
Capitales extranjeros toman el control de la mayor exportadora de dulce de leche argentina
Actualidad14/06/2026
REDACCIÓNLa firma San Ignacio se encamina a ser absorbida por un grupo mexicano ante las dificultades operativas que imponen el atraso cambiario y el desplome del consumo interno.

Las variables macroeconómicas de la coyuntura local terminaron por definir el destino de una de las marcas con mayor trayectoria en las cuencas productoras de la región pampeana. Las trabas logísticas derivadas de una cotización de la divisa que complejiza la colocación de mercadería en el exterior, sumadas a la falta de herramientas de financiamiento, aceleraron la transferencia de los activos a manos de corporaciones externas. La contracción sistemática de las compras en las góndolas locales completó un escenario de vulnerabilidad que dejó a los administradores locales sin resto para sostener la estructura de capitales nacionales.
La definición del traspaso societario ingresó en su etapa de resolución definitiva, restando únicamente los pasos administrativos formales para transferir el paquete accionario mayoritario. Uno de los propietarios de la firma de alimentos, Alejandro Reca, confirmó avanzadas negociaciones a punto de cerrarse la semana próxima, entre martes y miércoles, poniendo fin a un ciclo de conducción local que se extendía desde el año 2013. El ingreso del nuevo operador internacional funcionará como un auxilio financiero inmediato para estabilizar el balance de la compañía alimenticia.


El holding adquirente, Mexicana de Industrias y Marcas (MIYM), desembarca con una estrategia de ocupación territorial que excede la absorción de la marca santafesina nacida en la ciudad de Rosario en 1939. La corporación azteca, originaria del estado de Puebla, viene ejecutando un plan de compras consecutivas dentro de las zonas tamberas más importantes de la provincia de Buenos Aires y el territorio santafesino. Con este nuevo movimiento, el grupo mexicano MIYM ya había adquirido otras dos plantas de firmas lácteas argentinas, sumando de forma reciente a las medianas Lácteos Karina y Lácteos Aurora.
El interés de los compradores extranjeros radica en la capacidad logística instalada de la empresa y en su penetración consolidada en los mercados de alta exigencia de otros continentes. La pyme nacional distribuye actualmente el 15% de la producción de dulce de leche a Japón, Nueva Zelanda, Israel, Canadá, Estados Unidos, España, Italia, Francia, Chile, Brasil, Uruguay y Bolivia. Asimismo, el rendimiento en el segmento de derivados de alta especialización resulta determinante, dado que en el queso azul, San Ignacio debarca el 85% y es la segunda exportadora de esa categoría.
Esta operación se inscribe en una tendencia profunda de concentración fabril y extranjerización de las principales marcas del país, en un momento donde los activos locales sufren una depreciación histórica. El fenómeno coincide con las ofertas cruzadas que distintas corporaciones internacionales realizan sobre los remanentes e instalaciones de la golpeada cooperativa SanCor en medio de su proceso judicial. El mapa de la lechería nacional se reconfigura de forma acelerada, desplazando a los operadores tradicionales que dominaron el mercado interno durante el siglo pasado.
El antecedente más inmediato de esta reestructuración sectorial lo protagonizaron los capitales provenientes de Perú, mediante una de las transacciones más abultadas de la historia reciente del sector alimentario. El Grupo Gloria de Perú adquirió el 80% de Saputo Argentina en una operación valuada en US$ 815 millones por el 100%, logrando quedarse con el control de marcas con altísima inserción en el consumo masivo como La Paulina y Molfino. La operación incluyó la transferencia de dos complejos industriales clave y una base de negocios ubicada en territorio brasileño.
Las modificaciones en las posiciones de liderazgo modificaron el podio de los procesadores de materia prima, dejando la punta del negocio en manos de holdings latinoamericanos. Detrás del grupo peruano se ubica Mastellone, controlada en su totalidad por la alianza conformada entre la alimenticia cordobesa Arcor y la multinacional francesa Danone. El resto del procesamiento diario se pulveriza entre medianas firmas que pelean por subsistir, entre las que figuran Punta del Agua, Noal, Adecoagro, Nestlé y la combinación Williner-Ilolay.
La salida de los empresarios argentinos Alejandro Bertin, Diego Temperley y Alejandro Reca marca el fin de un ciclo de innovación que intentó insertar los productos tradicionales en las cadenas de distribución globales. Las marcas de consumo masivo que los compradores explotan en su país de origen, como Delité, Tivoli y La Flor de Xalapa, convivirán ahora con las etiquetas tradicionales del paladar local. El nuevo esquema corporativo redefinirá las condiciones de compra de materia prima a los tamberos de la región centro.
La estrategia de mediano plazo de los compradores busca explotar las ventajas geográficas que ofrece la región para complementar el abastecimiento de sus centros de distribución en Norteamérica. Las autoridades de la corporación mexicana planean aprovechar los ciclos productivos inversos que existen entre México y Argentina para mantener niveles de productos de manera constante durante todo el año. Este esquema permitirá regular los stocks y expandir las operaciones comerciales hacia los mercados de Chile, Colombia y el bloque entero del Mercosur de forma independiente.












