Falta de agua

A pesar del pago regular por el servicio de agua potable a la Cooperativa de la ciudad, se multiplican los reclamos por la falta del vital recurso en la zona de chacras.

El vecino Marcial Lendzian, actor y docente, vive a pocos metros de la Estación Experimental del INTA, y a pesar de tomar los recaudos necesarios para tener agua en su vivienda durante los días calurosos del verano, no puede tener el servicio. Su testimonio, publicado en las redes sociales, representa la preocupación, malestar e indignación de los vecinos de la ciudad.

“Día normal de verano en medio de las vacaciones, la idea es dedicarse a concretar todas esas pequeñas cosas de la casa que durante el año se dejan para mas adelante, como cada día de verano antes de entrar en la cocina a hacer el desayuno prendo la bomba que sube el agua de la cisterna al tanque, escucho como se bombea el vacío y luego se apaga la bomba, sorpresa, la cisterna no cargo un ápice durante toda la noche. La cisterna de mi casa esta a la altura de la calle por ende no necesita de mucha presión para cargarse.

Abro los ojos y veo el ropero, automáticamente me pregunto si hoy habrá cargado la cisterna, prendo la bomba y reconozco el sonido del vacío bombeándose, apago la bomba, esto ya no es un día normal de vacaciones. Mientras tomo el café y siento como empieza a pegar el sol de esta mañana de verano, calculo cuanta agua quedara en el tanque, por las dudas apuro mi café y me trepo al tanque. Hay mas de tres cuartas partes, tranquilo me siento en las alturas a observar el horizonte, lamento no haber traído lo que quedaba de café para terminarlo acá arriba. Sabiendo que en el tanque hay para varios cafés mas, bajo.

Amor…. Amor… retumban con dulzura en mis oídos, abro los ojos y siento a mí compañera llamándome, cuando ve que mi conciencia esta del todo en este mundo suelta la frase…. “otra vez no cargo la cisterna…”. Freno una puteada en la punta de la lengua y pienso que no esta bueno empezar el día con una puteada. Respiro, me relajo en la cama robándole una última caricia y pregunto si hay café. Obtengo un sí por respuesta, pero antes de tomarlo subo a chequear el tanque. Sorprendentemente gastamos muy poco. Pero ya no me dan ganas de venir a tomar al café arriba del techo. Es sábado y no vamos a poder hacer nada hasta el lunes, decidimos relajarnos y racionar el agua, no sabemos cuando va a volver a cargar la cisterna.

Del domingo solo vale comentar el gesto mecánico de prender la bomba y escuchar,por tres segundo, el aire pasando a través de ella. Un segundo para diagnosticar, otro de indignación y el tercero de aceptación.

Lunes, los tres segundos de comunicación con la bomba, el café, las noticias y enterarse que es feriado para la cooperativa por ser el día del sindicato, feliz día muchachos. Con mi compañera decidimos ir de todos modos porque tiene que haber una guardia, ver la posibilidad de cargar un tanque de 400 litros en la cooperativa y traer nosotros mismos el agua.

En la Cooperativa me atiende la guardia, muy servicialmente y extrañado con la noticia que traigo porque en la computadora los valores de la presión dan bien, toma el reclamo y ante mi consulta para poder cargar el tanque me sorprende la respuesta que Él si carga a los que lo solicitan. Le pregunto hasta que hora esta Él. Él esta hasta las seis. Nos apuramos a llevar la carga de agua hasta casa para descargarla en la cisterna, escuchar por un rato el glorioso sonido que hace el agua al pasar por la bomba, aunque tenga algo de mentira, y volver a la cooperativa por otra carga antes de que den las seis, no vaya a ser cosa que el que venga después no sea de los que cargan.

El final del día tuvo la recompensa y el derroche de una ducha. Mientras me secaba pensaba en la sequedad y el polvo de la Patagonia, en toda la gente que no tiene agua. Me pregunte que pasara con la gente de Trelew que seguro estará pasando por lo mismo, sobre todo en la que no tiene los medios de llevar dos cargas de agua en un tanque a su casa y en la que no tiene agua corriente ni siquiera en la canilla de afuera y peor aún cuando sé proveen de una canilla compartida. Preguntas de un pequebu mientras se seca.

