La inteligencia artificial abre un debate entre sus riesgos, sus límites y nuevas oportunidades

Enfoques14/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Las advertencias de referentes tecnológicos volvieron a poner en discusión el control de la IA, mientras especialistas plantean aprovechar sus posibilidades.

Diego Torres
Diego Torres

La inteligencia artificial volvió a quedar en el centro de la discusión a partir de las advertencias formuladas por algunos de los principales referentes de la industria tecnológica. El debate combina preocupaciones sobre el control de estas herramientas con una pregunta cada vez más concreta: cómo incorporar la IA a la vida cotidiana sin delegar completamente en ella decisiones, conocimientos o responsabilidades humanas.

El tema fue analizado durante una entrevista realizada en #LA17, donde Diego Torres abordó las recientes declaraciones de Darío Amodei, CEO y fundador de Anthropic, empresa vinculada al desarrollo de Claude. El empresario planteó públicamente la necesidad de comenzar a establecer mecanismos de regulación para una tecnología cuya evolución resulta cada vez más difícil de anticipar.


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La posición de Amodei tuvo además repercusiones entre otros referentes del sector. Elon Musk manifestó su acuerdo con la necesidad de avanzar sobre algún tipo de regulación, mientras que Sam Altman, titular de OpenAI, también se expresó en una línea coincidente. La coincidencia entre empresarios que compiten dentro del mismo mercado abrió nuevas interpretaciones sobre los intereses económicos, tecnológicos y geopolíticos que atraviesan la discusión.

Uno de los puntos centrales pasa por determinar qué significa realmente que una inteligencia artificial pueda resultar difícil de controlar. En la entrevista de #LA17 se explicó que parte de la preocupación está vinculada con el crecimiento de las capacidades denominadas agénticas, mediante las cuales determinados sistemas pueden ejecutar acciones, tomar decisiones dentro de ciertos parámetros y resolver objetivos sin una intervención humana permanente.


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“La capacidad agéntica, que es la capacidad de tomar decisiones que tienen estas herramientas, es muy importante”, explicó Diego Torres durante la conversación. A su entender, el problema no pasa solamente por la sustitución de determinadas tareas laborales, sino por comprender qué tipo de sistemas se están construyendo y qué grado de autonomía pueden alcanzar.

La discusión también alcanzó a los denominados experimentos de seguridad o entornos controlados. Durante la entrevista se mencionó un caso en el que una inteligencia artificial fue colocada dentro de un entorno cerrado, conocido como sandbox, con determinadas restricciones. El sistema habría encontrado mecanismos para escapar de esas condiciones y acceder a otros recursos, situación que fue presentada como uno de los ejemplos utilizados para discutir los límites de estas tecnologías.


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Otro aspecto señalado fue el fenómeno conocido como “alucinación”, que ocurre cuando una herramienta de inteligencia artificial produce información incorrecta o inexistente con apariencia de respuesta válida. Para Diego, uno de los problemas consiste en que los usuarios tienden a interpretar estos sistemas como si fueran personas capaces de razonar de la misma manera que los seres humanos.

“La IA no es humana, no tiene nada que ver”, sostuvo durante la entrevista en #LA17. La explicación apuntó a que estos sistemas funcionan mediante modelos matemáticos y probabilísticos que procesan enormes cantidades de información, aunque su interacción mediante lenguaje natural genere en las personas la sensación de estar dialogando con otra inteligencia.

Esa diferencia también permite entender por qué la inteligencia artificial no comenzó con ChatGPT. Las tecnologías vinculadas con la IA tienen varias décadas de desarrollo y fueron utilizadas durante mucho tiempo para resolver problemas matemáticos, analizar imágenes, calcular probabilidades o identificar patrones. La expansión de los modelos generativos permitió que esas capacidades llegaran masivamente a usuarios que ahora pueden interactuar con ellas mediante lenguaje cotidiano.

El cambio de escala modificó además la relación entre las personas y estas herramientas. La posibilidad de conversar con una IA, asignarle un nombre, elegir una voz o solicitarle explicaciones genera una creciente humanización del sistema, aunque detrás de esa apariencia continúe funcionando una estructura matemática. Para Diego, reconocer esa diferencia resulta fundamental para evitar que el usuario atribuya a la tecnología características como empatía, conciencia o preocupación por otras personas.

El debate, sin embargo, no debería quedar limitado a los escenarios más extremos. Durante la entrevista también se planteó que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para resolver problemas concretos, ampliar oportunidades educativas y facilitar la creación de actividades económicas que antes requerían una escala de producción difícil de alcanzar para pequeños emprendimientos.

En ese sentido, Diego señaló que la reducción de las barreras tecnológicas puede permitir la aparición de pequeñas industrias y servicios capaces de abastecer mercados regionales, incluso desde ciudades como Puerto Madryn. También destacó el potencial de estas herramientas para acercar recursos educativos a personas que no cuentan con las mismas posibilidades de acceso a la formación.

La experiencia cotidiana también aparece como una demostración de ese cambio. Durante la conversación contó que utilizó inteligencia artificial para analizar un proyecto vinculado con el ámbito de las criptomonedas y que logró reunir en unos 45 minutos información que, trabajando sin esa asistencia, le habría demandado mucho más tiempo de lectura e investigación.

Pero el acceso sencillo a estas herramientas también plantea un riesgo diferente: la delegación absoluta del pensamiento. En particular, se mencionó el uso que algunos adolescentes hacen de la IA para resolver tareas sin comprender el proceso que hay detrás de la respuesta.

La diferencia, según lo planteado en #LA17, está en utilizar la inteligencia artificial como un facilitador y no como un reemplazo del conocimiento. Para aprovechar sus capacidades resulta necesario conservar la capacidad de leer, verificar, estudiar y comprender aquello que produce la herramienta.

La discusión queda así planteada entre dos posiciones que no necesariamente tienen que ser opuestas. Por un lado aparecen las advertencias de quienes participan directamente del desarrollo de estas tecnologías y señalan posibles escenarios de pérdida de control. Por otro, existe una oportunidad concreta para utilizar la IA en educación, producción, investigación y resolución de problemas cotidianos.

“No irse a los extremos ni tan apocalíptico como Amodei, ni tan livianito”, fue la conclusión planteada durante la entrevista. El desafío para usuarios, empresas y gobiernos parece pasar entonces por construir criterios para incorporar una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana, sin confundir sus capacidades con las humanas ni renunciar al pensamiento propio.

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