
Buscan limitar las embarcaciones para proteger la fauna marina del Golfo Nuevo
Turismo03/09/2026
REDACCIÓNCarolina Larracoechea explicó en #LA17 cómo buscan ordenar el uso del espacio marítimo, proteger la fauna libre y controlar servicios ilegales.



Una embarcación particular que se mete en medio de una manada de delfines durante una actividad de alimentación sirve como ejemplo de los problemas que buscan evitar en el Golfo Nuevo. La situación no solo afecta a la fauna, sino que también expone a pasajeros a servicios sin controles ni cobertura. Ordenar la navegación, fiscalizar las actividades turísticas y proteger a los animales aparecen así como partes de una misma discusión.
Carolina Larracoechea habló sobre esta situación en #LA17 y explicó que dentro del mar también existen normas que deben respetarse. “Si bien sabemos que dentro del agua no hay semáforos, hay reglas que hay que cumplir”, sostuvo durante la entrevista. La especialista planteó que el objetivo de los controles no es impedir la navegación, sino establecer pautas para quienes desarrollan actividades vinculadas con fauna marina.


OTRAS NOTICIAS:
Uno de los puntos que genera preocupación está relacionado con las embarcaciones que realizan avistajes por fuera de los circuitos autorizados. Larracoechea señaló que quienes contratan esos servicios muchas veces desconocen que se trata de una actividad ilegal. También remarcó que esa situación puede convertirse en un problema concreto para los pasajeros si ocurre un accidente durante la navegación.
La diferencia aparece también en las condiciones de seguridad que deben cumplir los operadores registrados. “Nosotros los que estamos registrados tenemos una serie de ítems y de protocolos que cumplir”, explicó la entrevistada. Entre esos requisitos mencionó capacitación en RCP, entrenamiento del personal y procedimientos para responder ante distintas situaciones que pueden producirse en el mar.
OTRAS NOTICIAS:
La cuestión ambiental se suma a la discusión económica que atraviesa a las actividades náuticas. Una embarcación que ingresa sin autorización a una zona de avistaje puede alterar el comportamiento de los animales y, al mismo tiempo, competir con operadores que cumplen las exigencias establecidas. Para Larracoechea, el ordenamiento debe contemplar ambas situaciones sin perder de vista el carácter natural de los espacios utilizados.
El snorkeling con lobos marinos es otra de las actividades que requiere regulación. La entrevistada recordó que “el snorkeling con lobos es una actividad legal, está reglamentada desde el año 2017 que salió la ley”, aunque planteó la necesidad de establecer un esquema que permita controlar su funcionamiento. En la reserva ya existe una cantidad determinada de operadores y los tiempos de permanencia se organizan de acuerdo con las condiciones de la marea.
OTRAS NOTICIAS:
Ese límite adquiere importancia por la cantidad de embarcaciones que podrían concentrarse en un mismo sector. Actualmente son nueve operadores los que desarrollan la actividad en ese espacio, con turnos que permiten distribuir el ingreso. “No puede ir 25 embarcaciones, porque no sería el fin de la actividad, que es una zona prístina, con poca gente y demás”, afirmó Larracoechea.
La regulación, además, podría incorporar mecanismos como una licitación para determinadas prestaciones vinculadas con el snorkeling y el buceo con lobos. La entrevistada consideró positivo que el sistema avance hacia un esquema formal que permita establecer obligaciones claras para quienes trabajan en la reserva. La intención, según explicó, consiste en encontrar un equilibrio entre el aprovechamiento turístico y las condiciones necesarias para que los animales no sufran una presencia humana excesiva.
El debate alcanza también a una actividad que todavía no cuenta con una habilitación general: el snorkeling con ballenas. Larracoechea manifestó una postura favorable y sostuvo que existen experiencias internacionales con distintos cetáceos. “Yo estoy re a favor del snorkeling con ballenas”, afirmó en #LA17, al explicar que en otros lugares del mundo ya existen prácticas de interacción controlada, incluso con orcas.
La referente vinculó esa posibilidad con una situación que, según describió, ya ocurre de manera informal mediante grupos de filmación. Fotógrafos y equipos audiovisuales realizan inmersiones en presencia de ballenas bajo figuras específicas, aunque el animal no distingue si quien está en el agua pertenece a un grupo de filmación o participa de otra actividad. “La ballena no sabe si vos sos fotógrafo o no”, señaló.
Por ese motivo, cualquier eventual autorización debería contemplar pautas estrictas de comportamiento y conocimiento de la fauna. Larracoechea consideró que quienes desarrollen este tipo de experiencias deberían contar con formación específica como guías balleneros y reconocer situaciones en las que no corresponde ingresar al agua. “No te vas a meter a hacer esta actividad en un grupo de cópula”, explicó, además de mencionar como otro caso sensible la presencia de una madre junto a una cría recién nacida.
La discusión queda así vinculada a la forma en que Puerto Madryn puede desarrollar sus actividades náuticas sin convertir los espacios de fauna en lugares de concentración permanente de embarcaciones. El control sobre los prestadores, la seguridad de los pasajeros y el comportamiento frente a los animales forman parte de una misma necesidad regulatoria. Para quienes trabajan en el sector, el desafío inmediato pasa por establecer límites que permitan sostener las actividades sin perder las condiciones naturales que les dan sentido.















