
La orgullosa presencia de Madryn a bordo de la Fragata Libertad, con Milagros García
Enfoques17/06/2026
REDACCIÓNCriada en Puerto Madryn, la guardiamarina en comisión Milagros García completa el viaje de instrucción del buque escuela en los mares del norte, consolidando una herencia familiar ligada a la defensa de la patria.

Las playas y las corrientes del Golfo Nuevo funcionaron como los primeros laboratorios de instrucción náutica para la joven madrynense que hoy representa a la ciudad en los mares del mundo. Durante su adolescencia en la zona costera, el aprendizaje escolar en la denominada “Escuela de la Costa” y la práctica constante de disciplinas como el windsurf y la navegación a vela moldearon una resistencia física particular ante el rigor del clima patagónico. Estas experiencias deportivas en las aguas chubutenses le otorgaron un entendimiento profundo de la meteorología, una cualidad técnica que posteriormente trasladó con éxito a las exigencias profesionales de la carrera militar.
Los mandos de la Flota de Mar, encabezados por el Capitán de Navío Ariel Fernando Gómez Mombello, habían adelantado en conferencia de prensa, sobre la presencia de esta tripulante local en la dotación del buque escuela, un dato que despierta orgullo en la comunidad del golfo. Actualmente, la Guardiamarina en Comisión Milagros García afronta las semanas críticas de exámenes finales en la cubierta de la fragata ARA “Libertad”, en pleno tránsito hacia las costas norteamericanas. "Mi principal expectativa es aprender todo lo que pueda para llegar a mi próximo destino naval con los conocimientos necesarios", afirmó a La Gaceta marinera.


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La travesía académica del buque, conocido históricamente como la “Embajadora de los Mares”, comenzó el pasado 11 de abril e involucra un itinerario global de 16.000 millas náuticas a completarse en cinco meses de navegación continua. La joven madrynense forma parte de la promoción 155° del Escalafón Comando Naval, compartiendo las tareas de los 256 tripulantes del navío. Las rutinas de la cadete alternan las guardias operativas con funciones directas en la administración del material y la conducción del personal de marinería.

La vocación de servicio de la guardiamarina se encuentra anclada a una tradición familiar de tres generaciones que marcaron su destino desde la infancia. El principal referente de su carrera fue su abuelo, un suboficial mayor de la Infantería de Marina que despertaba la curiosidad de la niña mediante relatos de campañas y la exhibición de insignias militares durante los veranos en Mar del Plata. “Mi abuelo representó mi acercamiento más lindo a la Institución”, recordó García con emoción, remarcando que el legado permanece intacto a pesar de que el suboficial falleció mientras ella cursaba el cuarto año de la Escuela Naval Militar.
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La influencia familiar en su decisión de abrazar la vida naval se completa con la figura de su padre, quien cumplió con el Servicio Militar Obligatorio en la base de Puerto Belgrano, y con un hermano que actualmente ostenta el grado de cabo principal. Las cartas de aliento enviadas desde Puerto Madryn antes de soltar amarras en Buenos Aires ratificaron el apoyo de su entorno ante el desafío de pasar meses en alta mar. Para la joven, el sentido de pertenencia a la fuerza se manifestó en hitos sencillos, como haber participado de las jornadas de Puertas Abiertas en el destructor ARA “Sarandí” en los muelles de su propia ciudad.
El rendimiento de la estudiante en los pabellones de la escuela matriz de Río Santiago, en La Plata, le permitió acceder a distinciones institucionales reservadas para los promedios más destacados de la promoción. Durante el ciclo anterior, la madrynense fue seleccionada para integrar la comitiva nacional en el Programa de Intercambio Juvenil desarrollado en la India bajo la consigna ecuménica de "Una tierra, una familia y un futuro". “Fue una experiencia de intercambio cultural único; cada comitiva exponía sus costumbres”, destacó la uniformada al rememorar las jornadas de convivencia con cadetes de Rusia y Estados Unidos en las ciudades de Nueva Delhi y Agra.
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Las aspiraciones profesionales de la guardiamarina mutaron de forma notable a medida que incorporaba conocimientos técnicos en las aulas del instituto militar de Río Santiago. Si bien su deseo inicial al ingresar a la fuerza se limitaba a la navegación de superficie tradicional, el contacto con las diferentes alas operativas despertó su interés por la especialidad aeronaval. La meta inmediata de la uniformada es postularse a los cursos de pilotaje para adquirir la destreza técnica del vuelo, combinando el manejo de las aeronaves con la capacidad de mando que el Estado exige a sus oficiales conductores.

La tripulación de la fragata se completa con oficiales, suboficiales y delegaciones invitadas del Ejército Argentino, la Fuerza Aérea y la Prefectura Naval, además de representantes de marinas extranjeras que comparten la instrucción atlántica. Los instructores del buque escuela supervisan de forma diaria el desempeño de los estudiantes en los diferentes cargos, evaluando la templanza de los futuros oficiales ante situaciones de fatiga y maniobras de riesgo en cubierta. La convivencia prolongada en los espacios reducidos del navío funciona como el filtro definitivo para consolidar el carácter de los mandos del mañana.
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El tramo final del viaje de instrucción representa el preludio del egreso formal de los integrantes del Escalafón Comando, quienes recibirán sus espadas de oficiales al retornar a las dársenas metropolitanas. Con el horizonte de la graduación cercano, la trayectoria de la joven vecina de Puerto Madryn asegura la continuidad de los valores históricos de la gente de mar de la Patagonia. “Ser parte de la Armada significa compartir un amor profundo por la Patria”, concluyó la guardiamarina García, sintetizando la combinación de herencia familiar y excelencia profesional que guiará su futuro desempeño en las bases del país.
Con información de La Gaceta Marinera
















