Una madre vio por las cámaras cómo la niñera golpeaba a su hija en el almuerzo

Policiales12/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La difusión del video de seguridad de una casa de Jesús María expone los riesgos en el cuidado de menores y abre el debate sobre la vigilancia domiciliaria.

Niñiera golpeando
Niñiera golpeando

Un teléfono celular en el horario laboral de una madre se transformó en la ventana hacia una situación de violencia doméstica directa. La pantalla devolvió una imagen nítida que quebró de inmediato la tranquilidad de la jornada de una vecina de Jesús María, en la provincia de Córdoba. A través del sistema de monitoreo remoto instalado en su propia casa, la mujer presenció en tiempo real el maltrato físico que sufría su pequeña hija en el comedor del hogar.

El dispositivo captó el momento exacto en el que los dos niños de la familia almorzaban bajo la supervisión de la cuidadora contratada. El almuerzo transcurría de manera habitual hasta que la encargada de la atención de los chicos reaccionó de forma violenta ante una aparente distracción de la menor. La secuencia guardada en el disco rígido del sistema de seguridad domiciliario se convirtió pocas horas después en la prueba central de una denuncia pública que sacude a la comunidad cordobesa.


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La persona contratada para las tareas de asistencia, identificada por la familia como Julia Ferreyra, llevaba un período de cuatro meses desempeñándose dentro de la vivienda. Durante ese cuatrimestre, la relación laboral se había desarrollado sin alertas previas que hicieran sospechar a los progenitores sobre el trato diario que recibían los menores. La estabilidad del vínculo laboral configuró un escenario de previsibilidad que se desmoronó por completo en los pocos segundos que duró la agresión filmada.

El registro audiovisual muestra cómo la mujer le llamó la atención a la nena con la frase “comé bien”, un imperativo que fue acompañado inmediatamente por un golpe directo en la mano de la víctima. La hostilidad de la secuencia aumentó de nivel casi de inmediato, cuando la cuidadora advirtió que la niña mostraba dificultades o demoras para sostener el utensilio de comida. En ese instante, la agresora le propinó una cachetada directa en el rostro mientras elevaba la voz de manera amenazante.


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El audio de la cámara de seguridad hogareña registró de forma nítida la exigencia de la empleada hacia la menor afectada. “Fran, fran, te estoy hablando, comé la galleta”, exclamó la cuidadora mientras la nena manifestaba un llanto silencioso provocado por el impacto y la sorpresa de la agresión. El choque emocional generó un estado de parálisis temporal en la víctima, quien permaneció inmóvil durante varios minutos antes de poder reincorporarse a la acción de llevarse el alimento a la boca.

Luego de ejercer la violencia física y verbal, la trabajadora interrumpió su atención hacia los menores para concentrar su mirada en su propio teléfono móvil, dejando a los niños en una situación de total vulnerabilidad. Esta conducta combinada entre agresión física y posterior desinterés explícito fue el detonante para que la madre decidiera romper el silencio. La crudeza de las imágenes archivadas motivó una determinación drástica respecto a la privacidad de la estructura familiar afectada.


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La decisión de publicar el material audiovisual en las plataformas digitales implicó un proceso doloroso para los padres, quienes debieron balancear el resguardo de su vida íntima con la necesidad de alertar a otros ciudadanos. La madre de los menores admitió que la difusión de su intimidad familiar no formaba parte de sus planes habituales de exposición pública. Sin embargo, priorizó la seguridad colectiva de los niños de la zona para evitar que la denunciada acceda a puestos similares en otros hogares.

El impacto emocional en el núcleo familiar se tradujo en manifestaciones públicas de dolor y desengaño por parte de la mamá de los pequeños damnificados. La mujer remarcó el valor del hallazgo tecnológico fortuito al señalar que “gracias a Dios que solo fue este tiempo y la vida me demostró la clase de persona que es”. La experiencia dejó una marca profunda en la organización familiar y replantea los criterios de selección de personal doméstico en la región.


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El cierre de la controversia pública se trasladó al plano de las responsabilidades institucionales y legales que deberán determinar el futuro de la acusada. La familia afectada delegó la resolución final del conflicto en las autoridades correspondientes y en instancias superiores de control. El mensaje final de los damnificados sintetiza el desamparo que sienten los padres al afirmar que “solo Dios y la Justicia se encargarán de poner a cada persona con malas intenciones en su lugar”.

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