
La carne de búfalo comenzó a abrirse paso en el mercado argentino con una estrategia que apunta tanto al consumidor como al sector gastronómico. La marca BUAR, impulsada por la Compañía Federal de Alimentos, inició su comercialización en la Ciudad de Buenos Aires con el objetivo de posicionar esta alternativa como una opción competitiva frente a la carne vacuna.

El proyecto está encabezado por Gonzalo Muruaga, director ejecutivo de la compañía, y Nicolás Binaghi, quienes decidieron apostar por el búfalo de agua (Bubalus bubalis) tras analizar durante varios años las posibilidades del mercado cárnico argentino. Según explicó Muruaga, "El búfalo ya no es una promesa, es una realidad productiva en Argentina".
Uno de los principales argumentos del lanzamiento es el perfil nutricional del producto. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), citado por la empresa, la carne de búfalo contiene un 45% menos de calorías, un 88% menos de grasa total, un 90% menos de grasas saturadas y un 47% menos de colesterol en comparación con la carne vacuna.


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El mismo trabajo también señala que aporta un 11% más de proteínas, un 50% más de hierro y un 17% más de vitamina B12 y fósforo. Para el investigador Sebastián Cunzolo, del Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA Castelar, el perfil lipídico de esta carne favorece la salud cardiovascular al reducir el riesgo asociado a la formación de placas en las arterias y coágulos sanguíneos.
La producción bufalera ya tiene una presencia consolidada en Argentina. El rodeo nacional supera las 200.000 cabezas distribuidas en 20 provincias, mientras que cada año se faenan entre 50.000 y 60.000 animales. El Nordeste Argentino concentra el 86% del stock, con Corrientes como principal provincia productora, seguida por Formosa y Chaco.
Desde el sector destacan que el búfalo aprovecha campos bajos o anegados donde el ganado bovino presenta mayores dificultades para producir. Esa capacidad permite transformar pasturas de menor calidad en proteína animal con menores requerimientos sanitarios y operativos, lo que también influye sobre los costos de producción.
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En las carnicerías y puntos de venta, BUAR ofrece cortes tradicionales como lomo, ojo de bife, entraña, colita de cuadril y picaña. Al tratarse de una carne más magra, requiere tiempos de cocción más breves que los habituales para la carne vacuna.
La empresa decidió salir al mercado con precios entre un 15% y un 20% inferiores a los de la carne vacuna. La estrategia coincide con un escenario en el que el consumo de carne para asado registró una caída interanual del 11,1% durante los primeros cinco meses del año, según los datos citados por la compañía.
Además del mercado interno, la firma proyecta expandir sus ventas hacia Europa y Medio Oriente en una primera etapa, para luego avanzar sobre Estados Unidos y China. La iniciativa busca aprovechar el potencial exportador de una actividad que también cuenta con un cupo específico dentro de la Cuota Hilton y aspira a representar entre el 5% y el 7% del consumo anual de proteínas en Argentina durante la próxima década.





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