Me levanté de buen ánimo sabiendo que el tanque estaba casi lleno, lo que me llevo a poder eliminar el segundo de indignación al comprobar que otra vez no había cargado la cisterna, pero a mitad del café, ese eliminado segundo volvió para amargarme el café. El nuevo nivel del agua era solo un paliativo, en unos días, tendría el mismo problema, por lo que decidí apersonarme en la cooperativa todos los días hasta que el problema este resuelto. A media mañana entro nuevamente a la oficina de aguas y cloacas donde me atiende muy amablemente una persona diferente, al escuchar la dirección de mi casa, recuerda que había visto el reclamo y que estaba vigente, lo encuentra en un santiamén y me dice que el reclamo ya esta hecho y se lamenta que ahora no haya ningún capataz para que me informe respecto a cuando van a mandar una cuadrilla a chequear el problema pero que en el transcurso de la semana van a ir, le agradezco sonriente y pienso que no sabe de mi decisión de ir todos los días hasta que este solucionado. Con eso me alcanza por hoy.

En verano no pongo despertador, me levanto temprano naturalmente, pero hoy despierto y noto que la luz tiene una intensidad mayor a mis otros despertares, ya son las 10, escucho que ella ya se levanto y esta en la cocina, huelo el café, me levanto, un beso, un abrazo, el susurro de los buenos días en medio del abrazo y me siento frente a mi café. El silencio necesario y fraterno de los primeros momentos del día terminan cuando levanto las cejas y ella responde: “…ni una gota…”. A eso de las 11:30 llego a la oficina de agua y cloacas, me atiende Él del lunes, me recuerda rápidamente y me dice que vea al gerente porque Él ya no tiene que decirme. Mientras espero que me atienda el gerente llegan dos personas a reclamar por el agua, por las direcciones que daban entiendo que son del barrio Moreira y del INTA, una venía a reclamar que el camión todavía no había ido, las excusas que le daban me parecían muy pobres y fácil de solucionar, siempre y cuando quien la atendía cayera en la cuenta que estaban hablando de AGUA, elemento vital e imprescindible. La segunda reclamaba que hace dos meses les vienen prometiendo que les van a instalar una canilla comunitaria. Al escucharla recordé mis pensamientos y me dolió la posibilidad de tomar una ducha en mi propia casa.

El gerente me atendió al rato y me explicó que las cañerías que van para la zona donde vivo son muy chicas, y muy alegre me contó que su compañero había ideado una forma de solucionarlo durante el invierno por lo que el verano que vienen no deberíamos tener problemas con el agua, le expliqué; mientras me lo imaginaba llegando a su casa después del trabajo, dándose una ducha refrescante para luego darse un rápido chapuzón en su pileta antes de regar su verde césped; que yo necesitaba agua ahora. La respuesta que me dio se sintió como un cross a la mandíbula. Mientras me mostraba en su computadora la red de suministro de agua de la ciudad me explicaba que si cortaba la red de algunos barrios de los que no había recibido quejas y que estaban en la misma línea que mi casa seguramente esa noche se llenaría el tanque de casa. La idea me pareció absurda pero mas me asusto la liviandad con la que lo dijo y peor fue sentir que esa acción era usual. Al salir me encontré con la señora que reclamaba por el camión prometido hace días, le recomendé que vaya al OMRESP (Organismo Municipal Regulador de los Servicios Públicos) no sabía que existía y no se si me dio mucha bola. El resto del día en mi tránsito por la ciudad solo veía pequeños ríos de agua por todos lados, gente lavando sus coches y las mangueras con el agua corriendo tiradas a los costados mientras los enjabonaban, sapitos olvidados en los jardines inundando todo, pelopinchos vaciadas para para ser limpiadas y vueltas a llenar, gente regando la calle porque les molesta que se levante polvo cuando pasan los autos….

