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  - "El Bolsón"
  - "Patagonia"
author_name: "REDACCIÓN"
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# Cultivan azafrán en El Bolsón, desafían heladas, sostienen una producción única

**Amelia Nagasami y Toshifumi Shibata producen azafrán al pie del Piltriquitrón, donde cada cosecha depende del clima y del trabajo manual.**

![Amelia Nagasami y Toshifumi Shibata](/download/multimedia.normal.a484590e8e6c9b9c.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Amelia Nagasami y Toshifumi Shibata*

El azafrán aparece en otoño al pie del cerro Piltriquitrón, cuando el frío empieza a marcar el ritmo de las chacras de El Bolsón. Allí, **Amelia Nagasami y Toshifumi Shibata** sostienen una producción familiar que creció desde una prueba mínima hasta convertirse en la mayor superficie dedicada al cultivo en Patagonia. La actividad exige paciencia, cosecha manual y una relación constante con el clima, porque cada flor dura pocos días y cada hebra cuenta.

La producción ocupa **3.000 metros cuadrados**, una escala singular para una región donde el azafrán todavía conserva un perfil reciente y familiar. Desde el INTA Bariloche señalaron que existen alrededor de 12 producciones de este tipo entre Neuquén, Río Negro, Chubut y el norte de Santa Cruz. En ese mapa, el matrimonio Nagasami-Shibata se destaca por la superficie trabajada en El Bolsón y por una experiencia que combina conocimiento agronómico, ensayo cotidiano y adaptación al terreno.

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La cosecha concentra el tramo más intenso del año entre abril y mayo. Durante ese período, las flores violetas deben ser retiradas a mano, los estigmas rojos se separan uno por uno y luego se secan para conservar color, aroma y sabor. Amelia describió esa tarea con precisión: **“Es un mes y medio de cosecha manual. Desbriznamos la planta, sacamos los estigmas (las tres hebras que tiene una flor de azafrán), se deja secar”**.

El carácter laborioso del cultivo se explica en la escala microscópica de su rendimiento. Para obtener un kilo de hebras secas hacen falta entre **120.000 y 150.000 flores**, una cifra que revela la intensidad del proceso detrás de un condimento usado en gastronomía, infusiones, licores y cosmética. En una temporada, la pareja estima una cosecha cercana a los **300 gramos**, un volumen pequeño en apariencia, pero enorme si se mide en flores recogidas y trabajadas una por una.

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La historia empezó con apenas **20 bulbos**, cuando Toshifumi propuso probar si el cultivo podía adaptarse a la zona fría. Antes, la pareja trabajaba con rododendros, tulipanes y narcisos, que ofrecían otros desafíos productivos y comerciales en la feria de El Bolsón. Amelia recordó el origen de la decisión: **“Los rododendros eran de crecimiento muy lento y no se vendían mucho. Y los tulipanes requerían mucho recambio de tierra y se enfermaban. Demandaban mucho mantenimiento. Entonces, a Toshi se le ocurrió probar con 20 bulbos de azafrán para ver si se adaptaban”**.

La prueba comenzó en macetas y luego pasó a la tierra, cuando los bulbos se multiplicaron. Esa multiplicación confirmó que el azafrán resistía el frío y podía sostenerse año tras año sin forzar el ambiente. La pareja demoró cinco años en ofrecerlo a la venta, porque necesitaba comprobar si el cultivo sobrevivía a las temporadas, a las heladas y a la incertidumbre propia de una producción todavía poco difundida en la zona.

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El criterio productivo de Amelia y Toshifumi no consiste en modificar la chacra para imponer un cultivo. Su lema es que los bulbos deben adaptarse a la tierra, no al revés, una decisión que ordena todo el trabajo al pie del Piltriquitrón. **“Si no se da, no insistimos. Pero el azafrán se dio naturalmente sin mucho trabajo”**, resumió Amelia, al explicar por qué mantuvieron la apuesta después de los primeros ensayos.

El clima marca cada etapa y obliga a tomar decisiones rápidas durante la cosecha. Si se anuncia una helada, la pareja intenta retirar la mayor cantidad posible de flores la tarde anterior, porque el frío puede quemar pimpollos y reducir el rendimiento. Amelia lo planteó sin dramatismo, pero con la claridad de quien depende del tiempo: **“Hay esperar desde el verano hasta la primavera para ver qué sale. Muchas veces, las inclemencias climáticas nos juega en contra”**.

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La vida productiva de la pareja no se limita al azafrán, porque la economía anual se sostiene con distintas tareas. En primavera venden flores de corte, en verano ofrecen bulbos y en la temporada de frío suman azafrán en maceta, mientras Toshifumi corta madera y realiza rompecabezas durante el invierno. Amelia lo definió como una forma de sostener la actividad: **“Vamos rellenando los huecos de la economía durante el año”**.

Toshifumi Shibata llegó desde Nagoya, Japón, con formación como ingeniero agrónomo y experiencia en chacras de Alemania y Estados Unidos, donde se especializó en bulbos de flores. Después pasó por Buenos Aires y finalmente se radicó en El Bolsón, donde conoció a Amelia, bioquímica cordobesa de 70 años. Esa combinación de recorridos personales y saberes técnicos terminó aplicada a una producción que hoy funciona como referencia patagónica para un cultivo delicado.

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El INTA Bariloche observa que el azafrán se comporta bien en la región y que logra florecer incluso hasta el norte de Santa Cruz. Los especialistas remarcaron una diferencia importante respecto de las zonas tradicionales de Mendoza y Córdoba: en Patagonia se registran mayores tasas de multiplicación de los bulbos. Ese dato abre una posibilidad productiva, aunque todavía dentro de escalas familiares y con fuerte dependencia del trabajo manual.

La comercialización también demandó aprendizaje. Después de la pandemia, Amelia y Toshifumi incorporaron la venta online, lo que obligó a sumar herramientas digitales y nuevos modos de comunicación con clientes. A través del INTA se integraron a un grupo de productores de hierbas naturales y aromáticas, porque su principal necesidad no estaba en producir más, sino en explicar el producto y encontrar canales para venderlo.

Fuente: Diario Río Negro

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