
Compró un campo en Pilcaniyeu y descubrió un bosque petrificado de 50 millones de años
Actualidad22/06/2026
REDACCIÓNEl hallazgo sorprendió a un propietario de Bariloche y movilizó a especialistas, que relevan troncos fósiles del Eoceno en plena meseta patagónica rionegrina.

Un hallazgo inesperado en un campo de Pilcaniyeu abrió una nueva línea de interés científico en la región andina de Río Negro. Un vecino de Bariloche, que había adquirido recientemente una estancia ubicada a unos 20 kilómetros al sur de esa localidad, encontró restos de un bosque petrificado mientras recorría el predio para abrir nuevos caminos. Lo que al principio podía parecer parte del paisaje rocoso de la meseta terminó revelando troncos fosilizados de unos 50 millones de años.
La aparición de los restos sorprendió incluso en una zona donde ya existían antecedentes paleontológicos. El propietario sabía que ese sector conserva yacimientos importantes, especialmente vinculados con fósiles de plantas e insectos. Sin embargo, la presencia de numerosos troncos de gran tamaño, dispersos sobre la superficie, llevó a dar aviso a la Secretaría de Cultura de Río Negro y a pedir la intervención de especialistas.


El sitio fue evaluado por integrantes del Museo Paleontológico de Bariloche, que se trasladaron hasta el campo para realizar un primer relevamiento. Allí midieron los ejemplares, tomaron fotografías y extrajeron pequeñas muestras para futuros estudios de laboratorio. El trabajo inicial permitió confirmar que no se trataba de troncos aislados, sino de un conjunto con características suficientes para ser considerado un bosque petrificado.
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El paleontólogo del Conicet y presidente de la Asociación Paleontológica Bariloche, Ari Iglesias, explicó la dimensión del descubrimiento y lo diferenció de otros registros previos en la zona. “Teníamos registros de algunos troncos, pero nunca de un bosque tan importante y aun más antiguo. Hay árboles de casi un metro de diámetro y 30 metros de alto. Corresponden a la época en que la Patagonia estaba sumergida en un bosque tropical húmedo”, señaló. La antigüedad estimada ubica estos restos en el Eoceno, dentro del período Terciario.
Hasta el momento, los especialistas identificaron más de 20 troncos de grandes proporciones y con un notable estado de conservación. No se encuentran en posición vertical, sino caídos, expuestos por la erosión del sedimento que los cubría. Según Iglesias, “lo llamativo es que están todos juntos”, un aspecto que permite estudiar el sitio como un antiguo ambiente boscoso y no solo como una acumulación aislada de fósiles.
El contraste entre el paisaje actual y el pasado que revela el hallazgo es uno de los puntos más impactantes. La zona está conformada por rocas volcánicas blancas, capas de ceniza inclinadas y un ambiente de media estepa donde hoy no existen bosques de esas características. En ese escenario seco y abierto, los troncos convertidos en piedra funcionan como testimonio de una Patagonia muy distinta, húmeda, verde y vinculada a condiciones climáticas que ya no existen en la región.
Los primeros análisis de campo permitieron detectar la presencia de coníferas y angiospermas, es decir plantas con flores. Para avanzar en la identificación precisa, los investigadores deberán realizar cortes delgados de las muestras, pulirlos y observarlos al microscopio. Ese procedimiento permite estudiar las células preservadas y determinar a qué especie o familia de plantas pertenecían los ejemplares.
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El estudio completo podría demandar cerca de un año, debido al nivel de detalle que requiere el análisis paleobotánico. Las muestras extraídas son pequeñas y el patrimonio permanece en el lugar, dentro del predio donde fue encontrado. El acceso al área no es sencillo, ya que se trata de una estancia grande y el bosque fósil está ubicado en un sector interno del campo.
La importancia del descubrimiento también está vinculada con la reconstrucción del clima antiguo de la Patagonia. Por la edad de los troncos, los investigadores ya saben que esas plantas no siguen viviendo en la zona de Bariloche. Iglesias explicó que en aquel momento la región tenía características comparables a un ambiente subtropical y que la Patagonia aún mantenía conexión con la Antártida, en un mundo sin hielo permanente.
El hallazgo en Pilcaniyeu vuelve a poner en foco el valor patrimonial y científico de la meseta rionegrina. La presencia de troncos de gran tamaño, su cantidad y su conservación abren la posibilidad de obtener nueva información sobre los ecosistemas que existieron en la Patagonia hace millones de años. Ahora, el desafío será estudiar el sitio, preservarlo y evitar que un descubrimiento excepcional quede expuesto al deterioro o a intervenciones no autorizadas.