Me levanté temprano y debo decir que por primera vez me dio algo de satisfacción saber que no le habían cortado el suministro a algunos barrios para que yo tuviera agua, sobre todo porque para hoy se anunciaban 40º. Durante el café, pensar en la posibilidad que me hubieran mentido descaradamente me hizo reir un rato. Al llegar a la oficina de Agua y Cloacas rápidamente me dicen que hable con el gerente, que yo ya había hablado con el y que no sabían que me había dicho. Hablo con la secretaria del gerente, ella encara para la oficina del gerente pero pega la vuelta y me pide que la siga, me presenta un capataz y me dice que hable con el. Empiezo a explicar mi situación y ya ducho en la jerga, empiezo por indicarle la zona en la que vivo y soy cortado con un inmutable: -No vas a tener agua.
Sonrío, sostengo la pausa y la mirada, el capataz sigue: -No vas a tener agua, en esa zona no vas a tener agua, tenemos los tanque a full y no llega a recuperar. En esa zona se empieza a cortar en Noviembre y no vamos… . No quise escuchar el pronostico y lo interrumpí diciéndole que yo tuve agua hasta el miércoles pasado, que no se corto en noviembre. -Bueno, pero no va ha haber agua, ademas hoy estamos teniendo problemas de suministro acá en la ciudad y eso es zona de chacras. Lo mire en silencio con una sonrisa amable por un rato pensando en el tono que había puesto al decir “acá en la ciudad”, dandole la connotación que esto si es serio; recordé la película Día de Furia, sobre todo la escena de la cafetería en la que a Michael Douglas le niegan el menú desayuno en un negocio de comidas rápidas porque pasaron 2 minutos del tiempo estipulado para ello, intente la misma sonrisa que hace el personaje antes de sacar la Uzi del bolso y ponerla sobre el mostrador, solo que yo no tenía ninguna uzi, ni siquiera tenía bolso. Así que solo sonreí y di media vuelta. Al subir al auto recordé que el nombre original de esa película yanqui es “Falling Down” y que siempre pensé en que yo hubiera elegido para su versión local “…cuesta abajo…” y nos vi a todos, desde la avenida Fontana, rodando cuesta abajo como gotas de agua por la pendiente de nuestra propia decadencia. Me dirigí donde sabía que tenía que ir desde un principio: El OMRESP.

En el OMRESP me atendieron muy diligentemente y pusieron cara de sorpresa varias veces con mi relato. Tomaron mis datos y me despidieron asegurándome que ellos llevarían el reclamo ante la cooperativa. Salí y vi, como a la vuelta del la oficina del OMRESP un jardinero municipal generaba, en el bulevar de la Rawson, ríos de agua que corrían en cada esquina hacia la 9 de julio. Pensé que el agua no tiene forma, toma la forma del recipiente que la contiene y que los seres humanos estamos compuestos mayoritariamente por agua, tal vez por eso nos acostumbramos a todo. Y nos vi a todos cuesta abajo, acostumbrados, tomando cómodamente la forma de la caída, sin poder detenernos por que esa es la forma que adoptamos y recordé la película El Salario del Miedo. Todos nosotros a toda velocidad rodando por esa ruta sin poder parar porque estallamos. Estaría bueno estallar más seguido. Tomar la forma del fuego.

A la hora recibí un llamado del OMRESP donde me comunicaban que habían hablado con la cooperativa y que en el transcurso de la tarde una cuadrilla se iba acercar a mi domicilio para solucionar el problema. Las muchas gracias amablemente y adiós. La cuadrilla nunca apareció. El día pasó, sofocante.

Viernes, si hoy no solucionamos el problema del agua en el transcurso del fin de semana nos quedamos sin, pienso con el café. Hoy directo a la oficina del OMRESP. Entro y la situación que encuentro me abofetea el ánimo. Clima totalmente relajado, la empleada que me atendió ayer levanta la cara y su gesto de circunstancia me hace entender que quien esta sentada delante de ella no esta haciendo un tramite. Mientras cierro la puerta la mujer que esta sentada en el lugar del público se levanta y se sienta en otro escritorio mientras la empleada guarda el pincel y el esmalte de uñas. No me siento, no estoy con ganas de pintarme las uñas, me apoyo en el respaldo de la silla, mas para sosterme que para otra cosa. Por suerte no necesito recordarle porque estoy ahí. Sorprendida escucha que no fueron. Rápidamente intercepta a uno de los directores del OMRESP que sale bromeando de una oficina. El director me saluda y rápidamente saca su celular y comienza una llamada. Mientras espera ser atendido, comenta que me iban a mandar un camión para cargarme el tanque y que el problema es el tamaño de la tubería que pusieron, que en el transcurso del año lo solucionan porque esta incluido en el presupuesto. Le digo que estuve hablando con el gerente de aguas de la cooperativa y que ya me había dicho todo esto cuando refiriéndose al diámetro de la cañería, suelta la frase mas trágica y dramática de esta historia: -…pasa que alguien no controlo… . Lo dijo con un toque de ironía y siento el nock out, escucho al referí contar hasta diez mientras todos esperamos que el gerente atienda la llamada:

