
Bajó el ausentismo y subió la productividad, según datos oficiales hasta septiembre de 2025
Política03/01/2026
REDACCIÓN
La relación entre ausentismo laboral y productividad empezó a medirse de manera sistemática en la Argentina desde 2012, cuando la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) incorporó la inasistencia como variable. Con ese seguimiento, hoy se puede observar cómo cambia la cantidad de jornadas efectivamente trabajadas y qué impacto tiene en la producción por trabajador, incluso cuando el empleo registrado se mueve poco.


La EIL, que en 2025 depende de la Secretaría de Trabajo del Ministerio de Capital Humano, releva el fenómeno con una cobertura que alcanza al 67% del empleo asalariado registrado en empresas privadas de 10 o más trabajadores en los principales aglomerados urbanos. El universo observado deja afuera sectores como primarios, servicios personales, salud, enseñanza y energía, pero ofrece una foto consistente del empleo formal privado en grandes ciudades.
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El cruce de datos oficiales y estimaciones sobre productividad mostró una tendencia clara hacia el tercer trimestre de 2025. En septiembre de 2025, la productividad laboral total se ubicó 8,3% por encima del promedio de la última década, mientras que la pérdida de jornadas por inasistencia bajó 10,9% y el empleo formal apenas subió 1,1%. Con una dotación similar, la menor brecha entre “personal teórico” y trabajadores presentes empujó una mejora en la producción efectiva.
El análisis oficial también advierte que la asistencia no explica todo lo que pasa con salarios y productividad, pero suma peso como variable a mirar, sobre todo cuando aparecen faltas sin respaldo reconocido. En esa línea, el trabajo citado remarca: “un nivel elevado de ausentismo perjudica tanto a empresas como a trabajadores: las firmas reducen su capacidad de generar ingresos por contracción de la productividad, mientras que los empleados se exponen a descuentos salariales por inasistencias no justificadas”.
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Los registros de septiembre de 2025 marcaron que el 61% de las empresas privadas de aglomerados urbanos reportó al menos un trabajador ausente en el mes, unas 177.000 compañías. Ese movimiento involucró a 572.000 trabajadores sobre 4,58 millones cubiertos por aportes al SIPA en los sectores relevados. En promedio, cada trabajador ausente acumuló 4,9 días de inasistencia en el mes.
Traducido a volumen de trabajo, el informe estima que el 2,9% de las jornadas mensuales en empresas privadas urbanas se perdió por ausentismo, un número que sigue alto, aunque con retroceso frente a años previos. Los motivos se distribuyeron con predominio de la salud: 50,5% por enfermedad (común o profesional), 18,7% sin causa justificada y 10,3% por razones personales, además de accidentes laborales, estudios, sanciones, cuestiones gremiales y otros eventos.
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La caída reciente del ausentismo también aparece cuando se compara el período con la serie histórica, dejando afuera los años atravesados por la pandemia. El tercer trimestre de 2025 se ubicó entre los niveles más bajos desde 2012, con un registro muy cercano a los mejores valores de la década. Fuentes oficiales asociaron parte de esa baja a un contexto de contratación formal casi estancada, donde crece la percepción de riesgo de perder el empleo y, con eso, aumenta la presencia en el puesto de trabajo.
El fenómeno no se reparte de manera pareja entre actividades. En transporte, almacenaje y comunicaciones, el ausentismo llegó al 16% de la nómina (sobre unos 513.000 trabajadores formales), por encima del promedio general. La industria, con 1.144.000 empleados, mostró un 15% de trabajadores con al menos un día de falta mensual, mientras que comercio, restaurantes y hoteles registró un nivel menor, con 10,9% de la dotación.
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También aparecen diferencias por tamaño de empresa. En firmas grandes, más del 90% reportó ausentes y el impacto alcanzó al 15,7% de la nómina, con un promedio de 4,8 días por trabajador ausente. En empresas pequeñas, la incidencia se ubicó en 56,4% de los casos y el ausentismo afectó al 11% de la dotación, con 5 días perdidos por ausente, mientras que las medianas mostraron valores intermedios.
En el mapa urbano, la proporción de empresas con ausentismo promedió 56,7% en septiembre de 2025, con picos en Gran La Plata (66,5%), Ciudad de Buenos Aires (65,4%) y Gran Mendoza (63,7%), y mínimos en Gran Paraná (42,4%) y Gran Bahía Blanca (44,1%). Si se mira la proporción de trabajadores ausentes, el promedio nacional fue 10,8%, con valores altos en Gran Buenos Aires (13,1%), Gran Jujuy (12,6%) y Gran Mendoza (12,3%), y valores bajos otra vez en Paraná y Bahía Blanca.
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El informe sostiene que la baja del ausentismo mejora la productividad en el corto plazo, aunque deja preguntas abiertas sobre el funcionamiento del empleo formal. Menciona un posible “efecto disciplinador” asociado a menor rotación y a una dinámica laboral rígida, junto con mejoras de control y digitalización de registros, además de un descenso de las ausencias “sin motivo justificado” frente a los máximos de la década. En ese escenario, las políticas sobre salud laboral, licencias y mecanismos de incentivo aparecen como herramientas para buscar un equilibrio entre presencia y bienestar sin cargar el costo sobre un solo lado.
Fuente: Infobae.

















