La producción industrial cayó 10,2% y se perdieron 97.312 empleos desde 2023

Actualidad01/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

CEPA advierte por la caída de la industria argentina, la pérdida de 97.312 empleos, el cierre de empresas y el récord de importaciones de consumo.

Industria argentina. Foto SanCor
Industria argentina. Foto SanCor

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado de cara al Día de la Industria del 2 de septiembre, trazó un panorama de fuerte deterioro para la industria manufacturera nacional a dos años y medio del inicio del gobierno de Javier Milei. El estudio reúne indicadores de actividad, producción, capacidad instalada y empleo, analiza el crecimiento de las importaciones y releva cierres, despidos y paralizaciones de plantas en distintos sectores del país.

Los datos de actividad constituyen uno de los primeros elementos utilizados por CEPA para describir esa situación. De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC, la industria acumuló durante los primeros seis meses de 2026 una caída interanual de 1,9% y su nivel promedio desde diciembre de 2023 hasta junio de 2026 resultó 8,1% inferior al promedio comprendido entre enero de 2022 y noviembre de 2023.


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El Índice de Producción Industrial Manufacturero ofrece una señal similar. Durante el primer semestre de 2026, la producción se ubicó 2,2% por debajo del mismo período de 2025, mientras que la comparación entre el promedio de diciembre de 2023 a junio de 2026 y el correspondiente a enero de 2022-noviembre de 2023 arroja una diferencia negativa de 10,2%. A eso se suma una utilización de la capacidad instalada de apenas 59,1% en junio, equivalente a cuatro de cada diez máquinas industriales sin utilizar.

La caída, según el estudio, se distribuye además entre prácticamente todas las ramas manufactureras. Frente a junio de 2023, solamente refinación de petróleo, con un aumento de 5,2%, y alimentos y bebidas, con una mejora marginal de 0,3%, elevaron la utilización de sus instalaciones. Los retrocesos más pronunciados correspondieron a la metalmecánica excluida la actividad automotriz, con 30,9%, y a los productos minerales no metálicos, con 30,4%.


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La contracción productiva tuvo también un correlato directo sobre el empleo y la cantidad de empresas. Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo procesados por CEPA muestran que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas industriales pasó de 1.215.092 a 1.117.780. En ese período desaparecieron 97.312 puestos industriales registrados, una reducción del 8%. Paralelamente, las industrias manufactureras con trabajadores registrados bajaron de 49.622 a 45.602, lo que representa 4.020 empleadores menos y una contracción de 8,1%.

CEPA incorporó además una comparación internacional utilizando información de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Entre 2023 y 2025 la actividad industrial argentina cayó 7,9% y registró el segundo peor desempeño dentro de un grupo de 56 economías analizadas, solamente por encima de Hungría. El documento contrapone ese resultado con las expansiones registradas durante el mismo período en países de la región como Brasil, Chile, Perú y Uruguay.


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Otro de los ejes centrales del informe es la evolución de las importaciones de bienes destinados al consumo final. Durante los primeros seis meses de 2026 ingresaron productos por USD 5.362 millones, el mayor monto para un primer semestre desde el inicio de la serie analizada. El crecimiento frente a 2025 fue de apenas 1,8%, pero se produjo después de que el año anterior las importaciones hubieran aumentado 73,5% y alcanzado USD 5.267 millones. En los últimos doce meses móviles, las importaciones de bienes de consumo totalizaron USD 11.496 millones.

La composición de ese aumento expone qué ramas recibieron una mayor presión de los productos provenientes del exterior. Al comparar el primer semestre de 2026 con igual período de 2023, las importaciones de electrodomésticos, baterías y lámparas aumentaron 109,2%; las prendas de vestir, 86,3%; motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte, 67,6%; alimentos, 51,9%; y productos farmacéuticos, 27%. Esos cinco grupos concentraron por sí solos el 45,5% de las importaciones de bienes finales de la primera mitad de 2026.

