La depresión no tratada cuadruplica el riesgo de Alzheimer en hombres, según una especialista

Actualidad22/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Una psiquiatra advirtió que en mujeres con depresión el riesgo se duplica. La enfermedad avanza invisible años antes de los primeros olvidos.

Depresión. Foto Magnific
Depresión. Foto Magnific

Las mujeres con depresión tienen el doble de riesgo de desarrollar Alzheimer en comparación con quienes no la padecen, mientras que en los hombres la cifra se cuadruplica. Así lo aseguró la psiquiatra María Luciana Ojeda, quien remarcó que esta diferencia por género es un riesgo concreto que reorienta la prevención de la enfermedad. Según la especialista, la salud mental es la base sobre la que se construye el cerebro del futuro.

La Organización Mundial de la Salud reporta que 57 millones de personas en el mundo conviven con demencia, y el Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de esos casos. En la Argentina, el impacto crece cada año debido al envejecimiento de la población. Ojeda explicó que la enfermedad no comienza con el diagnóstico, sino mucho antes, a través de hábitos y condiciones de salud que pueden ser intervenidos.


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La especialista describió una forma de depresión que no paraliza y que permite a las personas seguir con sus obligaciones laborales y familiares. Quienes la padecen reportan cansancio persistente, dificultades para concentrarse y pérdida de interés en actividades, pero como siguen siendo funcionales, muchos nunca llegan a una consulta. Socialmente, retroceden, responden menos llamadas y se ausentan de reuniones, pero su entorno no suele percibirlo como algo alarmante.

«Millones de personas siguen adelante cada día: van al trabajo, responden mensajes, publican en redes, pero cargan un cansancio invisible que necesitamos visibilizar como lo que es: un acelerador del deterioro neurológico más temido», afirmó Ojeda. Según la psiquiatra, el obstáculo es cultural, ya que la sociedad premia la fortaleza y castiga la vulnerabilidad, lo que lleva a las personas a disimular su estado y a vivir una doble vida que consume su energía.


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Ojeda subrayó que la conexión entre esa depresión disimulada y el riesgo de Alzheimer es neurobiológica. La depresión no tratada daña el cerebro al afectar la circulación sanguínea, incrementar la inflamación e interferir con los mecanismos de protección neuronal. Este daño se acumula durante años o décadas, mientras la persona aparenta normalidad en su vida cotidiana.

Por otra parte, los primeros signos del Alzheimer no siempre son olvidos evidentes, sino que pueden manifestarse como cambios en la conducta, síntomas depresivos o ansiedad. Las limitaciones neurocognitivas que generan alarma, según la médica, pueden aparecer años después. Las decisiones como controlar la presión arterial, cuidar la diabetes, mantenerse activo y atender la salud mental pueden alterar el rumbo de la enfermedad.


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Para quienes cuidan a un paciente con Alzheimer, la especialista recomendó no llevarles la contraria para evitar conflictos innecesarios. Las conversaciones funcionan mejor cuando son simples, directas y cara a cara, mirando a los ojos del paciente. Ojeda aclaró que no se trata de manipulación, sino de proteger la dignidad de la persona dentro del marco de la enfermedad.

La intervención temprana en casos de depresión es fundamental para alterar el pronóstico. Las alternativas con mayor respaldo científico incluyen la psicoterapia cognitivo-conductual y el tratamiento psiquiátrico cuando es necesario. Además, el ejercicio físico regular actúa directamente sobre los neurotransmisores vinculados a la regulación del estado de ánimo, como la dopamina, la serotonina y la adrenalina.

En el cerebro de una persona con Alzheimer, dos proteínas, la beta-amiloide y la tau, actúan de forma anómala. Estas proteínas crean estructuras que bloquean y destruyen las neuronas, provocando que las funciones que estas realizaban se desvanezcan. Como resultado de este proceso, la persona puede recordar el pasado lejano pero olvida al instante los acontecimientos nuevos.

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