Una playa en Tailandia

La red social de moda se volvió vital para el negocio del turismo. Influencers y las ciudades más atractivas para una selfie.

Es una práctica común. Frente a un paisaje bello, hoy la gran mayoría se dedica a atraparlo a través de la lente de su celular. Y una vez hecho el click, el siguiente paso es subir la imagen a las redes, preferentemente a Instagram, donde cotizan alto en likes. Parece una práctica típica en tiempos digitales, pero es también la evidencia de que bajo el gobierno de las redes la industria del turismo cambió. Hoy, para la generación Z (los nacidos entre 1994 y 2010), los destinos, alojamientos, comidas y demás detalles de un viaje serán instagrameables o no serán.

Destinos influyentes.

Sí, todavía estamos en el reinado de los millennials, tan mentados por ser la generación económicamente activa más numerosa, pero no falta tanto para que sean destronados por la generación Z. Por eso, las empresas también están empezando a tener en cuenta sus deseos. Desde Booking, el sitio de búsqueda de hoteles y datos de viaje más grande del mundo, apuntan a que la tecnología y las redes sociales tendrán cada vez más impacto en las elecciones de los viajeros. “Según un estudio propio, un 73% de argentinos (y un 48% global) de la generación Z quieren ver publicaciones y fotos de viajes. Para decidir qué destino visitar, esta generación va directo a sus redes: un 49% dice que son su fuente principal de inspiración”, describe la compañía.

Y claro, este bombardeo de imágenes no solo influye en la elección del lugar a visitar, sino también en dónde se van a hospedar. “Uno de los criterios de búsqueda de más del 30% de los argentinos y del 28% de los viajeros de todo el mundo es que el alojamiento sea lo suficientemente atractivo, para poder sacarle fotos y subirlas a las redes sociales”, agregan desde el buscador.

En ese sentido, no sorprende que se pueda hacer la lista de los lugares del mundo “más instagrameables”. A partir de artículos de revistas especializadas en viajes, como Condé Nast Traveller, o sitios de búsqueda como el mismo Booking, Hoppa y Big 7 Travel, se van elaborando distintos ránkings en los que los resultados se entrecruzan y muchas veces coinciden. ¿Cómo se realiza el listado? Combinando la popularidad de los hashtags y la geolocalización, resultados de encuestas propias y datos de búsquedas. Mediante este proceso, ciudades como Londres, París, Nueva York, Dubái, Estambul, Tokio, Bali, Santorini y Mykonos surgieron con fuerza entre las postales más recurrentes e influyentes de las redes.

Influencers viajeros.

Y claro, de la mano de este fenómeno también llegaron los influencers viajeros. Estos personajes juegan un gran papel como recomendadores, porque poseen credibilidad, algo que hace que su público sea mucho más fiel que el de, por ejemplo, una celebrity a la que se sigue por pura curiosidad. De hecho, según un estudio de la consultora Deloitte, el “influencer marketing” genera un retorno de la inversión once veces superior al marketing digital tradicional. Y es que mientras los famosos tienen un costo de contratación más elevado, estos perfiles digitales además son capaces de generar una conversación mucho más orgánica sobre el tema, se eligen por afinidad y crean un real interés. Según el sitio especializado Influencity, una de las diferencias vitales es que no hacen publicidad, sino que comparten experiencias.

En la Argentina son varias las cuentas que han traspasado fronteras y logrado hacer del placer de viajar una profesión con gran curaduría estética y generación de contenido. Entre los más conocidos se encuentran Agustín Neglia (@agustinneglia), que con 185.000 seguidores ha logrado tener su propio programa de TV, “Modo selfie”, por América. Otro gran ejemplo de esta veta es @lacomunidadviajera, donde más de 100 bloggers cuentan sus experiencias viajando por distintos lugares del mundo. O @lavidadeviaje, donde una pareja viaja y trabaja por distintos países y le cuenta todo sobre sus travesías a sus seguidores.

El lado B del turismo e Instagram.

Por desgracia, no todo es color de rosa en el mundo que se ve a través de los perfiles de Instagram, y también hay efectos indeseados.

Recientemente, el festival Burning Man anunció que está tomando medidas para evitar la intromisión de influencers y la “mercantilización” de su experiencia, algo que –aseguran- está completamente en contra de los preceptos con los cuales este evento fue creado hace más de 33 años.

El turismo que llega a Chernobyl es otro ejemplo de este lado B. Fanatizados con la serie de HBO, son muchos los influencers que se acercan a buscar su postal perfecta, incluso en sitios no recomendados y aún peligrosos para la humanidad. En lo que va del año, 75.000 personas registraron su visita y marcaron un nuevo récord para el lugar donde sucedió la mayor catástrofe nuclear de la historia.

Fuente: Vicky Guazzone di Passalacqua – Revista Noticias