El Observatorio de Conflictividad de CEPA agregó a los indicadores generales un relevamiento de 180 situaciones empresariales registradas entre enero y agosto de este año. Las PyMEs concentraron 98 episodios, equivalentes al 54,4%; las grandes compañías nacionales explicaron 26,7%; los conglomerados extranjeros, 15%; y los grupos económicos locales, 3,9%. Más de la mitad de los conflictos relevados se produjo, por lo tanto, dentro del universo de las pequeñas y medianas empresas.

Por actividad, alimentos y agroindustria encabezaron el registro con 38 casos, el 21,1% del total. La industria metalúrgica y automotriz sumó 36, equivalente al 20%; textiles, calzado y cuero alcanzaron 34, un 18,9%; electrónica, electrodomésticos y tecnología representaron 13,9%; y química, petroquímica, plásticos y farmacéutica, otro 11,1%. Las tres primeras ramas reunieron seis de cada diez situaciones de conflictividad relevadas por el observatorio.

La clasificación por tipo de conflicto muestra también la profundidad de los problemas registrados. Los despidos encabezaron la lista con 53 casos, el 29,4%, seguidos por 46 cierres de plantas, equivalentes al 25,6%, y 28 situaciones caracterizadas como crisis empresariales, con 15,6%. También se contabilizaron concursos preventivos, plantas paralizadas, suspensiones, quiebras, retiros voluntarios y riesgos de cierre. Despidos y cierres representan conjuntamente el 55% de los 180 casos analizados.

La metalurgia aparece entre las ramas con dificultades más visibles. El informe cita datos de ADIMRA según los cuales la producción sectorial se encontraba en julio casi 20 puntos por debajo de 2023 y acumulaba una caída de 5,5% durante los primeros siete meses de 2026. Entre los casos mencionados están el cierre de José Cascasi y Cía. en Tigre, los despidos de alrededor del 70% del personal de Metalfor en Noetinger y el concurso preventivo de Faraón Hogar. El documento muestra así cómo la retracción alcanza tanto a fabricantes vinculados con grandes cadenas industriales como a PyMEs orientadas al mercado interno.

Uno de los cuadros más severos corresponde a la actividad textil. El promedio de su Índice de Producción Industrial entre diciembre de 2023 y junio de 2026 resultó 21,6% inferior al registrado entre enero de 2022 y noviembre de 2023. CEPA menciona el cierre de las plantas de Will Der en General Pacheco y Las Flores, con 120 despidos; el concurso preventivo de Fisipa en La Plata; la situación financiera de Texilo en Santa Fe; y ocho despidos en Tejica, Catamarca. En el caso textil, el estudio vincula los problemas empresariales con la combinación entre caída del consumo interno y crecimiento de las importaciones.

La cadena automotriz presenta asimismo un promedio productivo 10,5% inferior al período tomado como referencia anterior a diciembre de 2023. El informe menciona el cierre de la planta de Cabot en Campana después de más de seis décadas, con más de 150 trabajadores despedidos; el final de la producción nacional de la Citroën Berlingo en El Palomar; y las suspensiones parciales implementadas por ZF Argentina en San Francisco, Córdoba. En esta última compañía, las paradas alcanzaron a 340 trabajadores y fueron atribuidas al crecimiento de las importaciones de amortiguadores chinos y a la caída de las ventas.

El sector forestal, papelero y gráfico tampoco quedó al margen. Su producción promedio entre diciembre de 2023 y junio de 2026 fue 11,6% inferior a la del período enero de 2022-noviembre de 2023. El relevamiento incluye el cierre anunciado del aserradero Linor, con 130 trabajadores afectados, la etapa final de la quiebra de la histórica Citanova y la prolongada paralización de Forestal Tapebicuá, cuya situación mantiene en incertidumbre a más de 500 trabajadores. El retroceso sectorial combina menores niveles de producción con cierres, concursos y establecimientos que permanecen sin actividad.

