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title: "Juan Carlos Lobos caminó casi 900 kilómetros por el Camino de Santiago"
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description: "El fotógrafo y guía Juan Carlos Lobos caminó casi 900 kilómetros durante 37 días por el Camino de Santiago, desde Francia hasta el tramo final del recorrido."
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# Juan Carlos Lobos caminó casi 900 kilómetros por el Camino de Santiago

**El fotógrafo y guía de turismo recorrió durante 37 días el tramo francés del Camino. La experiencia combinó esfuerzo físico, soledad y transformación personal.**

![Camino de Santiago de Compostela](/download/multimedia.normal.9024c6b65eec6abe.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Camino de Santiago de Compostela*

Treinta y siete días a pie separaron a **Juan Carlos Lobos** del punto de partida en Francia y de la llegada al final de una experiencia que lo sacó por completo de su rutina patagónica. El fotógrafo y guía de turismo caminó casi **900 kilómetros** por el Camino de Santiago, en un recorrido que comenzó en **Saint-Jean-Pied-de-Port**. El viaje lo llevó a unir pueblos, ciudades, albergues y tramos de soledad donde la resistencia mental pesó tanto como el cuerpo.

Lobos contó su experiencia en una entrevista realizada en **#LA17**, donde repasó cómo surgió la decisión de hacer el Camino. La idea nació después de años de caminatas costeras en Puerto Madryn, una práctica que primero fue rutina y luego se volvió una forma de bienestar. También mencionó la película **El Camino** y la inspiración de un amigo del ambiente turístico, **Carlos Cáceres**, a quien describió como “El Caminante”.

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El recorrido diario exigía entre **25 y 30 kilómetros** de marcha. Para explicarlo en términos cercanos, Lobos comparó cada jornada con hacer varias veces el trayecto entre el muelle y la curva del Indio. Esa repetición diaria convirtió al viaje en una prueba sostenida, muy distinta a una caminata recreativa frente al mar.

La preparación física no empezó de un día para otro. Lobos dijo que llevaba casi cuatro años caminando tres o cuatro veces por semana. Sin embargo, reconoció que la parte más dura apareció después, cuando entendió que el cuerpo podía estar preparado, pero la cabeza debía aprender a sostener el camino.

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**“Los pies no quieren seguir, pero la cabeza sí”**, resumió al hablar de esa tensión que aparece cuando el cansancio pide detenerse y todavía quedan kilómetros por delante. En esa lucha interna, explicó, se construyó la fuerza necesaria para avanzar. Para él, una vez dentro del Camino, la mentalidad fue clara: había que seguir hasta terminarlo.

El inicio formal del recorrido fue en **Saint-Jean-Pied-de-Port**, donde recibió la credencial del peregrino. Ese documento funciona como una especie de pasaporte interno, ya que en cada etapa se agregan sellos que acreditan el paso por distintos puntos del Camino. Lobos llevó esa credencial como registro físico de un viaje que atravesó pueblos, paisajes y climas cambiantes.

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El fotógrafo decidió viajar solo y con información mínima. No contrató agencia ni buscó conocer todos los detalles antes de partir, porque quería que el trayecto lo sorprendiera. Esa decisión fue poco habitual para un viaje de esas características, pero le permitió encontrar otra dimensión del Camino: la solidaridad entre desconocidos, la simpleza de las necesidades básicas y la convivencia con peregrinos de distintos lugares.

Las jornadas empezaban muy temprano, muchas veces entre las **5** y las **5.30** de la mañana. La razón era práctica: llegar a tiempo a los albergues, donde las camas se asignaban por orden de llegada. En esos lugares, los peregrinos encontraban una cucheta, una ducha, un techo, comida y la posibilidad de reorganizar la mochila para la siguiente etapa.

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El viaje también incluyó más de **10 días de lluvia**, con la mochila cubierta por un piloto y largos tramos donde no siempre había compañía. Lobos explicó que al principio caminó junto a otros peregrinos, pero después decidió bajar el ritmo para hacer el recorrido a su tiempo. Ese cambio lo llevó a caminar durante unos **25 días** prácticamente solo, aunque siempre con gente alrededor y con la certeza de que alguien podía ayudar si surgía una emergencia.

La soledad fue el punto donde el Camino dejó de ser solo una travesía física. **“Cuando realmente empecé a caminar solo”**, respondió al explicar cuándo sintió que empezaba la experiencia más profunda. En esos tramos apareció la introspección, el silencio y una forma distinta de mirar el propio peso emocional.

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Uno de los momentos que más lo marcó fue el paso por la **Cruz de Ferro**, un lugar donde muchos peregrinos dejan una piedra como gesto simbólico. Lobos entendió allí que varias personas caminaban por duelos, dolores personales, motivos religiosos o búsquedas íntimas. No registró imágenes por respeto, porque percibió que muchos estaban dejando atrás una carga emocional.

La experiencia modificó su forma de mirar el viaje, la fotografía y su propio oficio como guía. Lobos, acostumbrado a observar ballenas, orcas, zorros y fauna silvestre desde la paciencia del fotógrafo, esta vez puso el cuerpo como parte central del relato. Regresó con la sensación de haber atravesado un proceso personal que no se puede reducir a kilómetros ni a paisajes.

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