UNO! Levanto la vista y observo las oficinas de Organismo Municipal REGULADOR de Servicios Públicos, donde uno de sus directores acaba de decir “pasa que alguien no controlo”
DOS! Pienso en el concejo deliberante y pasa que alguien no controlo…
TRES! Pienso en la impunidad de la cooperativa en todo este tipo de situaciones y pasa que alguien no controlo…
CUATRO! Recuerdo todos los trámites absurdos que tuve que hacer para construir mi casa y pasa que alguien no controlo…
CINCO! A Camuzzi le tuve que llevar yo la ordenanza que cambiaba el nombre de mi calle porque sino no me conectaban el gas a pesar de tener todo en regla porque pasa que alguien no controlo…
SEIS! Pienso en que con mis vecinos tuvimos que mover cielo y tierra para que la cooperativa nos haga el tendido eléctrico que nunca terminó porque pasa que alguien no controlo…
SIETE! pienso en que para que me conectaran el agua tuve que presentar una queja tres meses después de haberla pedido y al hacerla me entere que por reglamentación no pueden tardar mas de diez días pero pasa que alguien no controlo…
OCHO! Recuerdo que en aquel momento me entere que el concejo deliberante suspendió todas las penalizaciones a la cooperativa porque no le encontraban sentido y pasa que alguien eligió no controlar.
NUEVE! Pienso en los nueve mil pesos que me enteré hace dos semanas que debo en el municipio de impuesto inmobiliario a pesar de haberlo pagado de manera anticipada en enero del año pasado, pero resulta que en abril se vencio el permiso de construcción y pasamos a la clasificación de terreno baldío y pasa solo cuando se trata de cobrarle al vecino que esta todo completamente controlado.

El gerente de aguas y cloacas de la cooperativa atiende el llamado del director del Organismo Regulador de Servicios Públicos y siento que soy salvado por la campana.
Respiro, tomo aire, me recompongo. El gerente esta en el INTA porque “parece” que hubo ALGUN problema con el agua y el director del OMRESP, que debería estar controlando en este momento, recuerda que alguien le comento algo. Una secretaria levanta la mano y dice: yo. El director me informa que en el transcurso del día mandan una camión con agua.

Salgo. Contemplo la calle A.P. Bell, donde dos niños juegan con dos pistolas de agua. Tomo conciencia que no estamos rodando cuesta abajo, caemos en picada.

A eso de las cinco y media de la tarde, cuando ya habíamos perdido la esperanza, llega el camión con el agua. Pequeña discusión con el chofer del camión que dudaba en cargarme el tanque porque había una letra de diferencia en como estaba escrito mi apellido, en su orden de trabajo, cuando por fin logro convencerlo se acerca rauda la vecina para pedirle que también le cargue a ella, que su madre había hecho el pedido a la cooperativa. Le pregunta su apellido y no encuentra ni una coincidencia entre lo que estaba escrito y el apellido de mi vecina. El chofer se apresura a colocar la manguera. La vecina vuelve rauda a su casa. Llenamos el tanque. El chofer rápidamente guarda la manguera, se sube a su camión y comienza a maniobrar para sacarlo de ahí. Mi vecina sale apurada de su casa llamando al camionero. El camionero yendo hacia atrás y adelante se apura para maniobrar e irse, acelera para no escuchar a mi vecina. Mi vecina, casi en la puerta del camión, llama a los gritos al chofer. Ignorarla por completo se hace violento hasta para el chofer que sin desacelerar, suelta un: -Lo siento señora, ya me estoy yendo. Mi vecina, impávida, ve el camión atmosférico irse. Yo miro estupefacto a mi vecina. Yo tengo agua, amarga. Mi vecina vuelve a su casa pateando las piedras de la calle que levantan polvo, seco.

Seguro continuará…”.