Todavía más pronunciado resulta el deterioro que el CEPA identifica en la construcción y sus industrias asociadas. El promedio desestacionalizado del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción entre diciembre de 2023 y junio de 2026 quedó 26% por debajo del promedio enero de 2022-noviembre de 2023. El informe relaciona esa dinámica con la fuerte reducción de la obra pública y el incremento del costo en dólares de la construcción privada, y cita como casos empresariales el concurso preventivo de Esuco y la quiebra de Pisi SRL. Entre las actividades estudiadas en profundidad por el documento, la construcción presenta la caída comparativa más pronunciada.

La producción química muestra una disminución menor en términos relativos, aunque también permanece por debajo de los niveles previos. El promedio de la división “Sustancias y productos químicos” entre diciembre de 2023 y junio de 2026 se ubicó 6,5% por debajo del período enero de 2022-noviembre de 2023. CEPA incorpora los conflictos de Laboratorios Pyam, en Gualeguaychú, y Cascia, en Pilar, vinculados con despidos y reducción de personal. La diversidad geográfica y sectorial de los casos relevados es uno de los argumentos utilizados por el centro para sostener que el problema excede situaciones empresariales aisladas.

El último tramo del estudio se concentra en las políticas públicas aplicadas desde diciembre de 2023. CEPA incluye entre las decisiones que considera perjudiciales para el aparato productivo la suba inicial del Impuesto PAIS para insumos importados, los incrementos tarifarios de electricidad y gas, la derogación de la Ley de Compre Nacional y la eliminación del Programa de Desarrollo de Proveedores mediante el DNU 70/2023. El informe sostiene que estas modificaciones redujeron instrumentos que garantizaban demanda, financiamiento, asistencia técnica y participación de proveedores nacionales en cadenas industriales estratégicas.

A esa lista suma la derogación de la Ley 21.608 de promoción industrial, la eliminación de licencias de importación y diferentes reducciones arancelarias. Entre ellas menciona la baja de 35% a 20% para heladeras y lavarropas, de 35% a 16% para neumáticos, de 12,6% a 6% para determinados insumos plásticos y la reducción al 12,6% de los aranceles correspondientes a 29 bienes de capital. CEPA cuestiona además los cambios planteados sobre el régimen antidumping y la discontinuidad de líneas de financiamiento productivo del Banco Nación y el BICE. La apertura comercial y el retroceso del crédito productivo aparecen, en la lectura del centro, como dos componentes simultáneos del cambio de orientación industrial.

El informe pone también el foco sobre los organismos estatales vinculados con el sector productivo. Señala que el INTI perdió 854 trabajadores desde fines de 2023 hasta junio de 2026 y recuerda que alrededor del 80% de sus tareas estaban dirigidas a PyMEs; asimismo, cuestiona el cierre de la Secretaría PyME dispuesto en agosto de 2025. CEPA advierte que la reducción de capacidades técnicas estatales puede afectar la asistencia tecnológica, la certificación de calidad, la mejora de procesos y el desarrollo de productos nacionales con mayor valor agregado.

La reducción presupuestaria completa ese diagnóstico. En términos reales y comparando enero-julio de 2026 con el mismo período de 2023, el estudio calcula caídas de 49,9% para el INTI, 21,4% para el INTA, 49,5% para el Instituto Nacional de Semillas, 64,5% para el Instituto Nacional del Agua y 77,3% para la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, entre otros organismos. Para CEPA, la combinación entre menor demanda interna, récord de importaciones de consumo, pérdida de empresas y empleo y reducción de instrumentos de política productiva deja a la industria argentina con menores capacidades para competir y recuperar actividad.

El documento cierra recordando que la industria manufacturera representa alrededor del 18% del PIB argentino, concentra aproximadamente la mitad de la inversión empresarial en investigación y desarrollo y genera unos 2,5 millones de puestos de trabajo directos. Desde esa perspectiva, el CEPA plantea que el deterioro registrado desde fines de 2023 no se limita a una caída coyuntural de producción, sino que involucra empleo, capacidad instalada, empresas, inversión tecnológica y posibilidades futuras de expansión del entramado manufacturero.

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