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title: "Trabajan en crear una nueva droga para adelgazar pero sin quitar el hambre"
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description: "Un estudio de Estados Unidos probó en ratones un fármaco basado en FGF21 que reduce peso al aumentar el gasto energético y abre otra línea contra la obesidad."
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date_published: "2026-04-18T11:40:00-03:00"
date_modified: "2026-04-18T11:17:54-03:00"
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  - "obesidad"
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# Trabajan en crear una nueva droga para adelgazar pero sin quitar el hambre

Un estudio de EE.UU. probó en ratones un fármaco que imita la hormona **FGF21** y baja de peso al acelerar el gasto calórico, sin frenar la ingesta.

![Pastillas imagen ilustrativa fuente Freepik](/download/multimedia.normal.80bfabc3274814c0.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Pastillas imagen ilustrativa fuente Freepik*

Las drogas que cambiaron el tratamiento de la obesidad dejaron un resultado potente en la balanza, pero también un problema difícil de esquivar en muchos consultorios: los efectos digestivos que empujan a parte de los pacientes a abandonar. Sobre ese límite se apoya ahora una investigación de la **Universidad de Oklahoma**, que ensayó un camino distinto al de los medicamentos más conocidos del mercado. La apuesta ya no pasa por comer menos, sino por lograr que el cuerpo gaste más energía aun sin recortar el hambre.

Ese giro corre el foco hacia la otra mitad de una enfermedad que, según plantea la fuente, nace del desequilibrio entre la ingesta de alimentos y el gasto energético. La revolución farmacológica reciente, con nombres como **Ozempic** en el centro de la escena, venía concentrada en reducir el apetito. El trabajo publicado en **Cell Reports** propone otra lógica a partir del **factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21)**, una hormona derivada principalmente del hígado que regula la homeostasis energética y la preferencia de macronutrientes.

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El hallazgo más llamativo apareció en el cerebro, pero no donde los científicos lo esperaban. El equipo detectó que **FGF21** envía señales al **rombencéfalo**, la parte inferior posterior del cerebro, cuando la hipótesis inicial apuntaba al **hipotálamo**, la región más asociada a la regulación del peso corporal. Esa diferencia no quedó en un detalle anatómico, porque ayudó a explicar por qué los ratones obesos inducidos por dieta perdieron peso sin dejar de comer: sus organismos empezaron a quemar calorías a mayor velocidad.

Los autores resumieron ese efecto con una frase directa: **“La administración farmacológica de FGF21 reduce significativamente el peso corporal y mejora los perfiles lipídicos”**. En la misma línea, el texto original remarca que la pérdida de peso mediada por esta hormona se atribuyó en gran medida a un aumento del gasto energético. Dicho de manera más simple, el experimento no mostró animales con menos apetito, sino cuerpos que consumían más energía para sostener su funcionamiento.

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Ese dato cobra valor porque toca uno de los puntos más débiles de los tratamientos actuales. Los investigadores señalaron que **“los recientes avances en el tratamiento de la obesidad, como los análogos del péptido similar al glucagón (GLP-1), han dado lugar a una pérdida de peso clínicamente significativa al reducir la ingesta calórica”**, pero también advirtieron que los resultados cambian mucho entre personas y que muchos pacientes cortan la medicación por molestias gastrointestinales. A eso se suma otro problema de fondo: **“La interrupción de estos tratamientos para la obesidad conlleva una rápida recuperación del peso”**, probablemente por una reducción compensatoria del gasto energético.

La búsqueda de alternativas más tolerables ya se volvió una carrera científica y también empresarial. La fuente señala que los efectos adversos gastrointestinales de fármacos como **Ozempic** o **Wegovy** se transformaron, en algunos casos, en el verdadero talón de Aquiles de estos tratamientos. Por eso, uno de los grandes objetivos actuales consiste en encontrar medicamentos que mantengan eficacia, pero con una experiencia de uso más amigable para los pacientes.

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En ese tablero, **FGF21** empezó a ocupar un lugar de promesa concreta y no apenas de laboratorio. Algunos gigantes farmacéuticos, incluido el dueño de las inyecciones más famosas del mercado, ya compraron pequeños laboratorios que venían desarrollando esa hormona para la **esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH)**. Ese movimiento no resulta casual, porque la propia fuente remarca que **más del 40 por ciento** de los pacientes con MASH también padecen **diabetes tipo 2** y que **más del 80 por ciento** tiene sobrepeso u obesidad, una superposición que vuelve especialmente atractiva cualquier tratamiento que ataque varios frentes al mismo tiempo.

El dato abre otra derivación importante: este nuevo circuito todavía no explica todo. El sitio **Factide**, citado en la fuente, sostuvo que **“ya existen ensayos clínicos con fármacos que imitan al FGF21 para la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH)”**, aunque aclaró que todavía no se sabe si el mismo mecanismo del tronco encefálico participa también en esos beneficios hepáticos. Esa incertidumbre deja en claro que el entusiasmo científico convive con preguntas abiertas sobre cómo actúa la hormona en distintos órganos y enfermedades.

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La carrera por esquivar los efectos digestivos, además, no se agota en esta línea de trabajo. El texto también menciona otro avance reciente: la identificación de un **coagonista unimolecular GIPR:GCGR sin actividad de GLP-1**, que corrigió la obesidad en ratones y ratas. Ese resultado, según una investigación publicada en **Molecular Metabolism**, **“respalda la posibilidad de evitar los efectos gastrointestinales adversos comúnmente asociados a su uso”**, lo que confirma que la industria y los equipos científicos están buscando salidas por más de una vía.

El estudio de **Oklahoma** sugiere que bajar de peso sin apagar el apetito podría dejar de ser una rareza si se consigue intervenir sobre el gasto energético de manera eficaz y segura. Falta el tramo más exigente, que es demostrar en personas con obesidad que esa promesa funciona fuera del laboratorio y sin repetir los problemas que hoy empujan tantos abandonos.

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