
La tecnología antisísmica que Venezuela podría adoptar tras los derrumbes
Actualidad15/07/2026
REDACCIÓNAisladores, disipadores y controles estrictos permiten que una construcción resista terremotos severos sin colapsar y, en muchos casos, continúe operativa.

Los terremotos registrados el 24 de junio en Venezuela dejaron más de 4.700 muertos, además de 856 edificios afectados y 190 colapsados, según el balance oficial citado en el informe. La magnitud de la destrucción volvió a instalar una pregunta central: por qué algunas estructuras permanecen en pie y otras se derrumban por completo. Las experiencias de Chile, Japón y Perú muestran que la tecnología existe, pero debe estar acompañada por controles rigurosos.
La ingeniería sismorresistente tradicional admite que una construcción pueda sufrir daños importantes durante un terremoto severo. Sin embargo, exige que el edificio no colapse y permita que sus ocupantes puedan evacuar. El ingeniero chileno Juan Carlos de La Llera explicó que la estructura puede quedar inutilizada, pero “no puede colapsar”.


La mirada más moderna pretende ir todavía más lejos y conservar el edificio prácticamente sin daños. Este sistema busca que hospitales, aeropuertos y otras instalaciones continúen funcionando después del movimiento. Para lograrlo se utilizan aisladores sísmicos y disipadores de energía, capaces de reducir entre ocho y diez veces el desplazamiento de una estructura.
Los aisladores se colocan entre los cimientos y el resto de la construcción, como si el edificio estuviera apoyado sobre patines. Están formados por capas de goma y acero que permiten el movimiento horizontal, pero mantienen una gran rigidez vertical. De La Llera los describió como “un patín, muy flexible horizontalmente, pero muy rígido verticalmente”.
Cuando el suelo se mueve, la construcción puede desplazarse de manera controlada sin recibir toda la energía del terremoto. El sistema evita que la vibración pase directamente desde la base hacia los pisos superiores. “Si el edificio ‘patina’ respecto de la base, el terremoto no es capaz de introducirle energía adentro”, explicó el especialista.
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Los disipadores de energía cumplen una función similar a la de los amortiguadores de un automóvil. El edificio permanece unido al suelo, pero los dispositivos absorben parte de la energía cuando los pisos comienzan a oscilar. Esto reduce las deformaciones y evita que los daños se concentren en columnas, vigas o uniones.
La Torre Costanera Center, de Santiago de Chile, es uno de los ejemplos más conocidos. El edificio tiene 62 pisos y 300 metros de altura y soportó el terremoto del Maule de 2010, de magnitud 8,8. Según el ingeniero Eduardo Kausel, atravesó aquel sismo “sin grietas ni daño ninguno”.
La resistencia no depende únicamente de dispositivos modernos, sino también de la calidad de los materiales. El hormigón debe contener una cantidad adecuada de barras de acero, estribos y elementos capaces de mantener unida la estructura. Kausel explicó que la enfierradura permite que el material se deforme sin romperse como si fuera vidrio.
También resulta determinante la unión entre el hormigón y el acero. Si las barras no tienen estrías, si el concreto contiene demasiada agua o si no fue correctamente compactado, el acero puede deslizarse y dejar de cumplir su función. El experto advirtió que “las normas están para ser cumplidas y no son decoración”.
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Otro riesgo aparece en los edificios con un primer piso abierto o flexible, habitual en locales comerciales y estacionamientos. La ausencia de muros resistentes en la planta baja concentra allí el movimiento y puede provocar el derrumbe de los niveles superiores. Kausel recordó que esta falla se observó repetidamente durante los terremotos de Turquía.
El suelo también modifica la intensidad del movimiento. Los terrenos blandos pueden amplificar las ondas, producir resonancia o sufrir licuefacción cuando están saturados de agua. De La Llera comparó este efecto con una gelatina que se mueve mucho más que el recipiente que la contiene.
En Venezuela, los expertos observaron imágenes compatibles con problemas de construcción y falta de confinamiento del hormigón. Algunos edificios mostraron pisos apilados unos sobre otros, una modalidad de derrumbe conocida como falla de panqueque. De La Llera afirmó que “eso es netamente una falla estructural”.
Kausel también señaló la presencia de barras de acero expuestas, sin restos de hormigón adheridos. Para el especialista, esa imagen puede indicar una mala unión entre ambos materiales o una preparación deficiente del concreto. “Para mí obviamente hay defectos de construcción”, sostuvo tras analizar los registros del desastre.
Chile extendió el uso de aisladores sísmicos especialmente en hospitales, debido a que deben permanecer operativos después de un terremoto. Perú incorporó más de mil dispositivos en el nuevo terminal del aeropuerto internacional de Lima. En Japón, estos sistemas forman parte habitual de numerosos edificios construidos en zonas expuestas a movimientos frecuentes.













