participación de técnicos argentinos que viajaron a Uruguay. Esa presencia permitió coordinar las primeras liberaciones y acordar criterios de evaluación con especialistas locales. Luego, el seguimiento quedó a cargo de los equipos uruguayos, mientras se prevé una nueva visita técnica para analizar resultados preliminares.
Fuente Diario Río Negro













