Preocupación ambiental en Camarones por expansión pesquera y el riesgo de contaminación

Chubut08/10/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas advierten que la infraestructura portuaria es incompatible con el uso turístico y generará un impacto irreversible en la fauna.

Pesca en Camarones
Pesca en Camarones

El incremento del tráfico marítimo a lo largo de todo el año genera una enorme incertidumbre sobre el impacto en la fauna local. Distintos técnicos consultados advierten que un mayor flujo de buques provocará un reordenamiento forzado de la vida marina en la región. Ante este escenario, resulta imperioso articular con las áreas de conservación para evaluar cómo afectará el ruido y el movimiento naviero a la emblemática pingüinera cercana y a las rutas de tránsito de las ballenas que frecuentan la zona.

La reciente decisión que tiene el municipio de habilitar la pesca comercial durante todo el año en la Subárea 12 genera preocupación en los vecinos de Camarones. Esta medida permite el ingreso constante de buques industriales a una bahía sumamente pequeña que históricamente funciona como el principal balneario y espacio de esparcimiento de la comunidad.


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Frente a este escenario, organizaciones ambientales y técnicos que relevaron la zona advierten que la convivencia entre la operatoria portuaria intensiva y el uso público del mar resulta insostenible y altamente riesgosa. La bahía apenas cuenta con 150 metros de extensión y presenta formaciones rocosas en el medio, mientras que la estructura del muelle es sumamente reducida.

Según fuentes técnicas, si el sector comienza a operar a tope en plena temporada de verano con el ingreso en simultáneo de múltiples buques, las embarcaciones maniobrarán a menos de cincuenta metros de las personas. Esta cercanía genera un peligro físico directo para los bañistas y terminará obligando al pueblo a abandonar su histórica playa para buscar otro espacio de recreación.


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En paralelo, el funcionamiento ininterrumpido de un puerto pesquero trae aparejado un impacto ambiental inevitable sobre la costa. La infraestructura para tratar los residuos asimilables a domiciliarios es sumamente precaria, y el mayor obstáculo detectado radica en la falta absoluta de datos oficiales para medir el volumen real de basura generada.

Además, investigaciones del Centro Nacional Patagónico demostraron que los compuestos químicos de las pinturas antiincrustantes utilizadas en los cascos de los buques liberan estaño en el agua. Este factor ya provocó alteraciones reproductivas y malformaciones en moluscos analizados dentro de la propia jurisdicción portuaria, sumado a manchas de hidrocarburos registradas el último verano por vecinos de Camarones.


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Originalmente, los planes de desarrollo para la localidad contemplaban un uso mucho más amigable del muelle, perfilando el sector para la recepción de cruceros turísticos. Ese modelo permitía que los grandes barcos fondearan mar adentro mientras los visitantes ingresaban al pueblo en embarcaciones menores, mejorando los ingresos de la ciudad sin destruir la bahía. Sin embargo, el vuelco hacia la explotación pesquera intensiva cambió drásticamente el panorama.

En este contexto de incertidumbre local, el coordinador de Sin Azul No Hay Verde, Juan Coustet, enmarcó la situación de Camarones dentro de una problemática estructural de la industria. El ambientalista advirtió que la actividad pesquera se encuentra atravesada por una profunda opacidad y remarcó que los ciudadanos no cuentan con datos accesibles sobre qué barcos operan, quiénes son los titulares de las licencias o qué volúmenes de captura están autorizados a extraer.

Al profundizar sobre el impacto ecológico, Coustet recordó que la Ley Federal de Pesca prohíbe el descarte al mar, una práctica destructiva muy habitual en las flotas de arrastre que capturan fauna acompañante como la merluza. «Los argentinos tenemos derecho a saber cómo se gestiona nuestro mar, que es un patrimonio natural y cultural de todos, no solamente de quienes explotan sus recursos», concluyó el coordinador de la fundación tras exigir un verdadero control ciudadano sobre los bienes estratégicos del país.

Las fuentes consultadas coinciden en que las dimensiones del puerto son insuficientes para sostener una actividad anual ininterrumpida. Bajo esta lógica, la amenaza más grave recae sobre la fisonomía del lugar, ya que la histórica bahía corre el riesgo de quedar inactiva para el uso turístico al transformarse en una zona peligrosa para cualquier actividad recreativa.

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