
Rafael Fernández repasó la historia del hotel de Trelew, el vínculo de su familia con el lugar y la celebración prevista para agosto.

El Touring Club de Trelew se prepara para cumplir 100 años con una historia que todavía se cuenta desde adentro. El hotel conserva parte de la vida social, turística y ferroviaria de la ciudad, pero también mantiene una rutina familiar que atraviesa generaciones. Rafael Fernández, uno de sus actuales responsables junto a su hermano Luis, sigue atendiendo el lugar de manera directa y cotidiana.
En una entrevista realizada en el programa Modo17 a través de #LA17, Fernández contó que el trabajo diario en el hotel continúa en manos de la familia. “Con mi hermano estamos los dos en una atención directa acá en el hotel, prácticamente vivimos, nos turnamos, pero si no está él, estoy yo”, explicó. Esa presencia permanente forma parte de una forma de gestión que combina alojamiento, confitería, memoria y atención personal.


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La relación de Fernández con el Touring no empezó como una decisión laboral, sino como parte de su propia biografía. Contó que nació en una habitación del hotel, al igual que su hermano, porque sus padres ya estaban a cargo del establecimiento. “Yo nací acá en el hotel”, recordó al hablar de sus primeros recuerdos en el patio y de la vida cotidiana dentro del edificio.
La historia familiar se enlaza con la llegada de su padre a la Patagonia después de varias etapas de vida. Según relató, había nacido en Asturias, pasó por Cuba, volvió a España, vivió en Buenos Aires y finalmente llegó a Trelew. En la Capital Federal tuvo una confitería cerca del Congreso y con la venta de ese comercio compró la llave del hotel.
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El Touring también conserva una trama anterior a la familia Fernández. Rafael repasó que, en los primeros años de Trelew, la manzana estuvo vinculada al proyecto ferroviario y a hoteles relacionados con el tren. Uno de ellos se llamó Gran Hotel La Estación, otro estuvo ligado al ferrocarril, y hacia 1899 apareció el Hotel El Globo, que recibió a Julio Argentino Roca.
Con el paso del tiempo, el edificio fue cambiando de manos y de administraciones. Fernández mencionó que después llegó Pujol, que recibió la propiedad de la empresa del ferrocarril, y más adelante distintas familias de Trelew estuvieron al frente del hotel. Entre ellas nombró a los García, Espriaz, Fico y Gilardino como parte de una continuidad local que también explica la permanencia del lugar.
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El hotel reunió durante décadas a pasajeros anónimos, vecinos habituales y personalidades reconocidas. Entre los nombres históricos que suelen mencionarse aparecen Julio Argentino Roca, Butch Cassidy, Antoine de Saint-Exupéry, Próspero Palazzo y Juan Manuel Fangio. Fernández también recordó la presencia de Adolfo Pérez Esquivel, escritores y artistas que pasaron por sus habitaciones o por sus salones.
La conservación del edificio es uno de los puntos que más destacan quienes visitan el Touring. Rafael señaló que los turistas extranjeros siempre valoraron los elementos antiguos, mientras que en los últimos años también creció ese reconocimiento entre visitantes argentinos. El patio, la escalera, el café y los salones forman parte de un recorrido que la familia suele explicar como una especie de mini tour interno.
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El hotel tiene hoy capacidad para 70 personas, distribuidas en unas 30 habitaciones. Fernández explicó que originalmente tenía más cuartos, pero no todos contaban con baño privado, ya que algunos sectores compartían servicios en los pasillos. Con su hermano realizaron reformas que redujeron la cantidad de habitaciones, pero permitieron adaptarlas a las necesidades actuales.
La memoria del Touring también aparece en quienes trabajaron durante décadas en el lugar. Rafael recordó a Carlos Mancilla, un mozo que ingresó muy joven y trabajó casi 50 años en el hotel. Además, mencionó a Rubén Picón y César Pérez, con alrededor de 40 años cada uno, como trabajadores reconocidos por la comunidad y por los clientes habituales.
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La antigua vida del comedor sigue presente en los recuerdos de muchas familias de Trelew. Fernández habló de las papas fritas de su madre, Manuela, preparadas de manera artesanal, y de los ravioles de los domingos, que convocaban varios turnos de comensales. En esa época, el menú podía incluir fiambres, sopa, platos principales y postre, dentro de una dinámica muy distinta a la actual.
El centenario tendrá una celebración dentro del propio hotel durante los primeros días de agosto. Fernández todavía no adelantó todos los detalles, pero confirmó que la familia prepara un festejo para marcar el aniversario. El Touring llegará así a sus 100 años con una mezcla de historia pública, recuerdos familiares y presencia cotidiana en el centro de Trelew.
















