
La selección española de fútbol: del estilo 'Furia' al 'juego preciosista' en un siglo
Deporte18/07/2026
REDACCIÓNEvolución de la identidad de la Roja, de sus orígenes en los Juegos de Amberes 1920 al juego estético elogiado por el Rey Felipe VI.

El Rey Felipe VI, en el año 2010, elogió la nueva identidad de la selección española de fútbol durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. El monarca destacó los valores de «voluntad y tesón, máxima deportividad, humildad, y un juego en el que los rasgos colectivos del fútbol se engrandecían con la ilusión, el talento y la belleza». Estas cualidades fueron fundamentales para la victoria final del equipo, que fue alabado en todo el mundo por su desempeño.
Esta transformación marcó el fin de una era para el seleccionado, que durante casi un siglo fue conocido como «La Furia». La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) detalla este cambio en un artículo de su sitio oficial titulado «Nacimiento, auge y final del término Furia española». Este concepto, que evocaba un estilo de juego basado en la garra y el pundonor, fue progresivamente reemplazado por una propuesta más preciosista.


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El origen de «La Furia» se remonta a los Juegos Olímpicos de Amberes en el año 1920, donde la selección hizo su debut. Un episodio emblemático de aquella época involucra al futbolista Belauste durante un partido contra Suecia. Se le atribuye la famosa frase «¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!», que encapsulaba la esencia de ese estilo aguerrido.
De la jugada iniciada por Sabino nació un gol que llevó a Belauste y a tres jugadores suecos dentro de la portería, un fiel reflejo de la intensidad española. En aquel entonces, la selección era considerada «el fantasma del football olímpico», según describían los periodistas que cubrían los Juegos. Este sobrenombre fue adoptado sin dudar, marcando la identidad del equipo por muchos años.
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El nombre «Furia Española» también tenía profundas raíces históricas, rememorando el saqueo de Amberes por las tropas de Felipe II en 1576. Este concepto se entrelazaba con el contexto político de la época, ya que en los años 20, la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-30) también promovía valores similares. La imagen de un fútbol de entrega, más que de un estilo depurado, persistió en el imaginario colectivo.
Por otra parte, durante la II República, esta ideología se mantuvo vigente, evidenciada en partidos como la «batalla de Florencia» contra los italianos en el Mundial de 1934. Asimismo, a lo largo del franquismo, la Furia española continuó siendo un pilar de la identidad futbolística nacional. El sitio de la RFEF subraya cómo este enfoque predominó durante varias décadas en la historia del deporte.
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El Mundial de Brasil 50, donde la selección española consiguió un histórico cuarto puesto, fue instrumentalizado por el aparato propagandístico franquista. La victoria sobre Inglaterra, sellada con un gol de Zarra, fue interpretada como una revancha simbólica a la Armada Invencible. Para el régimen de Franco, el equipo nacional se convirtió en un socio clave para exaltar la furia española y el concepto de la madre patria.
El historiador Alejandro Quiroga Fernández de Soto explica en una entrevista que la repetición de este mito funciona porque su mensaje es efectivo para periodistas y la clase política. Incluso en plena Democracia, el concepto de «Furia» mantuvo su relevancia, como lo demuestra el recordado triunfo por 12-1 frente a Malta. En ese marco, a partir del 2008, con los cambios políticos y un nuevo paradigma de juego, el término comenzó a desaparecer.
Los periodistas italianos, por ejemplo, ya habían interpretado la victoria española ante la URSS en la final de la Copa de Europa de Naciones de 1964 como un triunfo de esa misma «furia española». Este concepto entrañable fue eventualmente reemplazado por una visión que prioriza la belleza estética del juego y un planteamiento táctico más cerebral. Así, la entrega y la garra, aunque importantes, se aunaron con una búsqueda de la inteligencia en el campo.














