
Santiago Nicolás Medina encontró en el boxeo una profesión después de transitar distintos caminos deportivos. Nacido en Buenos Aires en 1990, pasó por natación, karate y futsal antes de darle forma a una decisión que terminaría cambiando su vida. Hoy, bajo el apodo de “Cuchi”, sostiene una carrera profesional que lo llevó hasta Estados Unidos.




Su primer acercamiento con el deporte de los guantes ocurrió mucho antes de imaginar una carrera profesional. Cuando tenía cinco años, su padre le regaló un muñeco de plástico con peso en la base y un par de guantes de boxeo. Aquel juguete se convirtió en una primera aproximación a una disciplina que años después ocuparía un lugar central en su vida.
La decisión llegó durante su juventud. Con 18 o 19 años, mientras trabajaba y tenía posibilidades de continuar creciendo laboralmente, Medina eligió otro camino. “Quiero, deseo ser un boxeador profesional”, se propuso entonces, dando inicio a una trayectoria que comenzó en distintos gimnasios de Buenos Aires.
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Entre esos primeros escenarios estuvo la Federación de Boxeo ubicada sobre Castro Barros, un espacio por el que pasaron importantes representantes del pugilismo argentino. En esa etapa también recibió el acompañamiento de su familia, especialmente de su abuelo paterno Pocho y, en distintas oportunidades, de su abuelo materno Ricardo.
El vínculo familiar con el boxeo tenía además un antecedente. Ricardo tenía un hermano, Abelardo Gutiérrez, señalado como el primer boxeador de la familia. Esa historia terminó formando parte del camino que Medina comenzó a construir por cuenta propia dentro del deporte.

Puerto Madryn apareció posteriormente como una nueva estación para su carrera. El boxeador se trasladó a la ciudad del Golfo, donde encontró las condiciones para consolidarse durante sus años de amateur. Allí formó parte de la Escuela de Boxeo Osvaldo Romero, bajo la conducción de David Grilli, y contó con Marito como integrante de su esquina.
Ese período fue determinante para completar su formación antes de dar el salto profesional. El trabajo cotidiano en el gimnasio, la competencia y el acompañamiento de su equipo le permitieron construir una base que luego trasladaría a escenarios de mayor exigencia. Puerto Madryn quedó así vinculada directamente con una parte fundamental de su recorrido deportivo.

El paso al profesionalismo terminó convirtiendo aquella decisión juvenil en una realidad. Medina continuó su carrera desde Chubut hasta proyectarse fuera del país, con una meta que comenzó a tomar otra dimensión cuando apareció la posibilidad de competir en Estados Unidos.
Los Ángeles, California, representó uno de los principales puntos de esa expansión internacional. Allí disputó tres combates profesionales y consiguió resultados positivos en todos ellos, sumando experiencia frente a un mercado considerado uno de los grandes centros mundiales del boxeo.
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La actividad internacional también lo llevó a Colombia durante este año. En ese escenario volvió a ganar y agregó otro nocaut a su recorrido profesional. Cada presentación le permitió ampliar su experiencia y mantener vigente el objetivo que había comenzado a perseguir muchos años antes.
El crecimiento deportivo convive con una nueva preocupación por el futuro. Medina ya piensa en lo que ocurrirá cuando llegue el momento de dejar los guantes y busca prepararse para continuar ligado al boxeo desde otra función. Por ese motivo, actualmente también se encuentra capacitándose en Estados Unidos.

Su historia deportiva conserva, además, una fuerte relación con los vínculos que acompañaron cada etapa. Familiares, entrenadores y compañeros de esquina aparecen como parte de un recorrido que comenzó con un muñeco de plástico en la infancia y terminó llevándolo a combatir en la meca estadounidense del boxeo.
Ahora el objetivo pasa por seguir sumando experiencia dentro del ring mientras construye herramientas para la etapa posterior a su carrera profesional. Santiago “Cuchi” Medina ya cumplió aquella promesa que se hizo de joven: convertirse en boxeador profesional. Su próximo desafío será decidir cómo prolongar ese vínculo con el deporte cuando llegue el momento de colgar los guantes.













