
Un nuevo conflicto por derechos marítimos, reaviva tensiones en el Mediterráneo oriental
Actualidad25/10/2026
REDACCIÓNEl pacto, aprobado por el Parlamento libio, amenaza un proyecto clave de gasoducto y podría intensificar la disputa por recursos energéticos en la región.



Un reciente acuerdo de derechos marítimos entre Turquía y Libia amenaza con aumentar las tensiones en el Mediterráneo oriental, especialmente si ambos países comienzan a explotar yacimientos de petróleo y gas en las aguas disputadas. La iniciativa pone en riesgo el gasoducto EastMed, proyectado para transportar gas natural desde Israel y Chipre a Europa a través de Grecia, contribuyendo a la seguridad energética de la Unión Europea.
El martes 20 de octubre de 2026, el Parlamento libio con sede en Tobruk aprobó por unanimidad el acuerdo, que había estado estancado durante años. La decisión, celebrada por el Ministerio de Exteriores turco, busca garantizar los derechos económicos sobre importantes yacimientos de petróleo y gas descubiertos en la zona, aspirando a una explotación conjunta.


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El entendimiento prevé la creación de un corredor económico marítimo directo entre la costa sur de Turquía y la costa norte de Libia. Este corredor ignora deliberadamente islas griegas como Creta, Kárpatos o Rodas, situadas en las inmediaciones de la zona de interés, donde se estiman reservas de gas natural por cientos de miles de millones de dólares.
La reacción de Grecia fue inmediata y contundente, manifestando su rechazo categórico a través de X. El Ministerio griego de Asuntos Exteriores declaró: «Esta decisión no cambia nada: ¡el memorando sigue siendo ilegal, nulo y sin efecto!».
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El Gobierno de Atenas sostiene que posee una amplia Zona Económica Exclusiva (ZEE) alrededor de sus islas, basándose en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM). El artículo 121 de esta convención establece que las islas habitables con una vida económica propia tienen derecho a una ZEE igual que los territorios continentales.
Por su parte, Ankara argumenta que la geografía particular del Mediterráneo oriental debe tener un mayor peso en cualquier delimitación marítima. La postura turca es que una ZEE completa para cada pequeña isla griega o Chipre frente a sus costas aislaría a Turquía del acceso al mar abierto. A diferencia de Grecia, Turquía nunca firmó la CNUDM y no está dispuesta a someter la disputa a un tribunal arbitral de la ONU.
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La aprobación del acuerdo por parte del este de Libia marca un cambio radical en su postura, ya que este sector se había opuesto previamente. Durante la guerra civil libia en 2019, Ankara intervino militarmente en apoyo del Gobierno de Trípoli contra el general del este libio Jalifa Hafter, pero la relación entre Turquía y el bloque de Hafter ha evolucionado hacia una intensa ofensiva de acercamiento.
Actualmente, Turquía mantiene buenas relaciones con ambas facciones libias, lo que le ha permitido obtener contratos multimillonarios para la reconstrucción del país norteafricano. Además, Ankara se ha consolidado como un socio militar de las fuerzas de Hafter, suministrando armamento y programas de entrenamiento, reduciendo así la influencia de Egipto y Rusia en la región.
Con la ratificación del acuerdo, el este de Libia también busca asegurar una parte de los lucrativos recursos energéticos que se encuentran bajo el lecho marino. A largo plazo, esta situación podría consolidar una división regional entre un eje Turquía-Libia y una alianza de Grecia, Chipre, Egipto e Israel, respaldada por la UE.















