
El técnico respondió con dureza a las críticas por sus decisiones, reconoció que hay referentes que no atraviesan un buen momento y admitió que no logra transformar sus mejoras en victorias.



La derrota de Talleres por 2-1 ante Boca en La Bombonera dejó mucho más que un resultado adverso para el equipo cordobés. La caída mantuvo al conjunto albiazul en el último lugar de la Zona A del Torneo Clausura 2026, con apenas 9 puntos en 13 fechas, y desató una conferencia de prensa en la que Omar De Felippe defendió sus decisiones con respuestas directas y un visible fastidio.
El entrenador quedó en el centro de la escena por una frase que resumió su malestar ante los cuestionamientos sobre la formación titular: “¿Qué querés que ponga, a mi vieja?”. La reacción llegó cuando le preguntaron por la continuidad de futbolistas resistidos por los hinchas y por las oportunidades que reciben los juveniles en un plantel que todavía no encuentra una respuesta futbolística capaz de cambiar los resultados.


OTRAS NOTICIAS:
El partido había comenzado con una señal favorable para Talleres, que se puso en ventaja gracias a un golazo de Matías Galarza. Sin embargo, Boca revirtió el marcador y dejó al equipo cordobés nuevamente sin puntos, una situación que profundizó las dudas alrededor de un ciclo que necesita resultados para salir del fondo de la tabla.
De Felippe explicó que la inclusión de los jugadores jóvenes responde a una evaluación de las alternativas disponibles y no a una decisión tomada sin considerar sus tiempos de adaptación. Al referirse a Baroni, señaló que el juvenil había tenido oportunidades durante dos partidos y sostuvo que el gol recibido estuvo relacionado con una pelota que le quitaron. “Son proyectos, hay que ir llevándolos”, afirmó, al plantear que deben incorporarse de manera progresiva y acompañados por futbolistas experimentados.
OTRAS NOTICIAS:
La dificultad, según describió el técnico, está en encontrar ese equilibrio dentro del plantel. Reconoció que hay jugadores de mayor experiencia que no atraviesan un buen momento y defendió la necesidad de elegir a quienes considera mejor preparados para asumir la responsabilidad inmediata. En ese contexto, lanzó una respuesta que expuso la presión que siente por cada decisión: “Pongo lo que están mejor de los que entrenan para que asuman la responsabilidad”.
Las críticas de los simpatizantes también alcanzaron a nombres puntuales, entre ellos Juan Sforza, cuya participación no se produjo como algunos esperaban durante el tramo final del encuentro. Consultado por su ausencia junto a Galarza luego de la salida de Federico Fattori, De Felippe rechazó que sus evaluaciones se limiten a los futbolistas más cuestionados desde las tribunas. “Miro todo”, remarcó, antes de insistir en que cada elección responde a lo que observa durante los entrenamientos.
OTRAS NOTICIAS:
El entrenador también buscó poner límites a las discusiones sobre la próxima temporada. Para él, pensar demasiado lejos resulta prematuro mientras Talleres no consiga resolver sus urgencias deportivas. “Hablar del año que viene es una utopía, hablemos de la semana que viene”, expresó, con una mirada enfocada en los compromisos inmediatos y en las pruebas que todavía realiza para encontrar una formación competitiva.
La explicación sobre el rendimiento colectivo tuvo un tono diferente, aunque no ocultó la frustración. De Felippe aseguró que el equipo mejoró desde su llegada, pero reconoció que esa evolución no alcanza para sumar de a tres. “Este equipo desde que llegamos mejoró un 100%, pero nos cuesta ganar”, manifestó, al tiempo que evitó profundizar sobre las herramientas que tiene a disposición para modificar el rumbo.
Su enojo, aclaró, estaba relacionado directamente con el resultado en La Bombonera. “Estoy caliente porque perdimos, es distinto a estar enojado”, dijo, en una conferencia atravesada por preguntas sobre el funcionamiento del equipo, las decisiones tácticas y el nivel de varios integrantes del plantel. La respuesta dejó en evidencia que el cuerpo técnico todavía busca certezas en una etapa marcada por la falta de victorias.
El mensaje para los hinchas fue el momento más incómodo de la charla. Con Talleres último en su zona y apenas nueve unidades acumuladas, el entrenador reconoció que no tiene una explicación capaz de conformar a quienes acompañan al equipo. “No le puedo decir nada, no quiero ni poner la cara pero hay que estar”, admitió, al recordar que decidió asumir el cargo con conocimiento de las dificultades que atravesaba el club.
El desafío inmediato de De Felippe pasa por encontrar resultados que respalden sus evaluaciones y permitan sacar a Talleres del fondo. Sus declaraciones dejaron dos ideas centrales: considera que el plantel mostró una mejoría futbolística y, al mismo tiempo, acepta que esa evolución no se refleja en el marcador. Con la tabla como evidencia de la urgencia, el margen para sostener el proceso dependerá de que el equipo convierta esas señales de progreso en puntos.















